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MINIFICCIÓN A veces abecés | Ángel Fuentes Balam



1
ANA ZOOFILIA

Ana Baila Como Chingada Diosa En Fiestas Genitales.
Horacio, Iluso, Junta Kilos, Lamentos, Miradas…
Nada.
Ñiquiñaque Odioso:
—¡Puta! —Quiere Rabiar.
Soledad Total.
Una Venganza: Whisky, Xilenol y Zoofilia.

2
ÁNGELA ZOZOBRA

Ángela Busca Culpables.
Chica Dura, Está Fatigada: Grita.
—Hija… —Imagina Jadear.
Kindergarden: Laceraciones.
—¿Mamá? —No. Ñublar, Ocultar.
Papá Que Rompe Su Tierno Útero:
—Ven.
Web: XXX. Yugo. Zozobra.  

3
¡AH, BESÉ!

Anda, Bridget: Cógeme. Chillarás Desnuda, Enferma:
—¡Fuck!
Gritaremos.
Hoy, Inmaculados Jodemos: Kafkianos: Lúdicos.
Metamorfosis Nuestro Ñaque.
Ósculos, Penetraciones.
—¿Qui-eres Ra-jár-mela? —Susurras.
—Todita.
Ufana Vagina.
—¡Wonderful!
Xenófilo Yo: Zahiero.

________
ÁNGEL FUENTES BALAM. Mérida, Yucatán. 1988. Director de teatro, escritor y actor. Fundador de Perros que parecen Laberinto, agrupación teatral independiente. Es autor de los libros: Melodía tu engranaje quieto (Editorial El Drenaje), Cruóris o la rabia que fuimos (Libros en Red) y Devoré el cráneo de Eros (Ediciones O). Productor y director de “Buqueic”, presentación de literatura pornográfica y violenta. Ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales.

CUENTO Lotería | José de Jesús Fitta García


I

Por un billete manchado, que pensaba perdido, a eso fue a su casa hace un rato. Ya ha de estar viendo la televisión.
Juan lo toma, se aferra a él con las manos ennegrecidas, tras volver del taller. Sucumbe, no lo cree. Mientras abre la puerta y guarda el billete en el bolsillo, las gotas resbalan por sus lentes amplios, que cubren totalmente sus ojos pequeños. Los limpia, para ver mejor, y apura el paso. Luego recordará que el paraguas lo olvidó en el baño, porque al llegar a la casa pensó que había demasiadas nubes, más que ayer.
            ¿De verdad crees que gane? Pon la radio.
No. Pero hay que esperar. Ya está conectada.
Espero que no tarde. Tenemos mucha chamba si gana.
Al caminar varios metros lejos de su hogar, las luces comenzaron a caer sobre su cuerpo. Es un momento del día en que la luz se torna tiniebla, noche. No ha desesperado. Con calma respira y continúa observando los anuncios alrededor, en las inmediaciones de la calle. Desde que era un niño, se imaginaba la idea de un carro importado. Su padre le comentó que esperaba comprar uno usado cuando se jubilara del taller mecánico.
Con dos puertas, hijo, una para el piloto, otra para el copiloto, y tú serás el copiloto que me acompañe por la carretera que en poco estará pavimentada, mientras tu hermana y tu mamá descansan en los asientos traseros.
Pero nunca lo hizo. No cumplió su palabra.
Ese cabrón ha ganado.
A ver, pendejo, pásame los números que te dictó.
Jamás lo volvió a ver. Terminaron buscándolo por la colonia, por la zona de los policías, en el basurero municipal. Creyó que lo habían atropellado y que su cuerpo estaba rodeado de personas que lo observaban con morbo por la sangre salpicada en el suelo, pero en cada camilla de hospital alguien más estaba en su lugar. Él no. Estaba desaparecido. Tras la cuarta semana de búsqueda, las esperanzas se desvanecieron. Su madre le leyó la carta que encontró en una de las mochilas de su padre.  
 No, estás mintiendo. Cómo va a hacer eso. No tomó ese maldito camión, mamá.
Va de nuevo: número diecisiete mil doscientos treinta y nueve, ¡cien mil pesos, cien mil pesos! ¡Premio mayor, premio mayor!
Aquellas memorias quedaron atrás; hoy parecía diferente. Después de la lluvia, llegó al taller para hablar con los muchachos. Hacía mucho frío. Encendió un cigarro de mariguana cuando los vio.
No mames, Juan, ¡muchas felicidades! Hermano, eso alegrará muchísimo a tu familia.   
Uno de los ayudantes guardó unas pinzas detrás de sí.

II

¿Y usted por qué va para el norte?
            —Necesito trabajar. En el pueblo ya no hay nada con que mantener a la familia.
            —¿Cuánta lana trae?
Se acercó a su oído y le susurró la cantidad.
Siento que es muy poco para que me ayude.
Con eso basta, amigo. Alcanza muy bien para ir allá. Usted tranquilo, en mis manos y con ayuda de la Virgen nadie se dará cuenta de nuestra presencia.
Muchas gracias, de verdad, compadre. Tengo muchas ilusiones de trabajar de ese lado. Así ayudaré a los míos.
No nos van a cachar.
La tierra es arena movediza: cuando los pies del padre de Juan al fin estaban dentro del carro, la sirena los alarmó a la mitad de la carretera, en la noche. Nadie le avisó cuando empezaron los balazos de la patrulla. Del interior salieron los que juraron que llegaría bien al otro lado, esos que iban adelante. Corrieron entre los matorrales. Él se quedó de lado, con una mano en el cristal.   
Un golpe, dos golpes, tres golpes, cuatro golpes, cinco golpes. El porro cayó al suelo y se apagó al instante.
¿En dónde está el billete?
Bolsillo. Revisa ahí. Ya no responde, de todos modos. Está sangrando mucho. Ya no reaccionará.
Maldita sea, sí es el mismo número.
Está muerto
¿Y ahora?
Ya valió verga.  Hay que deshacernos de él, aquí ni tiene familia, su madre y su hermana, según él, viven en un pueblo de Michoacán.
Michas y michas con todo, pues.
Los ayudantes de Juan levantaron su cuerpo y lo colocaron en el maletero. La bacha se consumía a la mitad de la carretera mientras el copiloto veía fijamente el boleto de lotería.

