MINIFICCIÓN

Algunas brevedades sobre el amor | Ricardo Alberto Bugarín

CUENTO

El doctor | Servando Clemens

POESÍA

El hombre primitivo | Ihovan Pineda

FOTOGRAFÍA

Las primeras fotografías eróticas de Félix Jacques Moulin y Auguste Belloc

MINIFICCIÓN

Cuatro historias breves | Varios autores

RELATO En el amor | Isaac Treviño


I

Nuestra particularísima situación, señora mía, se explica por sí misma: estamos hartos del amor.

Así es, el amor también fatiga luego de haber abordado todas sus aristas. Más allá de sus litorales hemos encontrado esa obscura pendiente que desciende hacia un asco mortal, inaudito para todo el que ama; un asco perfectamente camuflado por la costumbre y los compromisos que nos unen (que nos hunden). Me atrevo a conjeturar que éste es el cause natural de todo amor veraz, pues la pasión se libera naturalmente hacia un estado de reposo absoluto que antecede al rechazo ineludible.

Ya no te amo (¡lo más indigno es que nunca te he amado como deseo, como lo representa mi aspiración más elevada!). No amo esto que somos, a lo que el tiempo nos ha reducido, esta repetición envolvente y extensiva del propio tiempo. Me encuentro abrazado a ti porque me es ajena cualquier otra manera de vivir ¡Por miedo! ¡Por miedo no os libero! ¿Qué el miedo no es ultimadamente un funesto presentimiento de una fatalidad inminente?

Tampoco quiero hacerte el amor como en otras veces (ni si quiera por mero formulismo). Estoy cansado de ello. Estoy dispuesto a compartir tu cuerpo con todos aquellos que van delante de mí desfilando por los violentos arrebatos de una juventud a punto. Quiero que tu cuerpo se deteriore en materia y noción para que ya no ejerza sobre mi espíritu una atracción uniforme, monótona. Voy a esparcir la fragancia de tu belleza (aun intacta y sublime) para excitar el interés de otros espíritus, pues no pretendo dejarte en el desamparo sin una sola razón, aunque sea ilegítima.

II

¡Has envejecido! No solamente tu cuerpo resiente los efectos del tiempo, también tu espíritu, ¡Lo que me duele todavía más! ¿A dónde fue a parar esa osadía que te hizo tomarme de la mano para enfrentar juntos los peligros de la vida? Ahora la soledad te consume. Tus manos son pesadas cadenas que nos mantienen cautivos a ambos; los grilletes nos sujetan bien, pero también oprimen el corazón y las costillas. A tiempo te vuelves ajeno a todo placer mundano, andas tras la caza de quimeras que decoren tu propia mitología, y tu ciencia y conciencia gravitan sobre esferas inexistentes y ciertamente nada gratas ¡pero guárdate de no encontrar nada que no se encuentre sujeto a las leyes físicas y los dominios de Dios! Ya no me amas, lo sé sin ningún margen de error ¿Por qué no me lo dices? ¿Por qué no me dejas ser feliz? Yo voy a responder por ti: no actúas porque en el fondo temes perderme. Sabes que afuera no hay algo destinado para ti. Ves en mí un objeto del que puedes ufanarte y de paso justificarte; una propiedad que una vez adquirida es difícil de desprenderse, aunque a la larga te resulte intolerable ¡Esta línea de razonamiento es propia del más inicuo de los rufianes! Te avergonzaría si develara cada uno de tus pensamientos, señor mío, pues leo en la inteligencia de tu frente como en un libro abierto.

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Isaac Treviño. Egresado de la Escuela de Escritores, generación 2012. Torreón, Coahuila. Es responsable del blog: Las serpientes de medusa

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POESÍA Poemas | Paul Bowles


SIDI AMAR EN INVIERNO

Pero creo que nunca vi tu rostro
Un día de lluvia, cuando las arterias grises del cielo
Laten sobre los árboles, y el agua corre
En tu corazón. Nunca te vi llorar
Con el zumbido de la noche, y tu cabeza desafiando al silencio.


Llegará el día en que las líneas del cielo
ya no cercarán a las torres
Y vos que temblás en la noche
vas a ir a lugares sombríos con una cosa incierta.


CANCIÓN DE AMOR

La cabeza está donde canta el grillo
Las mejillas son lo que los dientes morderán
El lago está donde el amante arroja
Al otro en lo profundo de la noche
Los labios están adonde va la sangre
Los ojos son lo que los dedos arañan
Ahora sabiendo lo que pudieron haber sido
¿Los labios dirán lo que vieron los ojos?


ESCENA III

A veces la fiebre regresa y veo las montañas,
la mañana cargada de monjas que caminan
y las hipodérmicas del hambre,
los árboles rapaces, las falsas cascadas radiantes de arañas,
las enredaderas del silencio.
Veo las mismas montañas sordas con la boca tapada de nieve
y muevo un poco los dedos. Pero igual,
necesito ayuda.

A veces, al caer la tarde, la fiebre pasea por los suburbios.
A veces hay una sola montaña, justo encima de nuestras cabezas.
Al mediodía empieza a llover. Los caballos se esconden entre las rocas,
y el mar como un idiota se queda ahí.
De vez en cuando necesito ayuda.

