POESÍA Arte y ocio. El artista se hace más de sus horas ociosas que de las teorías || Tania Castillo Ponce


Yo no sé de cansancio.
Mi cuerpo se queja por su cuenta;
yo tengo asuntos más importantes
que atender: 
dejar que el tiempo se pudra
hasta que empiece a dar flores.

No sé de dolor. 
Del amor, menos.
Dicen que todo es un estado mental.
Pues qué alivio: 
el mío lleva 47 años
en huelga.

Mi arte predomina en el ocio.

¡Soy la Madre del Ocio!

Bendito sea el vicio
de no hacer absolutamente nada. 
La imaginación, esa holgazana,
se levanta tarde,
revuelve los cajones de la memoria,
se roba un par de delirios
y vuelve a casa
presumiendo una obra maestra.

Del amor tampoco sé gran cosa.

Todo, todito, todo
me sale mal con esa patraña compartida: 
se promete el cielo, 
se administran las migajas 
y al final se exige gratitud.

Y si alguna vez sale bien, 
ni me entero. 

Nunca sé cuándo me corresponden.
Solo conozco las temporadas: 
unas de caricia,
otras de intemperie;
unas en las que me nombran
como si fuera un milagro, 
otras en las que me borran 
como si fuera una falta de ortografía. 

¡Vaya! Por eso soy la Madre del Ocio.

El día en que nací,
los tréboles y la hiedra
se emborracharon en el jardín. 
El toloache hizo de las suyas
y las flores, tan correctas, 
amanecieron sospechosas.

Llegó también el romanticismo, 
con su peinado de domingo
y sus buenas intenciones. 

¡Fuera lo perfecto! 
¡Arriba los feos!

Todo lo impecable me aburre:
hasta los dioses
deben de tener caspa.
Por eso nací vieja,
bruja
y ociosa.
¡Maravillosas virtudes!,
digo yo.
Vine al mundo con ponzoña,
marcada como Caín,
parienta de los malditos,
sobrina de los excesivos,
amiga de quienes hicieron
de su propia ruina
una forma de belleza.

Baudelaire me habría invitado a cenar.
Chopin quizá habría tocado algo triste.
Beethoven habría golpeado la mesa.
Y yo, por supuesto,
habría llegado tarde.

Exijo una habitación desordenada,
una idea indecente,
tres horas sin dar explicaciones
y el derecho irrevocable
a desperdiciar mi tiempo
sin producir una sola disculpa.

Porque hoy es mi cumpleaños
y he decidido celebrarlo
como merece mi naturaleza:
sin hacer nada,
sin arrepentirme,
sin pedir permiso.

Brindo por el ocio,
por el arte,
por lo torcido,
por lo que no sirve
y, sin embargo,
nos salva de ser máquinas.

No soy perversa.
Que nadie se alarme.
Solo soy una huevona. 

Cada vez más cerca.
Cada vez más tarde.
Cada vez más mía.

¡Aparten las sillas!

Ha llegado
la ilustrísima dueña de la ociosidad.

TANIA CASTILLO PONCE. Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras en Literatura Dramática y Teatro con la carrera simultánea en Educación Musical en la Facultad de Música. Doctorante en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fundadora de la compañía independiente Telón de Aquiles (desde 2009). Ha dirigido: Las Narcas, Morralitos, Las Esfinges, ¿Quién es ese Shakespeare?, El cabaret aéreo, La tetralogía mexicana, de su autoría. Su sólida formación le ha merecido algunas distinciones como el Primer Concurso de Dramaturgia exprés en Mérida, Yucatán (2022), Concurso de Textos Rurales en Calatrava, España con la obra “Alto/Stop”, el Festival Urgen Musas de la SOGEM por su obra “Encore” (2018). “Amarga Jubilada” en el Muestrario Nacional de Teatro en Cámara (2019) y accésit en el IX Certamen José Moreno Arenas, España con la misma obra, ganadora por el cuento “La voz interna” en la 1.ª edición del premio EDUCERE a la creación artística con tema educativo (2017), Concurso de Textos teatrales dirigidos a público infantil de Navarra, España con la obra: “Meciendo Héroes” (2016).

Imagen tomada de Pexels. 

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