_________
JOSÉ DE JESÚS FITTA GARCÍA. Nació en Veracruz, México, en 1994 y radica en Puebla actualmente. Estudia Lingüística y Literatura. Edita en la revista Cuatro Patios. Fb: José Fitta García

POESÍA Resplandor del oro amanerado | Aleqs Garrigóz


INVITACIÓN 

Rompe la expectativa
y ven a posar desnudo para mí.
Haz la fiesta de mis hormonas. Dame oportunidad
de brillar entonces como una supernova
posada ya para siempre sobre tu techo...

Te quiero por lo que no tengo tuyo; e imagino:
una lluvia plateada tras muchas cervezas,
el pie amordazando mi boca,
la bragueta palpitando en mi cara... La orgía
con los más bellos de nuestros amigos,
el cigarro tras la diaria muerte pequeña. Y,
algún día, la cama conyugal
sin riñas posibles por las sábanas
ni hormigas que suban por migajas…

Ven a imitar la lubricidad del perro conmigo.
Ven a rodearme.

Ven a darme cucharaditas de ti cuando enfermo,
a exprimirte en mis caldos.
A contar conmigo los cabellos de la noche
y recobrar la inocencia en un juego de adultos.
Hazme la vida posible.

Ven escuchar de mí, al oído, palabras mágicas
que te hagan querer tocar estrellas con la mano:
mi poesía a la orilla del mundo…



LIMÍTROFE

(Vuelvo a caer en las trampas de tu sonrisa.
Vuelvo a ceder al resplandor de tu oro amanerado…)

Aún no sé
si podré darte algún día
mi diminuto tamaño envuelto en el mapa de mi cerebro,
mis recortes de esperanza
y la puerta aún cerrada de mi recto camino al bien,
para que hagas con ello lo que quieras…

Tampoco sé
si bajo las mismas bóvedas incandescentes de tu altar,
sigues proyectando tu sombra sobre mí
o si es que para abrigar mis feminoides ocupaciones
la he creado a semejanza de mi anhelo.

Hay mañanas
en que me visto con leve túnica de celofán,
imaginando que camino hasta tu puerta
y me dejo quedar allí, frente a tu sorpresa,
como si fuese una canasta de frutas maduras de la estación
o algo mejor que apurarías en el desayuno.

No hay nada más cierto entonces
que la necrosis de mis ojos que no te ven prender fuego a mis linos,
una muñeca llorando espinas. Y el tacón roto.

Pero, para enfrentar la irrealidad
de éstas y otras insolubles ecuaciones,
no basta amarte aún más con lo que es compresible de mi sueño.

Basta animarme a decírtelo en voz baja,
con precaución
y junto a una vela encendida.


ESAS MANOS QUE ME DESORDENAN

No te lo había dicho;
pero tus manos me crean teatro privado
de ensueño y morbosas proyecciones.
Me hacen pensar y pensar. Pensar en el amor:
¿Cuántas manos tuyas medirá mi espalda?
¿Cuántas palmadas tuyas bastarán en mis hombros
para que así me confirmes tu afinidad?

Hay veces que estoy más solo que siempre
y te recuerdo y me sorprendo recorriéndome la piel,
siempre hacía mi sur.

Pero no, no es suficiente esto.
Quiero estar tendido en tu cama
y que dibujes con tu mano en mi cuerpo geografías imposibles.
Y que allí, en sus pantanos lascivos y lechosos,
en sus densas humedades,
me hunda lentamente.

Tus manos no son del todo ordinarias:
son plantas carnívoras que aprisionan al insecto azul,
la patria de musgo, un equinoccio de laxitudes…
Su piel me habla secretamente de una ternura que no muere,
cuyos atributos exactos –mango, guanábana–
sólo pueden revelarse en el delirio.

Ya. Necesito que me toques.
Sálvame así de la locura,
de esta inquietud aniquilándome
en la que sólo es segura una palabra: DESEO.

Pero tú… Pero yo…
¿Para qué la distancia?
¿Por qué no, simple y sencillamente,
entregarnos a un duelo de caricias frenéticas,
a una auscultación más desesperada por esperada,
matándonos de placer de una buena vez?


ELOCUENCIA

En un zapato tuyo quisiera vivir,
minúsculo y ebrio de amor,
como una abeja histérica que sólo sabría decir tu nombre,
como un mosquito succionador de tu sangre…
En él cruzaría el océano remando tenazmente
hasta el borde de la desarticulación de mis brazos,
hasta la tierra en que encuentre la estatua erguida de tu cuerpo,
símbolo del poder y la fornicación violenta.

¿Por qué te amo tan bárbaramente
que quisiera que fueras un virus
para llevarte siempre dentro de mí,
manteniéndome enfermo, delirante de fiebres?
Llevarte como un cuchillo
que se clavara más y más en mi vientre con cada suspiro
para recordarme la ley ineludible del amor.

Pero ningún poema es suficiente
para decirte lo que sólo podría decirte
lamiendo tus testículos sudados…

No otra manera de ser. O soy de ti
¡o me extermino!