“Ese día perecieron dos mil hombres en la costa infinita.”

Para nosotros: tiburones, latas, agua estancada.
Por la noche llegan ocho enfermedades
mientras el escorpión se agarra del techo.
Para nosotros: alambre de púas, bocas abiertas, sangre seca,
las flores peludas de las tarántulas
y el constante ojo ciego
del tiempo, congelado en el aire.

El viento baja en fragmentos
por los desfiladeros.
Tenemos que gritar sin descanso-
el que para está perdido.


ESCENA IV

Eximite de tus deberes, y un sedante.
Recordá el plan de fuga. Asegurate de la noche.
Desvariá observando el vidrio que se raja lento
Hasta que en el ojo de la mente se forme un coágulo de sangre.

“Ahora vení como lo pactamos. Los árboles ya fueron derribados.”

El castigo tiene que ser rápido. Exigí toda sangre futura.

Los recuerdos feroces donde nos ahogamos,
Las horas contenidas tras los gruesos muros de los nervios,
¿Vas a sentir avaricia y a encerrarlos
fuera de la vista de la enfermera, donde no los escuche la tormenta?


SIDI AMAR IN WINTER

But I think I have never seen your face
A rainy day, when the sky's grey arteries
Pulse about the trees, and in your heart
Water running. I have never seen you weeping
With the droning of the night, your head resisting silence.

There will come a day when the lines upon the sky
Will cling no more around the towers
And you who tremble in the night
Will go to grey places with an unknown thing.


LOVE SONG

The head is where the cricket sings
The cheeks are what the teeth will bite
The lake is where the lover flings
The other in the dead of night
The lips are where the blood goes in
The eyes are what the fingers claw
Knowing now what might hace been
Will the lips tell what the eyes saw?


SCENE III

Sometimes the fever comes back and I can see the mountains,
the morning heavy with noons walking
and the hypodermics of hunger,
the rapacious trees, the false waterfalls shining with spiders,
the vines of silence.
I see the same deaf mountains, their mouth stuffed with snow,
and I move my fingers a bit; even so,
I need help.

Sometimes the fever strolls at evening in the suburbs.
Sometimes there is only one mountain, right above our heads.
At noon the rain begins. The horses hide among the rocks,
and the idiot sea is there.
I need help from time to time.

“That day two thousand men perished there on the endless shore.”

For us: sharks, tin, stagnant water.
Eight sicknesses come in the night
as the scorpion clings to the ceiling.

For us: barbed wire, open mouths, dry blood,
the hairy flowers of the tarantulas
and the constant sightless eye
of time, frozen in the air.

The wind in fragments drops
down the mountain passes.

We must scream without respite-
he wo stops is lost.


SCENE IV

Release from duty, and a sedative.
Remember the plan of escape. Be sure of the night.
Rave and watch the slowly craking glass
Till the blood clot forms on the mind's eye.

“Come now as arranged. Trees all down.”
Punishment must be swift. Demand all future blood.
The fierce memories where we drown,
The blunted hours behind the nerve's hard wall,
Will you feel avarice and padlock these
Away from the storm's hearing, out of the nurse's sight?



© Versiones en castellano de Sandra Toro | El placard

POESÍA Simulación dinámica (fragmento) | Jeanne Karen

© http://www.reddit.com | Modificada PhotoScape

ANZUELO

Uno no se pertenece a sí mismo. Somos parte de un universo al que llamamos todo. Tan insignificantes, encerrados en nuestra propia materia, en el trozo de carbón que nos dibuja y da forma. Más allá de la mirada, a nadie debe importarle mi día, mi noche, las veces en que he caído, las veces en que aprendí a volar.

Comienzo del blanco, arrojando palabras al vacío de la hoja para verlas madurar, árboles solitarios. En la oscuridad algo se enciende, es la palabra corazón que se desangra y se parte. La palabra camino deja ver sus piedras refulgentes y un letrero sobre mi cabeza dice: sígueme. Tomo el rumbo del mar, en la penumbra su sal y mi sed se reconocen. La playa es bífida, siento al animal que me persigue. Soy una estrella de carne. La soledad no tiene sombra. La luz de mi piel es un rastro, el anzuelo. Me doy a las aguas, recuerdo el primer día, Tritón en la historia de la entraña. No pertenezco al horizonte de nubes después de todo. La casa está en el lecho. Aquí también hay resplandores, monstruos, reminiscencia del cretáceo, animales eléctricos. Las profundidades de la mente están demasiado habitadas. Salgo por una laguna. Los ácidos del tiempo se llevaron la vida. Lo que resta es el silencio.


