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    POESÍA Dos poemas | Rosario Loperena

    Paul Klee, 1931. The Light and So Much Else. Watercolor and oil lacquer on canvas. Colección Privada. Alemania.

    DIENTES DE LECHE


    Te hubieras quedado cuando los pies eran pequeños
    hubieras hecho pausa
    te hubieras encogido de otras partes
    sin tener que contar
    sin tener que llegar a cualquier lado

    te hubieras dejado el cuerpecito dentro
    del círculo primario pintado con gis en las afueras

    te hubieras quedado acurrucada
    envolviendo el rumbo del vapor desde la pelvis
    mirándote las grietas de las manos
    imaginando qué es lo que presagian

    pudiste brincar como un resorte
    pudiste seguir brincando sobre blando

    quisiste estirar los huesos
    enderezar los músculos del lomo
    decidir la redondura los tamaños
    de las O y de las A
    con las que ibas a firmar toda la vida

    decidiste pronunciar tu nombre
    con un tono más agudo
    que el resto de los nombres
    y colocar la lengua un poco más arriba
    cuando hablas de negocios

    decidiste comer huevo hacer discursos
    en contra del gobierno en contra de la especie
    evitar signaturas horarios uniformes
    y otros trámites legales

    pudiste colocar las palmas sobre el párpado
    entrecruzar los dedos sobre el rostro
    dejar de mirar con tantas ganas
    por detrás de la puerta por debajo en todos lados

    pero pusiste los ojos por delante
    y viste a la señorita que le metió mano a su hermana
    y te quedaste mirándolo todo
    adentro de tu círculo de gis pintado sobre el pasto

    y recordaste cómo eran los sábados
    antes de construir el círculo mucho antes
    te habías sentado a ver el aire
    a ver que cuando calienta también corta (las imágenes)
    y enmarcaste con los dedos el azul
    y te tumbaste deseando ser azul
    hasta que notaste que los dedos de tus pies eran un gancho
    y luego gritos
    y llevaste tus piernas al otro lado de la calle
    y dijiste al vecino que no golpeara a los pequeños
    y te escuchaste dando letanías insoportables
    y él dijo:
    cada quien hace sus rezos como se le da la gana, señorita

    y los niños me miraron con puchero
    y entré a mi casa a comer sopa y a leer el periódico del sábado:


    "PASTOR MUERE AHOGADO AL INTENTAR CAMINAR SOBRE LAS AGUAS"


    y supe que la sopa debe calentarse antes de llevársela a la boca para no pasar ya malos ratos.



    Paul Klee, 1924. A drawing for Fish Image. Pencil on paper location unknwon. 28.6 x 22.9 cm.


    CORTADOR DE SOMBRAS

    Explicación del cortador de sombras amante de la bruja que colecciona tijeras, acerca de la naturaleza de los dolores humanos:

    El dolor es golpeteo (invisible). Espacio insonoro que desgarra (espacio). 
    Huella de la desproporción: lo pequeño de la carne contra el cielo.
    Entre las fuerzas que gobiernan el ascenso y el descenso de los cuerpos y los cuerpos, 
    hay abismo. 
    Ahí cabe todo lo que se abre. Donde se abre, duele.
    Los cuerpos contienen filamentos trenzados, destrozados entre escombros de membranas y de hueso. 
    Filamentos que se cimbran, chillan y marean.

    Los hombres olvidan de qué trata la mecánica del aire.
    El dolor, una cuña que se apoya sobre el vientre y abre.

    La vida está presente y abre.
    La vida quiere hacerse y abre.
    La vida desciende, desvaría y abre.

    La apertura es muerte pequeña en forma de punzada. El dolor es apertura en lo rosa de la carne. La sombra es lo único visible de lo abierto. Su opacidad se pega al cuerpo, lo calienta. 
    Su opacidad es negrísima, peluda, es una réplica monstruosa de lo humano.

    Su aparición es un puntero sobre el mapa. 
    Una advertencia en flor morada, flor mordaz sobre el témpano de pieles.

    El dolor es una lámpara caliente sobre la superficie de los ojos.
    Una mueca indescifrable. Casi sonrisa lo que duele. 
    La sombra que se carga es siempre susceptible de romperse.

    Nota: Los cuerpos son presa perpetua de la vida. 
    Los goces más profundos los viven los cuerpos cuando se abren.





    Rosario Loperena nació en 1985. Vive en la Ciudad de México. Estudió en el Programa de Escritura Creativa de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Colabora para varias publicaciones impresas y electrónicas. Este año publicó el libro electrónico Alfabeto Visual. Mantiene un blog: www.chikipunk.tumblr.com.

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