¡Que caiga una lluvia de fuego sobre toda bondad,
que un agujero negro engulla todo el universo
si nunca te vuelvo a ver…!

_________
ALEQS GARRIGÓZ (Puerto Vallarta, México; 1986). Es autor de los poemarios Abyección (2003), Páginas que caen (2008, 2013), Los hermosos ausentes (2016) y Galería del sueño (2017). Ha publicado poemas en medios de México y varios países hispanoamericanos. Poemas suyos han sido traducidos a cinco idiomas

POESÍA Las dunas guardan cerrojos | Edgar Loredo


TÓPICO URBANO

Al desfilar frente a inválidos escaparates,
un destello frívolo nos cautiva,
nos vuelve extensiones de su ceguera,
mientras por las costuras se nos escapan
el tacto, el cálido roce; lo que fuimos.

Hay pisadas que despejan el insomnio,
barandillas donde nadie se asoma,
pero todos se reconocen al oírse pasar.

Regurgita la mente en una lámpara,
desventura de la ausencia y del cristal.
se encienden gotas sobre la mejilla
y nuestras miradas chocan:
es un brindis, una reconciliación
que no exige perdón ni excusas.

Si el abrigo aguarda, ajeno a ti,
y luego cae como un falso telón,
¿quién ha de solicitar su compañía?

Extingue la distancia voz y rostro,
queda lo vivido como carta sin remitente
que circula con una posdata inconclusa.

Pérfidas sábanas nos aterran,
son ojos desorbitados, inmensos,
donde los cuerpos exultantes
nos resultan desconocidos.


MANSIÓN DEL RAYO

Pende sobre mí
una lluvia inerte de acero,
un martillo de golpe rumoroso
que hace añicos las ventanas salinas
y los zarpazos agónicos del mar.

Nadie reclama esta ínsula
ni su espumosa lengua que resbala
por los límites de Babel.

Todo cambia:
los escombros diurnos se retiran,
el fulgor nocturno nos custodia,
ascendiendo por los ruines bloques
hasta la corona de granito
donde culmina la aurora fatal.

Las dunas guardan cerrojos,
empujan las horas hacia el comienzo
donde no hay andamios que impidan crecer
y nadie traspasa los umbrales desconocidos,
arcos que se desmoronan tras la tormenta.

Huéspedes del día que se apartan enseguida,
persiguiendo lo vivido, su estela pérfida,
que ha de ponerse en marcha con recelo.

Se detiene, en fin, cualquier escalofrío
y apresura la luz estridente a subir
por la cúspide del vacío, espina dorsal,
que ha de volcarse hacia el precipicio,
fuera de control, conmocionada,
libre del destino, la rueca y sus alfileres.


________
EDGAR LOREDO (Ciudad de México, 1988), autor del poemario Cardinal (2015) y del volumen de cuentos Jaramagos (de próxima publicación). Corrector de estilo ocasional en algunas editoriales mexicanas. Ha publicado poemas en las revistas digitales Monolito, Aión, La Rabia del Axolotl, Nocturnario, Espora, Sinfín, A buen puerto, Efecto Antabús, Mimeógrafo y Palabrerías (México), Extrañas noches y Los palabristas de hoy y siempre (Argentina), Letralia (Venezuela), Cantera (Chile) y Trinando (Colombia). Redes sociales:  https://twitter.com/edgarloredo88; 
https://www.sotanopanoramico.wordpress.com

DE AQUÍ Y DE ALLÁ Entrevista a Juan Casamayor (Homenaje al Mérito Editorial, FIL 2017) | Manuel Vazquez


Durante el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se entregan un sinfín de premios dentro de los diversos ámbitos que engloban al mundo de las letras. En el marco de este suceso, se suele hacer también un Homenaje al Mérito Editorial, mismo que funge bajo las bases de reconocer a los grandes editores que día a día consolidan su visión en un oficio riguroso. Dentro de los galardonados con este reconocimiento se encuentran: Enrique Krauze, Jorge Herralde, Francisco Porrúa, Roberto Calasso, Alí Chumacero y Juan Casamayor con quien recientemente hemos tenido una entrevista para dialogar sobre los procesos que sigue de manera rigurosa para hacer de Páginas de Espuma una de las grandes editoriales de habla hispana.
JUAN CASAMAYOR (Madrid, 1968). Es licenciado en Filología Hispánica por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde realizó su doctorado en literatura española del siglo XVIII. En 1999 fundó junto con Encarnación Molina Páginas de Espuma, sello independiente que se ha convertido en la editorial de referencia en el género del cuento en castellano. Imparte clases en el Máster de Edición de la Universidad Autónoma de Madrid, y el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores de Madrid. Ha sido galardonado con el Homenaje al Mérito Editorial de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en su edición del 2017.
—Manuel Vazquez (MV): Lo felicito por el homenaje que se le ha otorgado, además también por ser el director de la editorial Páginas de espuma. Me gustaría comenzar con una frase que ayer se dijo en el homenaje que se le rindió, que dice, que el cuento ya no vende, pero como sabemos la editorial ha ido a contracorriente. ¿Por qué?

Juan Casamayor (JC): Es verdad que hace 25 o 30 años, esa frase pesaba muchísimo como una loza, esa sentencia “el cuento no vende” y había una contradicción en esa propia sentencia, porque por otro lado el cuento en español disfruta de una tradición muy hermosa, profunda, muy variada, muy rica. Entonces podemos concluir que no está en lo literario, en la falta de calidad o en la falta de creadores porque no se venda, parece que está en la actitud de los que lo deben vender, solo en la industria editorial. Páginas de Espuma, creo que ha sido un factor I-Max, mismo factor que está ahí en el mundo editorial, que ha podido convertir esa sentencia simplemente en algo que ha quedado atrás y poco a poco el cuento en todos estos años ha ido ganando otra vez, ese espacio de lectura, ese espacio en las librerías, ese espacio en los medios de comunicación, de tal forma que yo no me engaño, la novela es el gusto por ahora de primera opción y es el que más se está creando. El cuento ha venido otra vez a encontrarse con la situación que debía de haber tenido; yo creo que de aquí en adelante tendremos mayores creadores y una mayor sensibilidad editorial, misma que hará que los medios estén más atentos a los cuentos, por lo tanto, tenemos todo encima de la mesa para que esa frase quede totalmente enterrada.