FILOS (ESCENA)

Atada a un árbol, el relámpago ceñía el cuerpo, la luz bajaba por sus piernas. Él permanecía ahí como otro elemento. Su rostro era mitad demonio-mitad hombre, sin embargo su espalda conservaba la tibieza y la hermosura de otros días. Confió demasiado en sus palabras, lágrimas, eco de tempestad al fondo; la penumbra nacía desde la boca, para terminar en esa calle que era despedazada cada tarde por el metal de los trenes. La falda le quedó a medio subir, las nalgas blancas resplandecían bajo la fronda, él la hizo besar el tronco, para después penetrarla una y otra vez con toda su fuerza, violentamente hasta hacerla sangrar, mientras le gritaba para que no te olvides que eres mía, sólo mía. Ella le suplicó déjame, pero su voz se perdió en la tormenta.  El semen hacía aún más luminosos sus muslos. Ella sonrió, tenía un filo en la mirada. Se despidieron con un beso, agotados. Un retoño crecía entre ellos. Los monstruos.

© http://www.reddit.com | Modificada PhotoScape

LO BLANCO DEL OJO (ESCLERÓTICA)
Es verdad, no tengo fiebre ni he tenido por largo tiempo, no padezco de ninguna enfermedad hepática; mi pulsación no ha provocado derrames. Desvelarse altera lo blanco del ojo y el alcohol también, tal vez el humo del cigarro hace que se torne un poco grisáceo. El cansancio forma sobre la esclerótica pequeñas venas rojas. Lo blanco de mi ojo es realmente blanco. A través de mi mirada podrías ver: a un muerto caer del árbol, un par de lunas sin violetas, una calle donde prospera la selva, un boulevard infestado de luciérnagas y ratas o solamente podrías ver un puño dirigirse hacia tu rostro. Lo importante no es salir, estar bajo las lámparas; en el espectáculo y en la farándula destacan los changos en monociclos. Para crear no es necesario quemarse las manos, arrancarse una pierna, modificarse la cabeza.  Para crear tienes que hacerte un tatuaje terrible, robar una motocicleta y estrellarla en una barda alta y coronada con alambre de púas, ponerte un diente de oro, caminar por las calles con una caja de música y masticar la bailarina, detener el tráfico de nubes en octubre, enamorarse de los ojos color granizo. Aferrarse a las ideas y a las palabras es para los que no tienen alma, para los condenados. Lo blanco del ojo, lo verdaderamente blanco, es seña de una vida disciplinada, de una locura trasparente, de un corazón dinamitado.

PARVADA PARA OSCURECER EL MEDIODÍA

Abrí los ojos y el día era un árbol de luz a mitad de la sala. Mis sueños descansaban sobre cada objeto, una chamarra enorme y caliente, los guantes, un par de lentes: de sol y para la carretera, una máscara para protegerme del frío. No hay nada, ni un espejo, amuleto, oración que me cuide, que me guarde del filo de tus ojos, tu mirada entra por mi cuerpo, me recorre, cada que estás cerca, siento como todo cae, la realidad se derrumba y en mi mente crecen historias lejanas. A veces quisiera esconderme entre tus brazos, ahí a mitad de la calle o en una vieja explanada donde queda el eco de lo que fue, donde parece que una parvada de pájaros pasa y oscurece el mediodía por un instante. Tú eres mi paisaje, creces en mí, habitándome. Nada te pido, con lo que tengo de ti soy feliz, porque me das el enorme gozo de imaginarte cuando no te tengo, y no hay un regalo tan perfecto como el hecho de estimularme, soy inquieta. Muerdo mis labios, estoy húmeda, te pienso, quiero sentarme en tus piernas, acariciarte por largo tiempo, perderme en ti por completo, mi bosque. Mientras conduces la motocicleta, te toco, acaricio tu cuerpo tan deseado, tan amado, porque cuando estamos juntos y en soledad, me mueves, te amo con cada mínima parte de mi ser, intensa, apretada, extraña, me haces vivir y morir. Quiero regalarte la llave de mi mundo: entra por mi corazón. 

Yo soy la parvada de pájaros, tú eres el sol atravesándome.


JEANNE KAREN (San Luis Potosí, mayo de 1975), poeta, editora, activista cultural y tallerista. Tiene seis libros publicados: Canto de una mujer en tierra, Cuaderno de Ariadna, La luna en un tatuaje, El club de la tortura, Hollywood, Cementerio de elefantes y algunas antologías. Su obra ha sido difundida a través de varios medios impresos y electrónicos en México y en otros países. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Tiene tres poemarios inéditos.  Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, en la categoría de creadores con trayectoria, en el área de Literatura y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón y el Salvador Gallardo Dávalos. Actualmente dirige el taller “Arte, poesía y demolición”.



POESÍA VISUAL Visual Poetry Bowles | Romina Cazón







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Romina Cazón (Argentina, 1981). Escritora, artista audio-visual y promotora cultural. Reside en México desde hace lustros. Es autora de los libros: Con mis uñas de gata, (poesía, Ed. La Luz, 2008), Patria Ajena (Fondo Editorial del Estado de Querétaro), Del fondo de ningún vientre (Ediciones El humo, poesía, 2012) y De sus piernas en  mi cuello (Ed. Comunica México / IQCA, cuentos, 2013) con el que tuvo el Beneficio "Apoyarte 2012", Programa de Estímulo a la creación artística.

