BREVIARIOS DE YAAZKAL El miedo o el comienzo de un año | Yaazkal Ruiz C.


Las fiestas de navidad y año nuevo parecen no ser las mismas año con año. Y más aún, si hablamos de décadas. Escucho a los mayores hablar de ese tiempo en donde ambas fechas tenían un significado completo. Mis raíces son católicas y por ello, las historias que escucho tienen que ver con esos ritos. Por ejemplo, los rezos, los cantos, las pastorelas que organizaba mi tatarabuela. Veo a toda la familia materna reunida en aquella casa antigua; veo a mi bisabuela llevando al niño dios en sus manos.

Los tiempos son distintos y aunque los chicos estemos apartados de la preocupación de los grandes, uno atestigua la incertidumbre, el coraje, el odio hacia la mayoría de las acciones de quienes nos gobiernan. Hay de todo en una familia. Por ejemplo, quien regala libros, o quien el celular más caro, aún sabiendo que no hay dinero suficiente para pagarlo. Si levantara una encuesta en este momento sobre quién usa sus teléfonos para informarse, leer,  investigar, el porcentaje de aquellos que, además de mantenerse conectados con la familia y los amigos, los utiliza para tales cuestiones, será mínimo. Lástima, porque hoy podemos leer libremente lo que se quiera, conocer países, museos, librerías, calles, plazas.

Escucho las conversaciones y siento nostalgia por aquella época que no conocí. Siento nostalgia por mi tatarabuela, por esas peregrinaciones de nietos y bisnietos que organizaba. Mi tatarabuela vivió más de cien años; sólo en el último año no pudo ya moverse. Mi mamá conoce todas estas historias de puro oído. Es la más chica de la familia y mi abuela, mamá de ella, es quien le transmite ese pasado. Mi tatarabuela siempre organizó las reuniones de navidad y año nuevo. Además, fue partera. Ella ayudó a muchas mujeres a la hora del alumbramiento. Muchos nacimientos se lograron por ella.

Lo que les cuento ahora fue la parte más emotiva de la reunión de año nuevo. Aunque muchos no tenían atención absoluta porque estaban concentrados en sus celulares, la mayoría escuchamos la historia que se remonta al pueblo materno. Luego volvieron las preocupaciones: el regreso a clases y el pago de colegiaturas de quienes estudiamos en escuelas particulares; los precios de la gasolina, el gas, la luz; la cuesta de enero; los accidentes viales por la imprudencia de la mayoría. De la alegría, una alegría entrecortada por todo lo que se dice y se escucha, pasamos al miedo. Cuando nos retiramos, luego de subirnos al auto, quedamos de frente al abismo.

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