— MV: Entonces es necesaria una exploración editorial, Páginas de Espuma publica autores clásicos y autores recientes, tomando en cuenta esto, la exploración editorial que ustedes hacen ¿cómo nace?

JC: Nace primero de donde debe nacer toda inquietud editorial, que es de la lectura. Creo que la única definición que debe tener un editor es que debe ser un lector, a partir de ahí podemos dar más definiciones por supuesto. El editor es quien comercializa los libros, es quien los promociones, pero la base que hay en la formación de un editor es que debe ser lector de aquello que publica; lector de dos orillas. No me refiero a las geográficas que son muy obvias, sino que de un lado están los clásicos y de otro los autores contemporáneos, y sobre todo estos últimos ya que tenemos a autores tan conocidos como Guadalupe Nettel, Jorge Volpi, Antonio Ortuño, Ana García Bergua, pero por otro lado tenemos gente que empieza, que publica por primera vez. Para la editorial es también una inyección de estímulo, hablo del autor que para él todo es nuevo, su mirada, su libro en una librería, la primera entrevista, la primera vez que deberá corregir las pruebas del libro. Es algo maravilloso, lo digo desde la convicción y obligación por parte del editor de iluminar aquella propuesta incipiente, que seguramente en el futuro va a ser parte de las lecturas o del universo de las lecturas que se tengan en español.

— MV: ¿Intuiciones entonces?

JC: Sí, intuiciones totalmente. Tenemos algo de riesgo, nada es seguro. Si supiera que este libro va a gustar a todo el mundo y todo el mundo hablará de él, posiblemente yo me iría ahora a tomar un vuelo a las Bahamas y haríamos la entrevista allá, pero el negocio no es así; este negocio tiene algo de intuitivo, de riesgo. Cuando era más joven era escalador y el riesgo de estar colgado de una cuerda, podría ser un buen símil para un editor, que está a veces colgado de esa cuerda que pende de la intuición, de poco a poco conformar un catálogo sólido y que allá más aciertos que errores. Si una editorial como Páginas de Espuma se equivocara tantas veces, seguro nuestros lectores nos hubieran dejado ya en el camino.


— MV: Es común escuchar aquí en la FIL y más exactamente en el pasillo de las editoriales independientes la siguiente premisa: “el mundo literario siempre se hace y se deja de hacer en función de los adversarios que se tienen enfrente”. Desde este sentido usted ¿cómo ve este mercado? ¿piensa en un futuro ligarse con una de las grande editoriales?

JC: Yo creo que Páginas de Espuma va a seguir existiendo como Páginas de Espuma. El ecosistema del libro en este momento tiene a dos grandes dinosaurios; de hecho, en los últimos 20 años, se han hecho más grandes y son por supuesto Planeta y Random House. Por supuesto, son tan grandes que no llegan a ocupar curiosamente los espacios más pequeños, quizá porque no caben, o quizá porque ni siquiera los ven. En ese espacio están los sellos independientes que son una realidad de la bibliodiversidad desde finales de los años 90 y no solo en México sino en España, Argentina o en Colombia. En cada una de estos lugares, hay grupos de editoriales independientes maravillosos que hacen un excelente trabajo y permiten que en el hábitat podamos convivir gratamente grandes y pequeños. Tanto las editoriales grandes e independientes tienen la capacidad para hacer de todo, pero de una forma distinta. Es esto lo maravilloso, y el futuro se va a definir dependiendo de cuanto más control tenga el editor sobre su tamaño, personalizar, por ejemplo, sus libros. Hoy en día con todo el cambio de la comunicación, de la información y de cómo la gente llega personalmente a lo que quiere y no quiere, en este caso, recibir información que no le interesa. Creo que esto será un punto imprescindible para poder hacer crecer la lectura de los textos de una editorial.

— MV: ¿Páginas de Espuma en que cuánto tiempo podría considerar en su catálogo traducción de autores que no hablan la lengua española?

JC: Es verdad que existe una asignatura pendiente, tienes razón, así como traducimos clásicos no hemos empezado a hacer una programación editorial continuada con cuento de otras lenguas, por ejemplo, qué cuentistas hay ahora en Francia o en Japón, en Alemania o Italia. Creo que es algo que llegará, que caerá con su peso. En su momento cayó toda esta línea clásica; si tú vas a publicar cuatro tomos de 1 000 páginas para publicar todo Chejov por primera vez en español, necesitas musculo financiero, buscar o hacer. Luego, por suerte, se vende muy bien, pero es muy caro. Cada volumen fácilmente llega a tener un precio de traducción de más de 40 mil euros para lanzarlo, entonces eso supone que la editorial haya crecido. Ahora hemos empezado con una línea ilustrada, donde hemos seleccionado un gran cuento de un escritor importante y lo ilustramos de tal forma que se crea un único lenguaje entre la palabra del escritor y la imagen del ilustrador. A mediano plazo, puedo estar hablando de siete años, podríamos considerar la posibilidad seria de hacer un programa de edición con autores extranjeros.

— MV: ¿Qué le hace falta a Páginas de Espuma?