Publicó las obras visuales: Artefatuo (2014), Materia On /Off  (2014), Corderos (2014), Watch your step (2014), El decoro extraviado (2015) y Volátiles (2015).

Dirige la revista de arte y cultura El humo y ZONA NO VERBAL. Es responsable de Ediciones El humo.

En la actualidad prepara su libro En el cuerpo ajeno (APOYARTE, 2014)  y  realiza la colección de Re-raros (pinturas). Todavía la sangre, poemario recientemente seleccionado para publicarse por el Fondo Editorial del Estado de Querétaro (2015). Su blog personal es Exilio Voluntario.

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RELATO Ventanas de noche | Daniel Álvarez Gorozpe

© El oscuro borde de la luz
Me gusta que las calles no hablen, que la noche nos encuentre sin importar los focos prendidos y me gusta que desde las ventanas se escuchen los autos pasar. Dormía en una habitación en el tercer piso, bueno, no dormía realmente pero a pesar de tener la ventana cerrada, escuchábamos los autos allá abajo, cruzando avenida revolución. Dime qué piensas, volvió a insistir. Palabras más palabras menos, remató diciendo: no puedo entenderte si no hablas, después de un silencio que a mi parecer seguía siendo imprudente. Tampoco estaba yo molesto y siendo sinceros, ambos sabíamos que no dormiríamos pronto, así que permanecí mirando al techo con ella a mi lado.

Revolución no descansa, como las grandes avenidas, necesita que la acaricien todo el tiempo, que la reconozcan, o que dos automovilistas incapaces de ponerse de acuerdo o ceder el paso, choquen sobre su piel para hacer sentir su furia y su impotencia vial, y que un cuerpo de coches se vaya recostando sobre su piel sin quererlo, sin descanso ni tiempo para las obsesiones ajenas pero ahí, esperando que todo acabe pronto para poder seguir. Las grandes avenidas necesitan que sus autos hablen, pero sobretodo, que las sorprendan abandonándose al impulso de besar frenéticamente a un desconocido, arremolinándose en su piel dura y entonces uno marque para siempre el rostro del otro, o el torso o las nalgas, y que salpicados los cristales, uno pague los daños, dos firmen su compromiso de ignorarse mutuamente después de las facturas, y que todos recordemos que esto, que pudo haberse evitado, volverá a suceder.

Yo seguía mirando al techo, escuchando los suspiros de avenida revolución, incapaz de ignorar la manta de Frida Khalo que quería ser cortina y nunca había estado siquiera colgada  en pliegues, sinuosamente y a punto de tocar el suelo. Yo seguía pensando en la magia del grosor del vidrio de la ventana que me hacía creer que bajo las luces traspasando con prudencia el rostro de Frida, eran suspiros y no gritos ahogados los que resonaban. Yo seguía pensando en los cuerpos deformados por las palabras de nuestras confesiones para explicar besos y sudores; en nuestros humores magullados por aparatosas máquinas de firmas que no pierden la fe y aseguran que los desastres pueden evitarse; pensaba, como acompasadamente, en que las caricias no entienden sus facturas y que la oscuridad de la noche no es simplemente un recibo de luz vencido. Entonces me limité a decir: hay puentes que no se pueden cruzar. Y volvimos a tratar de dormir.

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Daniel Alvarez Gorozpe abandonó su sueño de ser futbolista ya entrada la pubertad, así que probó suerte en el fútbol americano, y durante el segundo año de preparatoria en el básquetbol, al tiempo que obtuvo su primer protagónico en una obra de teatro y actuó por primera vez. Entonces sospechó que quizás no era tan malo que no hubiese estado ni cerca de ser futbolista. Escribe a pesar de saber de antemano que nunca escribirá El viejo y el mar, ni Altazor, pero baila y dirige TrafficOnStage, un laboratorio escénico y de comunicación creativa. Mantiene el blog de trabajo que lleva su nombre. Es zurdo. Twitter: @dalgorozpe

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RELATO Cuatro palabras | Adris Calderón


—No voy a ir—
Lo dijo casi en murmullo, él salía de casa rumbo a su trabajo, los niños desayunaban en el comedor, listos para la escuela, las loncheras alineadas junto a la puerta.

Ella siempre se quedaba sola en casa, limpiaba la cocina, ponía la lavadora, tendía las camas, preparaba de comer frente al televisor, adormeciéndose con los programas para amas de casa, con el actor de la telenovela de moda bailando ridículamente el pasito del canguro.

La ducha le despejo la cabeza, se vistió de viernes y salió por la compra del día. Paso por sus hijos al colegio; llevaba lo necesario en el baúl de trasero del sedan  que volaba por el malecón rumbo a la playa. Era un día soleado de abril, la brisa despeinaba su cabello rizado, y las risas de los niños que aún no entendían por qué iban a la playa si no era domingo, la hacían sentirse más atrevida de lo que era.

Comieron atún, fruta y sándwiches bajo la sombra escuálida de una palmera, hicieron castillos de arena, descubrieron un patito silvestre malherido junto a una roca, su pequeña hizo una camita en la lonchera y lo arrullo el resto de la tarde.

