#SISMOMÉXICO2017 Ensarta 19 hilos a septiembre de 2017 | Mar Barrientos


¿Cómo destejer los nudos atorados, cómo liberar la garganta? Lloro y las manos tiemblan, la mano tiembla por el día, por la patria herida, por la escena: un taxi, el hombre abajo rodaba y levantaba sus puños, lo invadió el silencio. Él y la botella de refresco a su costado.
Hombre, auto con furia, las ruedas lo atropellan, la reversa, el instinto de vivir, el rodar, el grito de ¡cuidado! hacia aquél hombre.
Las manos tiemblan, el mismo hombre como pudo se levantó y pisó el freno de su auto ¡qué susto! yo juraba que discutía con alguien.
Tiemblan las manos como la firma que registra la hora de la mañana, como la escena inesperada.
Profundos respiros para olvidar el movimiento repetido de mis manos, la acelerada palpitación del corazón camina entre las filas. Estoy cerca de ellos, los niños, mis alumnos. Salimos al patio cuarenta minutos, sostengo el aro, las pequeñas pasan por debajo, gatean de ida y regreso, sonríen de ida y vuelta, sonríen mirándome los ojos.
Suena un silbato para una formación, termina una activación física, entramos de nuevo al salón. Simulacro a las diez de la mañana, el estómago, la quijada, los maestros, todos los niños, medio día para tomar sorbos de aire, un pequeño niño con su mirada incierta pregunta maestra ¿Qué es un simulacro?, contesto: salvar tu vida. Y respondí con el alma y con el recuerdo y con la ausencia y con el dolor y con los escombros en los ojos y con el polvo y con las heridas de aquél 19 de septiembre. Nuevo nudo se teje en la laringe.



Las manos tiemblan al repensar en la gente, en la lagrima, en las crisis, en el pánico, en mi patria, en mi familia, en las familias, en todos, sentir a México, amarlo, recordar la no vida, duele recordar los restos no hallados, duele la no tumba para el llanto. 

            Sí, muerdo la manzana.
            Me muevo, tiembla a la una catorce, estas treinta y nueve vidas frente a mí me hacen mirarlas a los ojos y regulando mi voz les pido salgan, salgan todos, salgan, todos salgan, salgan, miro el techo, salgan, miro las líneas de las paredes fracturadas, salgan, salgan, todos salgan, hasta que miré al último alumno para después salir atrás de ellos.



Los miro tranquilos frente al salón reunidos con sus pequeñas manos sobre la cabeza. Llegan las madres, el pánico, el llanto, asustadas con las manos en el pecho, se abrazan entre ellas, miran a sus hijos completos, toco el hombro de una madre para calmarla, le digo mírelo, su hijo ésta bien, el tubo alto de metal con intensidad de un lado a otro se azota, mis manos tiembla de este instante incierto.
¿Sólo hoy?
¿Y mañana?



Réplicas del temblor:

Queda la angustia suspendida en las grietas de mi aula, los libros en el piso, colores, lápices, mochilas desordenadas, el caos, el teléfono sobre el escritorio, se desaloja la escuela, el lunch se pudre, solo niños y después en mí, la incertidumbre de saber de mi familia, saber de mi mejor amiga, saber de mi patria.
            Es la lluvia de las cinco veintiocho, nuevos mineros, picos, palas, la mujer con su hija a lo lejos se sienta y llora.  Emergencia en mi país, binomios caninos, pesticidas sociales, fallas, fugas, colapsos, caos, vialidades, se repite la voz de un pequeño de la escuela diciéndome: “Maestra tengo miedo, mirarlo y decirle abrázame”.
            En los centros de mi patria cada diez minutos se guarda silencio, se necesita material para curación, catéter naranja y azul del número catorce, dieciséis y dieciocho, alcohol, gasas, lámparas, cintas, palas, cubetas, lazos de vida, alimento, agua, vida…
            También tengo fe y dolor, y mucha tristeza, mi alma salió y entro al cuerpo cuando escuche a alguien decir: la niña es nuestra prioridad. Me duelen las demás niñas, las maestras muertas, las maestras vivas, me duele la pérdida, el engaño, el lucro.
            Hoy salí a la calle a encontrar a “Frida Sofia”, no estaba bajo los escombros, estaba en las banquetas con cartulinas, tras una pequeña mesa con rollos de papel de baño, y decía centro de acopio. “Sofi” no tenía una voz debilitada, era una voz fuerte, la sonrisa de muchos que mueven y levantan mi México, la fe y fortaleza de mucha pero mucha gente buena y solidaria en un solo México anónimo, el abrazo de un desconocido dando lo mejor de sí, entregar el tiempo para ayudar, para poner nuestras manos y rayar códigos de barras y romper bolsas y armar despensas, meter bolsas de arroz, meter frijol, meter toallas, meter pañales, pastas de dientes, aceite, lentejas, sardinas, cepillos, medicina, sal, azúcar, harina, leche en polvo, sábanas, poner ropa, poner manos para escribir abrazos, dedos para juntar y ensartar al hilo piedras azules.


MAR BARRIENTOS. México. Licenciada en Educación Primaria egresada de la Escuela Normal de Tlalnepantla. Escritora. Ha participado con parte de su obra en Grito de mujer 2013, incluida en antologías en México, República Dominicana, Brasil, Isla Negra, Chile. Tiene publicados los poemarios: Mariposas de Luna, Lubam, Seda y fuego en tus manos. Es compiladora de la Antología poética Edrielle. Ha participado en Encuentros Nacionales e Internacionales de poetas. Incluida en antología a Josué Mirlo, homenaje en 29 voces, revista Molino de Letras; coordinadora en México para la Antología Homenaje a Ana Frank y Antología homenaje a Gabriela Mistral. Recibió la Presea Artes y Letras Zinacantepec 2016. Coordina el Primer Festival Multidisciplinar en Zinacantepec 2017. Recientemente prologadora del libro Benito Juárez, en Isla Negra Chile.

2 comentarios:

  1. He temblado al leerlo... Gracias por llevarme allí por un momento, Mar Barrientos. Al menos que mi palabras te apoye, los conforte...

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  2. Una crónica contada con un realismo que estremece, quiera Dios que nunca la vida te ponga en ésta situación nuevamente.Que tus letras sean un medio para contar y mostrar la otra realidad , la de un país tan bello cómo lo es México.

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