JC: Mira que la pregunta está bien, ya que muchas veces te preguntan que por qué has ganado el premio, y siempre te dicen un poco lo mismo. La pregunta qué le falta a una editorial, obliga a algo que el editor no debe perder nunca de vista y menos en estos tiempos en que todo va tan deprisa. Lo obliga a estar constantemente atento a los cambios que hay, a reinventarse. Y esto es necesario. ¿Qué nos puede faltar? Te diría que quizá una mayor presencia en países más pequeñitos. Hecho de menos que así como en Colombia, Argentina, Chile o México, o en Uruguay, Ecuador o Perú donde la presencia es muy fuerte, que en países de Centroamérica, no estemos. Este verano he estado ahí mismo y he conocido la realidad de la región donde países como El salvador o Honduras, no tienen nuestros libros, y me gustaría buscar una forma de que nuestros libros lleguen ahí, pero no sólo los nuestros libros si no que llegue el editor y contacte con los escritores de allí. Esta es una asignatura pendiente de Páginas de Espuma, esa realidad centroamericana. El próximo año voy a Nicaragua espero que funcione por ahí bien.

— MV: Desde lo antes dicho, un tiraje mínimo o un tiraje máximo, puede o alzar costos o reducirlos, pero ¿en algún momento podremos ver libros de Páginas de Espuma en pequeño formato?

JC: Tengo mis dudas, primero porque en español, así como en otros países en donde la edición de bolsillo es como un paso muy claro de muchas editoriales, incluso hay de tapa dura, rustica y luego el bolsillo, y no tienen por qué ser grandes grupos, en español el bolsillo parece que es patrimonio de grandes grupos, salvo el compacto Anagrama o Salamandra. No es lo más habitual. Si es que hay acuerdos con esas líneas de libros de bolsillo es probable que las editoriales independientes podamos introducir libros en ese formato; ese paso se dará porque algunos libros se venden muy bien, pero me da un poco de reparo.

            28 de noviembre de 2017.
Guadalajara, Jalisco.
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MANUEL VAZQUEZ (Guadalajara, 1996). Es estudiante de la Licenciatura en Estudios Liberales por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado sus textos en La gaceta de la Universidad de Guadalajara, en la edición digital de la Revista Magis del ITESO y en el blog HOMOZAPPING. Fb. Manuel Vazquez, Twitter. @1996_josemanuel

Imágenes |  Lisbeth Salas || Milenio, Diario de Sevilla, El Universal

RESEÑA Relatos reales, el libro de la crónica periodística de Javier Cercas | Ramón Ventura Esqueda


Después de darme una tregua en meses pasados a la lectura consecutiva de tres novelas y dos libros de ensayos del escritor catalán Javier Cercas, y con una óptica distante, para sentir menos ese gusto casi febril por la obra de este autor, escribo ahora sobre uno de los textos leídos en ese periodo y que más me ha llegado. Hablo del libro Relatos reales, un texto de la crónica periodística de Javier Cercas.
Entre Julio y agosto del pasado 2017 me di a la tarea de leer todo lo que encontrara de Javier Cercas; después de la lectura de El monarca de las sombras, la segunda novela que leí de este autor, quise darme el gusto de recorrer su camino narrativo, leyendo su obra. Leí entonces las novelas: La velocidad de la luz, Las leyes de la frontera y entre estas dos, el libro que ahora me ocupa, Relatos reales. También leí sin aún concluirla, la novela El impostor y otros dos libros que están por ahí a la espera: El punto ciego que es también un libro de ensayos que ya inicié su lectura y Anatomía de un instante que me llegó como regalo de navidad.
Ahora bien. ¿Por qué tiene para mí tanta importancia el reseñar el libro de Relatos reales? Porque para mí es un libro muy extraño. Cuando llegó el paquete de Gandhi lo separé de los demás haciéndolo de lado, ya que no era una novela y lo dejé para después. Lo pedí así nada más, por ser de Javier Cercas y me llevé una sorpresa. Éste se inicia con un prólogo lleno de seriedad y humor, o de un humor muy serio a lo mejor, en donde Javier cercas nos da una cátedra sobre lo real y lo ficticio de la narrativa, dice Javier Cercas que: “…escribir, consiste entre otras cosas, en fabricarse una identidad, un rostro que al mismo tiempo es y no es el nuestro, igual que una máscara.” En el prólogo nos dice también que las crónicas las publicó en el diario El país en la sección titulada “La crónica”.  Cercas, también escribe, que son crónicas “bastante felices” y que “…toda buena crónica aspira a participar de una triple condición: La del poema, la del ensayo y la del relato” aunque aclara que las suyas “renuncian de antemano a las dos primeras categorías, en sus mejores momentos propenden tal vez de la última. De hecho, acaso puedan leerse, una a una, (…) como relatos reales. No porque hablen de la realeza, (…) sino porque se ciñen a la realidad.” Para finalizar el prólogo, con suma modestia, escribe: “Es verdad que me divertí mucho escribiéndolas, y que me daría por satisfecho si consiguiera transmitirle a algún lector un poco de esa alegría”.
En la estructura central de este libro las crónicas están ordenadas en una “TABLA” y no en un índice, dividiendose en cuatro bloques según el tema: Cosas que pasan, Los vivos, Los muertos, Cosas raras, y una crónica solitaria a manera de epílogo, La novia perdida, donde el autor afirma “…que escribir es una forma nueva y más honda de leer.”
Inicié la lectura de este libro como un descanso entre las novelas de este autor, desde la óptica que menciono líneas arriba; ahora me parece un libro fresco, sin duda alegre, culto y con mucho oficio en su escritura, son relatos compactos y hechos para los lectores de “El País” viajando en el metro, los que esperan el autobús recargados en un poste, o los arriesgados que lo leerán a saltos frente al semáforo en rojo. ¿Qué logra el autor? Hacer que cada una de las crónicas aquí leídas sea una especie de fast-reading de la literatura.

