CUENTO La pasión te vuela la cabeza | Yaazkal Ruiz


Fui a una fiesta. Si mi padre estuviera con nosotros de seguro me hubiera negado el permiso, aunque ahora no sé si realmente alguna vez actuó como padre. Mi madre consintió cuando mi prima Lulú dijo que ella también asistiría. Es una reunión de sólo niñas.
        —Espero que lo sea—, murmuró mi madre.
        Efectivamente, éramos puras chicas cuando llegaron ellos, compañeros de la escuela y sus amigos quienes trajeron cerveza y tequila. Lulú "la que sabe beber" se quedó semidormida en el sillón mientras la fiesta continuaba y la música subía un poco más de volumen. Yo traté de mantenerme a raya porque debía regresar a casa en condiciones casi perfectas. Me dejé besar por Samuel y acariciar un poco más allá. La pasión te vuela la cabeza. No por amor, porque si pienso en el amor al chico que tenía enfrente lo llamaría Bogart, por ejemplo. Es dejarse ir porque así lo piden las entrañas, porque así lo piden los muslos.
        La habitaciones de la casa estaban disponibles y quizá pudimos meternos en una de ellas pero sentí temor. Samuel quería más pero no, no era el momento, aunque estuviéramos más que encendidos. Dejé que el tiempo pasara y también eso aligeró el mareo ocasionado por la bebida. Desperté a Lulú, que para ese momento compartía sillón con Enrique, y Samuel nos llevó a casa.
        Mi mamá estaba viendo una película y nosotros tratamos de actuar lo más natural posible. Lulú venía eufórica, una ironía, si pienso en el sueño tan pesado que tuvo a lo largo de la fiesta. Fuimos a la cocina, bebimos un vaso de leche y Lulú le pidió que hablara a su casa para que le dieran permiso de quedarse.
        —¡Que bueno que llegaron temprano!, dijo mi madre.
        —Sí, es que la fiesta estuvo medio aburrida.


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