Lo vio venir caminando con dificultad sobre la arena caliente, venía gritando, haciendo aspavientos con las manos, los chicos corrieron entusiastas a recibirlo, él los hizo a un lado mientras continuaba avanzando directo hacia ella.

—¡Ya viste qué hora es!— grito.
—No voy a ir— respondió tranquila, te había dicho en la mañana—.

Él la miró con rabia, le dio la espalda, y regreso por donde había llegado. Ella no se movió. Quedaba algo de luz antes de que el sol se ocultara en el azul oscuro del mar, y esa era  la hora del día que más le gustaba; atrajo a sus hijos, besó en el cuello a la más pequeña, y disfrutaron una puesta de sol estupenda.

Por primera vez, desde que llegó al puerto hace más de seis años, se sintió valiente. Las cosas no funcionarían igual que antes y, aunque sintió miedo,  sonrió para sí. Estaba lista.

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Adris Calderón. Integrante del Taller literario "Letras tintas". Radica en Guadalajara, Jalisco.

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POESÍA VISUAL Ismael Velázquez Juarez, poeta experimental | Avril Blanco

Texto publicado en la revista Tierra Adentro

Parece el típico niño irritante. El eterno adolescente que imagina un viejo, un mentiroso. ¿Qué es Ismael? Una fila larguísima de tijeras y recortes de hombres pájaro. Un absurdo. Efusivo infante que te envuelve; aniquila. Su sencillez está lejos de olvidarse.

La primera vez que leí el trabajo de Ismael Velázquez me asusté. Creí que por más de leer y leer los textos jamás entendería cómo resulta esa sensación de pérdida.

¿Quién eres Ismael? El hombre que agazapado dicta versos o el puber que sale tambaleando a escupir perros y patear postes.

Eres un invento conmovedor.

La poesía de Ismael Velázquez combina la parquedad de la extensión; también a veces roja como un trozo de carne cruda. Una cualidad de su obra es la contundencia, la exactitud del “remate”. Una debilidad, las líneas cifradas, que jamás cierran los textos, lo que deriva en una lectura casi incompleta. Pese a esto, sus textos conservan una unidad discursiva plena.

A veces hilarante, otras incómodo y pornográfico; esperanzador, pueril; emocionante; triste, lapidario; ingenuo; demente; visionario. La cometa de Galileo. No adjetivos al azar, esta lista es lo mínimo esperable en un poeta. Por otro lado, Ismael es amargura.

La poesía de Velázquez conserva la forma, una constante en prácticamente todo el trabajo que he leído de él. Los tratamientos y las temáticas son también una constante, pero este poeta logra diferenciar líneas; esos descubrimientos de observar y limitarse a imaginar lo exacto, lo necesario.



ACERVO Leer poesía en internet, otra manera de festejar el Día mundial de la poesía | Nadia Contreras


La Internet se ha convertido en un medio de difusión imprescindible. Si uno quiere leer poesía, por ejemplo, y aprovechar la coyuntura que nos ofrece este 21 de marzo, Día mundial de la poesía, decretado por la Unesco, basta detenerse en la red y descubrir un sin fin de publicaciones relacionadas con ésta.

Hace un par de años, la sección de Cultura del periódico El país, ofreció una Guía turística por la poesía en el ciberespacio, que hasta el día de hoy sigue vigente. Sitios como Amediavoz,  Poetry Fundation o Poets.org, son parte de sus recomendaciones. También es posible encontrar listados que nos llevan a sitios en donde la poesía y el ensayo se combinan. Por ejemplo, Revistas poéticas de creación y de ensayo y sitios de poesía. Aunque muchos de sus sitios han cambiado de dirección web o están caídos, aún es posible encontrar un sin fin de propuestas poéticas. Cuervo blanco hace su acopio como también Página de poesía.

Agregamos nuestras propuestas: 

a) Círculo de poesía, revista electrónica de literatura, vinculada al Cuerpo Académico “Literatura y Cultura Mexicana: Tradición y Ruptura” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, integrado por Mario Calderón Hernández, Víctor Contreras Toledo, Francisco Ramírez Santacruz y Alí Calderón.

b) Revista La otra parte de esa memoria que insiste en recordanos que vivimos en un mundo sin escrúpulos para lucrar con la muerte, para hacer de la vida un artículo de consumo de úsese y tírese. La poesía nos enseña que no somos desechables, que nuestro destino final es inevitable, cierto, pero hay muchas razones para no dejarnos morir en vida. Siempre habrá Otra después del fin.

c) Revista El humo, además de publicar poesía, diversifica su trabajo y sostiene proyectos de poesía visual y edición física de libros.

d) Revista Almiar, Margen Cero, busca ampliar el campo de participación, fomentar la relación entre personas, potenciar la libre expresión y apoyar la creación personal y colectiva. Ha participado en la creación de la Asociación de Revistas Digitales de España (A.R.D.E.), una plataforma indispensable para todos los que mantienen una publicación en la red.

e) Buenosairespoetry, revista de literatura y poesía, editada en la Ciudad de Buenos Aires.