________
RAMÓN VENTURA ESQUEDA (Colima, 1955). Arquitecto de formación por la Universidad Autónoma del Estado de México. Miembro de los talleres literarios de la Casa de la Cultura coordinados por Víctor Manuel Cárdenas 1981/82. Museógrafo diplomado en Arte Mexicano, con un master en Diseño Bioclimático. Ha publicado en los periódicos colimenses Diario de Colima, Ecos de la Costa, El Comentario y la revista Palapa en su primera época. Coautor en el libro Carlos Mijares Bracho Maestro Universitario distinguido, en los volúmenes I, II, III y IV de la colección Puntal. Ha participado con crónica en los volúmenes II, III, IV y VI de los coloquios regionales de Crónica, historia y narrativa. Actualmente publica en el suplemento “El Comentario Semanal” del periódico el Comentario de la Universidad de Colima, la columna “De ocio y arquitectura”.

MONOGRÁFICA LAGUNA Angélica López Gándara: “No me aferro a ningún punto de vista, antes bien, lo cuestiono” | Luisa Fernanda Seceñas Pineda y Bertha Denisse Muñoz Pérez


Angélica López Gándara, nació en Francisco I. Madero, Dgo. en 1964. El peor de los pecados, es su primer libro de cuentos. Ha recibido el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en los años 2000 y 2015 y el Premio Estatal de Periodismo de Coahuila, 2016 y 2017. Perteneció al taller literario de Saúl Rosales. Escribe cuento y ensayo. Es colaboradora regular de la revista Siglo Nuevo, del periódico El Siglo de Torreón. Su entrevista con Elena Poniatowska fue traducida al griego y publicada en la revista Koralli de Atenas. Ha publicado en las revistas: Estepa del Nazas, Acequias, Cultura de Veracruz, La Manzana, Confabulario (suplemento cultural del periódico El Universal) y en el periódico Reforma
Actualmente cursa la Maestría en Apreciación y creación Literaria en Casa Lamm en Cd. de México. Es médica egresada de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C.
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Monográfica Laguna tiene el propósito de rendir homenaje a escritores, artistas visuales, fotógrafos, músicos... así como a proyectos culturales y de difusión que contribuyen o han contribuido en el desarrollo cultural de la Comarca lagunera. En esta ocasión, entrevistamos a la escritora Angélica López Gándara. Entre otros puntos, revisamos su trabajo periodístico, así como el difícil camino de la mujer en el ámbito de las letras.

—LUISA FERNANDA SECEÑAS PINEDA Y BERTHA DENISSE MUÑOZ PÉREZ (LFSP Y BDMP): ¿Qué la acercó a la literatura? 

—ANGÉLICA LÓPEZ GÁNDARA (ALG): Fue algo misterioso, realmente no tengo claro que fue. Yo leía desde niña y estaba cercana a la literatura pero no de una manera definitiva. Mi papá era bibliotecario y llevaba libros a la casa a reparar y yo los hojeaba. Él, a veces, nos regalaba libros aunque pienso que no fue una influencia muy fuerte, aunque sí tuve contacto físico y sí leía libros.
  En secundaria leí cosas de las que después me di cuenta que no tenían valor literario, pero también, tuve contacto con la literatura enfocada a un público adulto, sobre todo con Herman Hesse; Hesse fue de mis primeras lecturas más literarias. En preparatoria, además de cumplir con la materia de literatura tuve contacto con otro tipo de lecturas mucho más formales y de otro nivel. Cuando cursé la carrera de medicina me dediqué por completo a ella y leía otro tipo de lecturas. Empecé a leer bastante cuando me casé, leí toda la obra de García Márquez, Carlos Puentes, Vargas Llosa; leía la literatura que se generaba en ese momento. Cuando amamantaba a mis hijos seguía leyendo y de pronto dije: “tengo ganas de escribir”.
  Comencé a escribir artículos. Me incorporé al taller del maestro Saúl Rosales pero aún no me queda claro cómo llegué a la literatura y cómo comencé a escribir.


—LFSP Y BDMP: ¿Se identifica con el estilo de algún escritor?

—ALG: Seguramente tengo influencias que no reconozco; no podría decirte de alguien que me guste como articulista o de un estilo en particular. Como cuentista te diré que hay muchos narradores con quienes me identifico, narradores del siglo XIX. Pienso, por ejemplo, en autores como Dostoievski, Tolstoi, Gustave Flaubert, Oscar Wilde. De Wilde he leído toda su obra. Como articulistas, más que un estilo, busco una escritura ligera aunque hable de temas serios.

—LFSP Y BDMP: ¿Cuándo es el momento más indicado para escribir? ¿Cuándo pasa un acontecimiento o tiempo después? 

—ALG: Se debe escribir cuando el acontecimiento esté ocurriendo. Lo que sucede, por ejemplo, en Siglo Nuevo (revista cultural del periódico El Siglo de Torreón), es que lo escrito se publica mes y medio después. ¿Qué consecuencias hay en ello? Que las impresiones primarias que tuve del tema ya cambiaron, el hecho evolucionó y por ello, también, el punto de vista. Y debe ocurrir así, lo ideal, es que las circunstancias de un hecho vayan cambiando aunque, desafortunadamente, las personas no cambien su percepción.

—LFSP Y BDMP: ¿En su texto “Nueve semanas después”, los perros representan a los humanos? ¿Por qué decidió usar perros para argumentar el cuento?

