ACERCAMIENTOS Sueño del juicio, de la ironía a lo grotesco | Andrés Galindo


De sobra es bien conocida la fama de Francisco de Quevedo como maestro de la sátira; James O. Crosby, en su edición de Sueños y Discursos, lo califica de “creador de la sátira moderna en español” (108). Más allá del simple análisis del “Sueño del juicio” como una sátira que dirige su dardo hacia un blanco social, extratextual, mi intención es la de analizar otros elementos que están funcionando dentro del texto, tales como la ironía, la parodia, lo carnavalesco y lo grotesco.

He elegido “Sueño del juicio” por diferente motivos: Se trata del primer sueño, escrito en 1605. Como tal, creo que su construcción estructural y simbólica marcará la pauta para la posterior escritura del resto de los sueños. Y, según la edición de Crosby, es el texto que mejor conservado nos ha llegado, con todo y las diferentes mutilaciones que amanuenses y censores hicieron de él, suerte que también corrieron el resto de estos trabajos que el mismo Quevedo juzgaría como “juegos de mi niñez”.

Francisco de Quevedo en Sueños y discursos utiliza el sueño como artificio artístico-literario, tema muy común en el arte del siglo XVII. Los precedentes históricos y literarios del artificio del sueño son abundantes y se encuentran tanto en fuentes orientales como grecolatinas. Reflejando las ideas de su época, Quevedo emplea el sueño como un recurso estético narrativo para satirizar la sociedad de su tiempo.

Para desarrollar esta lectura, nos concentraremos en la naturaleza doble de las imágenes carnavalescas encontradas en "El juicio final".

Así pues, todos los discursos son sueños, invenciones, es decir, fantasías. En "Sueño del juicio final" el discurso está basado en una serie de fuentes bibliográficas que funcionan como autoridades y que de hecho –aún cuando tales fuentes son puestas en tela de juicio- dan pie a la narración. De acuerdo con estas fuentes, el narrador da por entendido que sólo los reyes pueden tener sueños de naturaleza profética; pero inmediatamente se pone por encima de tales autoridades y nos dice que él ha tenido un sueño, mismo que considera de naturaleza divina. En este sentido, creo que existe una curiosa mezcla entre el ethos satírico y el ethos paródico, ya que se pone en duda a las autoridades y al mismo tiempo se parodia, muy sutilmente, el papel de un rey frente a este tipo de situaciones (la de tener sueños proféticos). Esta sutil mofa es rematada con la frase que el mismo narrador menciona enseguida: "... todos los animales sueñan de noche como sombras de lo que trataron de día" (124).

El libro que leía antes de dormirse será el motivo que desencadena la escritura, pues el narrador dice: "…habiendo cerrado los ojos con el libro del Beato Hipólito del Fin del mundo y segunda venida de Cristo, lo cual fue causa de soñar que veía el juicio final". El tema de este libro se quedará retenido en la memoria del narrador y será transformado a través de la imaginación onírica. De inmediato nos acercamos al mundo caótico de los muertos, donde encontramos una división entre cuerpo y sentidos.

El "ser" es presentado como algo totalmente fragmentado en la muerte, donde la dicotomía cuerpo-alma va a prevalecer: "los huesos que andaban ya unos en busca de otros" (125), almas que huían de sus antiguos cuerpos, cabezas dislocadas, "los ladrones y matadores que gastaban los pies en huir de sus mismas manos" (126), mujeres hermosas que sacan sus cabezas, etc. Hay una introducción de una gran diversidad de imágenes que bien pueden ser identificadas como grotescas; son imágenes muy visuales que nos dan una sensación de total confusión, lo típico de un sueño, donde no hay una línea que separe la imaginación de la realidad. Es de notar que, de hecho, el único que es capaz de dar orden a este ambiente carnavalesco es Dios. Y es en torno a la figura divina que poco a poco se ordenan todos los elementos que el narrador nos va presentando.

Se trata de la representación del mundo al revés, típica de la cosmovisión carnavalesca. Observamos estas ideas no solamente por el motivo del sueño, sino por el propio discurso del narrador al decir: "Pero lo que más me espantó fue ver los cuerpos de dos o tres mercaderes, que se habían calzado las almas al revés y tenían todos los cinco sentidos en las uñas de la mano derecha" (126). Es la representación de la violación del curso habitual de la vida, que tiene como consecuencia lo cómico a través de algunos pasajes en los que trabaja una ironía pragmática.

De cualquier modo he notado que, de hecho, muchos personajes, por su cargado cinismo, pueden llegar a ser percibidos como la personificación misma de la ironía, ya que son ellos mismos los que con su discurso se condenan. Creo que el ejemplo más claro de ironía es la escena del avaro que se presenta ante los mandamientos que vigilan la puerta al cielo. Este avaro hace un recorrido por los mandamientos interpretándolos como él creyó, en vida, que era correcto; el resultado es la condena, lo cual quiere decir que el discurso ha sido entendido de manera inversa, y, creyendo que guardaba debidamente los sagrados mandamientos, en realidad se ha condenado.

