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    POESÍA Poemas | Alfonso Aguado Ortuño

    Jackson Pollock © Ciudad de la pintura

    I

    Acostado sobre la mesa
    me gusta sentir, papel,
    tu dureza.

    Con mi afilada pluma
    quiero llenarte
    de azuladas heridas
    que cicatrizan
    dejando hondas señales.

    Sé que tu noble blancura
    es capaz de soportar
    las peores penas.


    IX

    Desierto blanco
    de cal y de luz,
    donde los poetas,
    los jóvenes poetas
    vierten jugos ignorados
    que serán después
    ríos rojos, verdes,
    ríos negros, azulados:
    yo quiero pintar
    el arco iris sobre ti

    Yo quiero ser
    gama de colores,
    espíritu de la tinta,
    tonos y matices
    para poder expresar
    sangre y alegría,
    desgracia y belleza.

    Yo quiero ser,
    ante ti yo quiero ser
    el mejor cisne
    que cruza la cal
    y la blanca luz
    de tu superficie.


    XII

    Blancas las paredes,
    blanco el algodón
    para mis heridas,
    el turbante blanco
    para el gris sudor
    de mi oscura frente;
    mi caniche es blanco
    como mi camisa,
    y tú, mi papel,
    envidia del sol,
    eres tan, tan blanco
    que enciendes mi vida.


    XVI

    Antes,
    mucho antes
    de que te cubras
    de flores,
    mucho antes
    de que la magia
    apague los pétalos
    y encienda los frutos
    en las ramas...,
    antes,
    mucho antes
    sentirás el vuelo
    semicircular
    de mi mano.

    Mi destino es ir
    de hoja en hoja,
    de campo en campo
    sin saber nada 
    de la cosecha.


    XIX

    Página fría
    como la nieve.
    Al inclinarme sobre ti
    un jardín de jazmines
    y azucenas
    aparece.

    Me incitas a escribir.
    Y cuando escribo,
    un campo
    de amapolas de sangre
    florece.


    XXI

    Vuelvo a ti otra vez
    y otra vez he de rayarte
    como el niño raya la pared
    bajo el impulso innato
    de la expresión más sincera.

    Vuelvo a ti otra vez
    para ensuciarte,
    para ennegrecer
    una y otra vez
    minúsculas zonas
    de tu propia limpieza.

    Sin pedirte perdón
    vuelvo a ti otra vez
    y no lo siento
    porque hay suciedades
    que enorgullecen.


    XXXI

    De un sólo salto
    llego a la Luna.

    Alegría, ¡qué alegría!
    El sol ha entrado
    por la ventana
    cegándonos, hiriendo
    la noche de mis ojos
    y el calor de tu blancura.

    ¡Qué bien!  La esperanza
    aún no sé dónde termina.


    ALFONSO AGUADO ORTUÑO (Valencia, España), poeta visual. Tiene publicados poemas visuales en revistas físicas como Veneno, L'eiffel Terrible y Cuadernos del Matemático. Ha participado en las revistas ensambladas Grisú, El Paraíso, Kart y La jirafa en llamas (de la que es coordinador). Tiene una exposición permanente de poesía visual en FotoAleph y poemas visuales en Almiar y Boek Visual. Y otros tantos poemas visuales sueltos en portales y revistas como Matemáticas y Poesía, Metapoesía, ffooom y Boek 861. Se le ha publicado, en este año, el libro: Poesía Visual, que recoge un resumen de sus primero poemas visuales. Su décimo libro Poemas de terror y miedo, en breve verá la luz.

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