—ALG: El incesto es considerado como un acto inmoral, ilegal también, pero sobre todo inmoral. La idea del cuento surgió porque ocurrió el incesto entre mis perritos y no me gustaba. Es algo normal para los criadores de perros, conservar la pureza de la raza, características específicas; en lo personal me provoca rechazo y eso fue el detonante para escribir el cuento. No como algo moralizante, si no como una inquietud necesaria para generar ideas.

—LFSP Y BDMP: ¿Qué opina sobre las supersticiones o las creencias de poder ver el futuro de una persona mediante el tarot, “leer” el café, o La Rumpología o lectura de nalgas, ésta última, como tema principal del artículo que escribió para Diario Reforma (5 de noviembre de 2017)?

—ALG: Yo creo que hay mucho misterio en la vida. En esta etapa de mi vida siempre creo que hay un misterio, no se puede explicar científicamente todo, hay cierta magia o ciertas cosas que pueden decirnos algo del futuro. Creo que nada pasa sin anunciarse y ese misterio va más allá de nuestra comprensión. Antes, era muy escéptica de las predicciones, el tarot, etc. Ahora acepto que hay gente que puede ver más allá de lo que muchas veces no se puede entender.


—LFSP Y BDMP: Con respecto a el artículo que escribió sobre Angélica Rivera ¿pudo haberse inmiscuido en algún problema? 

—ALG: Cuando uno escribe a veces no tiene conciencia de que puede molestar a alguien, tal vez porque se tiene la idea de que no lo leerán. Yo nunca pensé que pudiera tener algún problema y nunca lo tuve. Con las redes sociales, hay mucha crítica al gobierno y todo mundo habla mal de éste, y a la mayoría no les pasa nada, solo a los que exponen cosas nuevas. A gente que expone cosas realmente muy comprometedoras, entonces sí les surgen represalias. Se debe tener un sentido crítico siempre ante los sucesos políticos y sociales.

—LFSP Y BDMP: ¿Qué tan difícil es ser mujer en el periodismo?

—ALG:  Es más difícil para la mujer. A la mujer generalmente le pagan menos que a los hombres. La batalla comienza desde el hecho de decir “soy mujer”. Siempre hay el prejuicio de que como es señora casada y con hijos pues su criterio no va más mas allá. Su criterio esta más reducido, no ve otros puntos de vista. No es así, en mi caso, no me aferro a ningún punto de vista, antes bien, lo cuestiono.

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—LFSP Y BDMP: Cómo prefiere llamarla ¿Literatura femenina o simplemente literatura? ¿Debe haber una separación entre literatura femenina y masculina?

—ALG: La buena literatura puede ser de un hombre o de una mujer. Por ello, pienso que esas fronteras entre una y otra deben borrarse. Hablemos más bien de escribir desde la condición de ser mujer. Además, muchos autores varones han logrado escribir desde el punto de vista femenino; se disocian totalmente de lo que son y pues esos son los grandes escritores.


—LFSP Y BDMP: ¿En qué se encuentra trabajando ahora? ¿Proyectos, libros, etc.?

—ALG: Estoy haciendo un libro de cuentos y comencé una novela. Mi libro de cuentos es muy diferente al que publiqué hace algunos años (El peor de los pecados); he leído más, he escrito más y eso habla de otro tipo de madurez.

—LFSP Y BDMP: ¿Cuál es el estado de salud de la literatura de la laguna? ¿Qué opinión tiene al respecto? ¿Hay algún consejo que desearía dar a los futuros escritores?

—ALG: Creo que tiene un buen nivel, hay muy buenos escritores aquí. Aquí hay mucha gente que ha salido de la región y le ha ido muy bien; hay, quienes no, pero desde aquí producen su obra. Mi consejo es que no hay herramienta más fuerte que la lectura. Pues a leer, leer de verdad. Leer buena literatura. No digo que no lean libros de superación personal, pero no se queden ahí. Es necesario dar el salto hacia los grandes escritores.


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DENISSE MUÑOZ PÉREZ Y LUISA FERNANDA SECEÑAS PINEDA. Alumnas del último semestre de preparatoria, Colegio Aleman Torreón.