En el sueño, como en el carnaval, las diferencias sociales desaparecen y encontramos todos los tipos de individuos, de diferentes orígenes sociales, juntos: alguaciles, mendigos, abogados, filósofos, médicos, jueces, judíos, poetas, matadores, taberneros, sastres, escribanos, además de las divinidades (Dios y el Diablo)[1], unidos alrededor de un único motivo: el día del juicio final. El espacio es un valle que se encuentra más abajo de la tierra; espacio propicio para el ambiente carnavalesco. De inmediato, percibimos varias imágenes dobles como: cuerpo-alma, vida-muerte, cielo-infierno; típicas de la cosmovisión carnavalesca. Entran en contacto todos los elementos antes separados y distanciados unos de los otros por la visión de mundo jerárquica, donde lo sagrado y lo profano, el sabio y el tonto, el grande y el insignificante, aparecen unidos.

Aunado al concepto de carnaval está el de teatralidad. El mismo Crosby ya ha notado este aspecto en un apartado de su “Prólogo al Sueño del juicio” (21-24). La posición del narrador frente a los acontecimientos es distante; las cosas no le ocurren a él, sino que ocurren delante de él, como si de un escenario se tratase. En todo el discurso el narrador describe y observa el juicio final, que es un tema de la tradición bíblica. La voz narrativa de este sueño es muy semejante a la voz del libro del "Apocalipsis" en la Biblia que dice: "El quinto ángel tocó la trompeta. Vi entonces una estrella caer del cielo en la tierra y le fue dada la llave del abismo y ella lo abrió". Este paisaje nos recuerda el inicio del sueño cuando el narrador de Quevedo dice: "Pareciome, pues, que veía un mancebo que discurriendo por el aire daba voz de su aliento a una trompeta (…) al punto de moverse toda la tierra y a dar licencia a los huesos, que andaban ya unos en busca de otros" (124-125).

Podemos afirmar que todo el texto representa de manera paródica al texto bíblico, pues presenta el día del juicio final como una gran fiesta donde ángeles, diablos, seres humanos y Dios están juntos provocando la risa a través de diferentes situaciones. Con todo, no hemos de tomar “parodia” en el sentido peyorativo. Linda Hutcheon ha marcado la diferencia especifica ente el concepto de sátira y el de parodia. En tanto que el blanco de la sátira es siempre el ser humano, con lo cual se le castiga y se deduce un valor moralizante, el blanco de la parodia es siempre otro texto. En este sentido, la parodia bien se puede equiparar con un proceso de intertextualidad. En nuestra lectura, ya lo notábamos, es el texto bíblico del Apocalipsis el punto de referencia. El texto bíblico funciona aquí como móvil y escenario de la sátira, ésta sí totalmente burlesca, cuyo blanco es una sociedad totalmente corrompida.

Es interesante observar que la risa es otra característica de la visión carnavalesca. A través de la risa era posible expresar muchas cosas que se encontraban reprimidas en la vida social, como el propio narrador dice al final de este sueño: "Dióme tanta risa ver esto, que me despertaron las carcajadas. Y fue mucho quedar, de tan triste sueño, más alegre que espantado" (148). Percibimos aquí la combinación de dos ideas antitéticas, "tristeza" y "alegría" alrededor del juicio final.

Después de analizar la carnavalización en "El sueño del juicio final", podemos concluir que este texto es el modelo fundador de los otros sueños, desde la perspectiva carnavalesca. Todas las ideas que están basadas en la teoría de la carnavalización se presentan ahí: la excentricidad, la doble imagen, la ausencia de una jerarquía social, la sátira religiosa, la representación de la vida y la muerte, el mundo al revés, la representación del cielo y el infierno, además de introducir a todos los personajes que irán a aparecer en los otros sueños. Tanto en la microestructura como en la macroestructura de los Sueños no hay un tiempo narrativo lineal, cronológico, que nos permita estudiarlos dentro de un proceso temporal evolutivo. Observamos un desfile de imágenes caóticas, fragmentadas alrededor del tema propuesto en El sueño del juicio final. Toda la obra se relaciona con la dicotomía entre el bien y el mal que será juzgado, de acuerdo con la tradición cristiana, en el día del juicio final.

Bibliografía 

1. Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética. 8ª ed. México: Porrúa, 2001.
2. De Quevedo Villegas, Francisco. Sueños y Discursos. Ed. intro. y notas de James O. Crosby. Clásicos Castalia 199. Madrid: Castalia, 1993.
3. Hutcheon, Linda. “Ironía, sátira, parodia. Una aproximación pragmática a la ironía”. De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos). México: UAM-I, 1992. 173-193.
4. Nolting-Hauff, Ilse. Visión, sátira y agudeza en Sueños de Quevedo. Madrid: Gredos, 1968.

[1] Sin embargo, esto no quiere decir que la sátira también tenga como blanco a Dios mismo. Como ya antes mencionaba, aquí Dios supone un principio ordenador.


ANDRÉS GALINDO. Hispanista por la Universidad Autónoma de México. Autor de Veinte poemas de la furia (Endora, 2010) y La oficina del olvido (Ediciones y Punto, 2015). En 2011 conoce el formato Slam Poetry y, desde entonces ha participado en el mismo, bien como poeta o como espectador. Actualmente escribe cuentos fantásticos, minificciónes y es aficionado a la fotografía.

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