f. La colección Material de Lectura en sus dos series -Cuento Contemporáneo y Poesía Moderna- ha publicado, a lo largo de tres décadas, más de 350 títulos que recogen una muestra de la obra de los escritores más importantes del siglo XX. Cada uno de ellos es una pequeña antología que permite al estudiante, y al interesado en las letras, iniciarse en el conocimiento de la mejor literatura universal del siglo pasado y el actual.

g. Periódico de poesía, con el apoyo de otras instituciones coeditoras, junto con la UNAM, han hecho posible la pervivencia del proyecto a lo largo de veinte años: la propia UAM, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, etc.

h. Revista Órfico, poesía joven hispana. Excelente proyecto hecho por poetas jóvenes.

i. El poema diario es un blog, de la revista Nexos online, incluye poesía de todos los tiempos, tierras, temas y tonos. El proyecto, a cargo de Luis Miguel Aguilar, es genial.

j. Punto en Línea, es una publicación bimestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria,

Salud!, por la poesía.

Twitter: @contreras_nadia



31 mujeres, 31 poetas. Advertencia


La selección-colección que he titulado "31 poetas, 31 mujeres" es homenaje. Los textos de estas mujeres poetas han marcado mi propio trabajo o, desde su visión juvenil, me muestran otra perspectiva de las cosas del mundo. De cada una he agregado un poema simbólico que he recuperado del mar infinito de la internet: revistas, blogs, páginas personales, antologías, etc. No digo que sea el mejor pero sí el que puede llevarnos a conocer el universo de su obra. El orden de selección es aleatorio. El propósito: acortar las brechas generacionales entre quienes producen poesía; tanto una generación como otra existen y edifican su legado. El último día de marzo, cuando termine el ejercicio, tendremos 31 voces, 31 victorias.

Índice de autoras


Nadia Contreras



La res estaba en medio del camino | Kenia Cano



Sonido de cientos de gusanos satisfechos,
arrastrándose en la tierra quemada por el hombre,
el hombre ensimismado y disperso.

La piel seca queriendo untarse a la tierra,
hundida y áspera.

Cavernas llenas de moscas de la anunciación.

Saldrían los nuevos brotes sobre los cuernos.

Algunos huesos todavía unidos  por la carne,
hasta que el rayo constante despegue,
hasta que su calor desteja lo que el designio ha logrado.

Era su nueva voluntad.

         ¿Sobrecogido?

         Virgilio te contó de las bondades de aquella pestilencia:

         …Y saldrían las abejas de las entrañas caducas del animal

¿Aspiró la podredumbre para escuchar el zumbido?

Cientos de larvas salieron a la superficie,
como el ruido de los hombres distraídos
lanzados a deberes finitos y sin redención.


Desde esa media luna ósea esta noche podrán apreciarse las estrellas,
será en esta ciudad tomada por dioses menores
donde algunos aún confían en la restauración.

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Más de la obra de Kenia Cano en La otra y La turbina.

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Testigo ocular | Cristina Rivera Garza


Yo las vi
Las manecillas persiguiéndose una a la otra
dardos, hormigas punzando bajo las manos
una, dos, tres, cuatro, cinco, ocho vueltas
dentro de la boa circular de la mirada. El latir
de los dientes. La eternidad.

Eran las ocho de la mañana cuando la hoja de metal
rasgó la pantalla del cerebro
y casi las cuatro de la tarde cuando la aguja cosió
los jirones del miedo.

Nunca habías estado tan lejos de mí.

¿Dónde estabas cuando no estabas en ningún lado?
¿Cómo es el mundo detrás del telón de los párpados
sellados?
¿Sabía a algo la carne de la lengua?

No te vi partir. No quise.
Dijeron que yacías sobre la camilla como una hoja
recién cortada
una soga sin nudos
la fruta madura que se desparrama sobre la selva.
Fue entonces que te convertiste en un cuerpo y nada
más que un cuerpo:
dos brazos, dos piernas, una cabeza, venas.
De pronto ya no fuiste mi madre ni la madre de otra
hija muerta
lejana, perdida dentro de la noche de ti misma eras
el mecanismo descompuesto
el objeto quebradizo que se envuelve en lienzos
de papel de china
y se guarda en la caja de las palabras, la esquina
de la respiración.
Dijeron que ya no estabas ahí cuando tuzaron
el cabello
y colocaron las sábanas sobre el torso, las piernas,
los dedos.
Dijeron que no sentiste nada.
Que dentro de la anestesia no se siente nada.
Es como la niebla, dijeron. Una cortina.
Y yo la vi
mis ojos escudriñaron la blancura de su tela.
Dieron dos pasos adentro.
Temblaron.
Parecía de seda pero era de cal y sudor y adrenalina
una mortaja de autismo
una torre de marfil erguida dentro de las venas
el pasillo rectangular del sótano a donde no llega
el humo de la cabeza.
Pensé en una vida sin ti y mis ojos la vieron:
un mendigo en el centro de la ciudad en llamas
el paisaje inmóvil después de todas las batallas
un desierto sin voz y sin acacias.
Hilda, dije, no te vayas.
A cada minuto tu nombre dentro de mis labios
como un talismán de menta
el martillo que rebota una y otra vez sobre la superficie
de un reloj de arena.
No me dejes. No te atrevas.
Ocho horas con tu nombre a cuestas.

Hubo sangre, dijeron al final, una hemorragia.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco litros derramados sobre
la tierra.
Después, la irrevocabilidad de los reportes en forma
de telegrama:
Estamos tratando de salvar su vida. Con el favor de dios.
Las próximas 72 horas.
Y vi las horas y tomé sus manos y me recosté
en la cuna mullida de su regazo
tan quieta como tú, tan maltratada como tú, tan llena
de moretones como tú.
Esperaba cualquier cosa con mis ojos suspendidos
sobre las manecillas del reloj.

Eran las 3:40 del tercer día cuando tus ojos se abrieron
sobre los míos.
¿Qué hora es?, preguntaste.
Es la hora de respirar, ésta.


El hombre que no quiso ser destino | Paula Bozalongo



El hombre que no quiso ser destino
se prometió a sí mismo
no fallarle al presente,
no acertar en pasado
ni prevenir errores
que su piel no pudiera imaginar.

Aún así, cada día, cuando iba a la oficina,
evitaba las calles con andamios,
le aterraba mirarse en el espejo
y cruzaba los dedos cuando los gatos negros
pasaban por delante
con ojos amarillos que decían:
-¿por qué nos tienes miedo?,
si tú nunca has querido ser destino.

-Tenéis razón, pensaba,
maldito el adivino que se sentó a mi mesa:
serás lo que decidas y no tendrá el azar
nada que ver contigo.

En un papel guardaba la promesa
que ahora le asustaba.
Que mis pasos no sigan un camino,
mejor que sean mis manos
las que busquen tu amor.

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Otros poemas de Paula Bozalongo en Círculo de poesía.

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Caminos de palabras (fragmento) | Clarisse Nikoïdski


III

mano y voz
juntos
abren la puerta de un paisaje
de temblor y hielo
la flor
del viento
cayo
despacio despacio
en el agua dormida

VI

ves
ya vino la mañana
se va la luz de los últimos
árboles de tu sueño
deja caer las hojas de tu ansia
ves
no tengo más noche en los ojos
no tengo más
nada

VII

apaga el árbol
el piano va a tocar un canto
para la noche
la lámpara calienta sus hojas
a la luz del viento
ven debajo de la hierba

IX

Nos detendremos aquí
a esperar
a esperar que nada ocurra
que nadie nos encuentre
tomaremos el tiempo en un jarro
lo beberemos

se quedará quieta
mi voz y la tuya
estamos solos

XV

me quedaré callada

dentro de mí
un candil enciende gritos que no sabes oír
me desgarran
la sangre
y me dejan en las manos
                                    tan quietas
esta ceniza quemando
que destruye mi boca

(1980)

Poemas tomados del libro 
El color del tiempo, publicado por Editorial Sexto Piso, 2014. 
 Traducción de Ernesto Kavi

Antihistamínico | Maricela Guerrero



No sé cómo decirte esto pero imag­ina que
la eru­di­ción puede enten­derse como una diver­si­dad de los lengua­jes
en los que cierta per­sona se espe­cial­iza:
y sólo cier­tas per­sonas que recono­cen la o por lo redonda
y la pro­nun­cian así como /ou/; ya sabes haciendo como que se les alarga el pico
Ou
Ou
—dicen  con la comisura de sus labios impreg­nada de una sus­tan­cia blan­cuzca y delezn­able:
dicen ou:
sopor de anti­his­tamínico en el audi­to­rio. Ahora tú:
así, ¿ya te acor­daste? /ou/
Acor­darse por ejem­plo tiene que ver con el cor cuore, ¿ya lo viste?
Del corazón eso es la eru­di­ción y /ou/
Ou
Lar­gos trata­dos sobre eti­mologías irrecono­ci­bles en tono de trompetines y claros clar­ines
tonos var­i­opin­tos de /ous/ porque la espe­cial­ización de cier­tos eru­di­tos avant la let­tre va más allá: suéteres raí­dos y anti­his­tamínico y esa cosa delezn­able y blan­cuzca en la
comisura de sus labios: entre cada /ou/ y /ou/
que se llama comezón
ron­chita de mi eru­di­ción
pero yo no sé cómo decirte de estas cosas
mi corazón.

Dos poemas | María Rivera


ᅀᅀᅀ

Una oscura polvareda levanta aquel día incandescente,
lo miro resbalar sobre las piedras,
despeñarse en la constelación de mi memoria.

Un día de junio, su mañana impenetrable
y esta misma polvareda
en la sala, los sillones, esa manera
inflamada de caer, caer, arrodillarse.

Fueron mías todas las derrotas. Esa mañana
tendida en el sillón blanco, temerosa,
no pude escribir estas palabras. No pude.

Cuántas derrotas, cuántas, rumorosas, se revelaron
en mi más profundo campanario, arrodillada
supe cuan filosa es la hoja de la espada
cuán honda la carne atravesada.

Mi corazón quedó perplejo; navegando en la certidumbre
de haberlo perdido todo: sólo una oscura polvareda
un hijo de polvo.

ᅀᅀᅀ

Acuérdate de nosotros, Dios, los que sufrimos,
los que quedamos tendidos al paso del camino.

Recuérdanos, no olvides levantar nuestros corazones
torturados, por esta sed maldita, por esta sed de maldecirte.

Solos, en ti estamos solos, entregados
al lento manar de la sangre, malheridos.

Abre tu mano imposible, tu corazón imposible
para estos corazones horadados, ay, tan temibles,
por ti, por el Amor que fuimos.

Huesos y daños | Oriette D'Angelo


Dijeron que podía quedarme ciega

y que a veces los tumores aparecen solos

Me recetaron una pastilla vencida

y la sangre se me retrasó toda una infancia

Me ofrecieron una operación de hambre

un trasplante de gusto

un cambio de oído

un esófago nuevo.



Tengo rota la columna

y un hueso desprendido que me duele en la conciencia

[genes propensos a quebrarse]

me inventé un cromosoma nuevo para no sufrir

llevo heridas que huelen a calcio

glóbulos rojos llenando vacíos

Estoy condenada a perder la memoria

[hemisferio cerebral atrapado en la gaveta]

sufro de despiste selectivo

y de mi vesícula sacan piedras para construir autopistas.



Estoy condenada a la fractura para ser ventana

que no es condena

si los huesos te sirven para escapar.



Tengo una herencia de huesos y daños

y aun así me busco

la voluntad

de vivir.


Poemas | Aleida Belem Salazar



Historia anímica

I

oigo la respiración de mi madre igual a la de un animal enfermo con los pulmones inflamados desperté del sueño con una flecha enterrada en el centro de toda la llaga que es también el cuerpo abriendo los puños para dejar de marcarme las uñas en las palmas para que el recuerdo cesara

II

alguna vez alguien pensó que estábamos desperdiciando la vida inventado padecimientos para la cabeza porque no podíamos aceptar la locura porque no podíamos abrazar la vida sin que los pellejos de piel muerta se nos alojaran en los huecos

III

voy a hacerme una herida que comience del vientre y me llegue hasta la cabeza limpiar cualquier deformación interna limpiar las paredes lavarme los órganos con agua salada limpiar toda transferencia antecesora para nacer de nuevo esta vez sin ninguna enfermedad hereditaria sin ningún miedo patológico

ᅀᅀᅀ

Constitución física de lo irreparable

Cuál es el estado
de la tristeza
         si corrompe
         los párpados

cómo se forma
la condensación
de lo que se consume
          y abre sus brazos
para quien la voluntad
sólo es lejanía
un lugar inalcanzable

en el centro hay un nido
que no gesta

lo insostenible del abandono
          lo irreparable
voy sustrayendo esta facultad
para repetir la naturaleza apática

no amo ya
         porque el animal
se apoderó del vaho
y sólo queda
el temblor la postilla

ᅀᅀᅀ

Todo lo blando se pudre

La absurda, la extenuante,
la impostergable labor de
desenterrar un cuerpo
para volverlo a enterrar.
Sara Uribe



El barco me encontró
desnuda en este bosque
con el miedo de un
animal a punto de morir.



Espalda mordida por el humo de la poeta (fragmento) | Sonia Manzano


Antes de que me interne en tus dominios
deja que aspire
una bocanada más de aire selvático
así soplaré sobre tu nuca
manojos prohibidos de floresta
y dejaré en tu espalda
gránulos de fuego verde
para que de ellos coman
las ávidas alondras de mis manos

Deja que me provea
del vestuario adecuado
para poder remontar siglos de arena
en un solo segundo de ventisca
como para poder decir
debajo de este cactus
escondo la memoria del verano
y debajo del verano
resguardo mi ternura sobreactuada
Deja que unte tus músculos funéreos
con aceites provenientes de mi origen oscuro
soberbiamente oscuro
como las vetas que jaspean
mi piel de duro jade

Con este paladar yo paladeo
los bordes azucarados de un incendio
que se ahogó en medio vaso de cenizas
Con este bisturí mojado en niebla
secciono lo mejor de tu cadáver
el que a diario yo invento
para cantar a dúo
romanzas sin palabras
embebidas en brebajes de silencios
Con este azadón que abre sus zanjas
en las áridas hectáreas de mi sangre
roturo mi lomo depredado
por los dientes omnívoros del humo
y esparzo mis semillas nocturnales
sobre un lecho con forma de sepulcro

Con este pico torvo
de ave agorera
escarbo en tu hígado de espectro
los restos del licor que no libé
por estar extrayendo
el néctar sosegado de los tedios

No constas en mis sagradas escritura
no eres el ángel prometido
que bajará a la tierra
para limpiar con ácido
el menos original de mis pecados
Eres apenas
el leiv motiv de una poesía tranochada
la ficción concebida en un encuentro
de torsos irreales
el salmo que ahora salmodia
mi soledad beduina
mientras quema sus naves demenciales
en el último espejismo del desierto.

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También puedes leer poemas de Sonia Manzano en Círculo de poesía.

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