CUENTO Sivatha | Marcela Patricia Zárate Fernández


El otoño ha llegado desde hace tres semanas y la piscina se encuentra llena de hojas difuntas, hace apenas unos días mantenían sus colores rojos o amarillos pendidos de los árboles. Aunque son pocos, quizá seis, todavía se ven lotos que adornan las jardineras cerca del camino de piedras negras que conduce a esta finca. Esta casa de campo es un regalo de mi tía, ella no tuvo hijos y quiso dejarme amparada con un puñado de ladrillos y jardines que lo adornan.
            Estoy sentada frente a la ventana y pienso que ya no hay muchas familias como la mía. El abolengo de mis antepasados ha llegado hasta hoy. Esta genética burguesa provocó que yo tuviera las mismas enseñanzas que mis abuelas, tías y mi madre por esta razón permanecí por varios años estudiando en un colegio dirigido por las religiosas con quienes las mujeres de mi familia habían estudiado en su infancia y juventud. Esa institución era una tradición así que no hubo para mí otra opción más que ser parte de las pupilas de la congregación del Sagrado Corazón. Mis padres querían que yo mantuviera la fe católica pero sobre todo me educara para ser una digna representante de la familia además, ya llegada la edad, convertirme en una madre amorosa que continuaría las acciones de una buena samaritana. Y así fue, todo fue siguiendo su curso exactamente como lo habían planeado mis padres hasta que, a los dieciséis años, realicé mi primer viaje sin ellos.
            Mi tía me invitó a alejarme de mis zonas conocidas así que partimos a Camboya. Definitivamente ella querían hacer de mí una mujer de buena voluntad, igual que aquellas quienes aparecen en los periódicos de los eventos dedicados a la ayuda altruista. Cuando regresé al colegio, mis compañeras se mantenían en la niñez que yo recién había dejado en la calle Sivatha. El primer día de clases, después de los veranos de viajes, era normal que en el receso platicáramos de los acontecimientos que habían sucedido durante las vacaciones. Este año, la mayoría de mis compañeras fueron a Europa, sobre todo a Francia, porque sigue siendo una creencia que las mujeres de nuestro nivel social y económico no deben solamente saber lo elemental sino también tienen la obligación de cultivarse en ciertos conocimientos sobre arte e diferentes idiomas para de esta manera corresponder, a su debido tiempo, a las exigencias que tendrán como esposas de funcionarios públicos o empresarios. A mis padres no les interesaba en ese momento que yo me educara de esa manera, ya mi hermana mayor estaba casada con un miembro activo del partido político en el poder así que esta situación me dio la libertad de elegir viajes o situaciones alternativas. Me mantuve escuchando por unos minutos las aventuras de mis compañeras las cuales se enfocaban en tiendas y compras, cafeterías y restaurantes en donde se reunían a charlar con los hijos de intelectuales, diplomáticos o empresarios.
            Yo permanecí callada, únicamente oía y, al momento que yo debí externar mi opinión sobre el exotismo de un país que no era una diversión ni interés para mis amigas decidí centrar mi atención en los lugares típicos, sobre todo les describí el mercado nocturno de Siem Reap y el Angkor Wat. Evité hablar de la comida o cultura, no tenía ningún caso ahondar sobre estos temas que a mis interlocutoras tan poco les importaba, para ellas todo debía parecer salido de un aparador para poder disfrutarlo con todos los sentidos: olor, vista, tacto, oído y gusto, es decir oler y verse bien, consistencia perfecta, nombre y sabor europeo. Al paso de mi narración, no les mencioné que en el mes que estuve en Camboya de súbito comencé a contemplar cualquier elemento que estaba a mi alrededor, no entré en detalles aunque al paso de las semanas mis compañeras y las religiosas comenzaron a notar mis cambios. Definitivamente, ese viaje había ido más allá de lo ordinario, abrió mi curiosidad y mis sentidos, me otorgó lo que ahora he descubierto a partir de la lejanía y mi práctica del dibujo. Mis padres también fueron observando mi estado de alejamiento así que, por miedo a que estuviera metida en el New Age o drogas, inspeccionaron mi recámara centímetro por centímetro pero no encontraron nada, solamente había fotos de mi viaje y algunas artesanías que había comprado. La prefecta del colegio, sor Luz, les comentó a mis padres que posiblemente la experiencia entre pobres y desprotegidos había sido esclarecedor para mí así que, quizá, me encontraba perfilando mi vida para dedicarla al sacrificio y misión al servicio de los más necesitados. De inmediato mi familia se alegró por la noticia: una hija casada con un futuro diplomático y yo una religiosa buscando la salvación de todos. Dentro de la sociedad en la que vivimos no podían pedir nada más.   
            Pero la realidad era otra, así que desde mi regreso de Camboya decidí abocarme en la práctica del dibujo para poderme mantener al margen de lo que se estaba planeando de mi vida. Pasaba horas en el estudio que mi padre me acondicionó para mi nuevo pasatiempo ya que su única hija en casa merecía tener el espacio necesario para seguir con sus recién reconocidas vocaciones: la vida contemplativa y el arte. Me mantuve por un par de años así, salía de la escuela y el chofer me esperaba para llevarme a casa donde usualmente comía en la cocina en estado de inspiración. Después iba a mi estudio y, a media tarde, mi nana me llevaba el postre que sabe que me gusta: galletas adornadas con frutas secas que ella misma hacía. Cuando entraba al estudio, la Nana Isa se ponía a mi lado mientras yo realizaba modelos de dibujos y, a veces, yo no la tomaba en cuenta porque la vida contemplativa me tenía absorta y me perdía por horas recordando aquella presencia en la calle Sivatha. Era normal que, llegada la noche, comenzara a crear algo, o hablando exactamente, trataba de recrear lo que había visto cerca de Siem Reap. No quería olvidar aquel instante, sin embargo me resultaba imposible captar en mi sensibilidad ese momento, no podía expresarlo y más se adentraba en mí.
            Después de dos años, al terminar la preparatoria, decidí tomarme un año para pensar que iba a hacer después de mis estudios básicos. Fue un cambio drástico para las religiosas del colegio y para mis padres quienes estaban seguros que, terminando mis clases, iría a pedir su autorización para recluirme en el convento y tomar los hábitos para después disponerme a visitar países pobres y mantener la contemplación que me acercara más a Dios. Fue hasta ese momento cuando me di cuenta de que los años anteriores la gente a mi alrededor me había preparado un camino que, por alguna razón, yo no tenía ninguna intención de seguir. Nunca me sentí más alejada de los dictámenes religiosos que en esos años.
            Mi familia asumió esta decisión pero no estaban de acuerdo con ella. Tomé un par de maletas y el carro que mi padre me compró para que yo pudiera regresar a casa cuando lo necesitara. Un martes por la mañana me vine a la casa de campo que mi tía me regaló al graduarme, la Nana Isa me ha acompañado. Desde hace cuatro meses llegué y paso el mayor tiempo posible en la finca, salgo a caminar a los alrededores y solamente voy en carro a la tienda que se encuentra a 17 kilómetros de aquí, es un establecimiento muy elemental que vende los alimentos básicos para comidas sencillas. La Nana Isa le ha sabido sacar provecho y lleva la lista para comprar lo que más me gusta, todos los días me mantiene con un régimen alimenticio perfecto y sus postres no faltan en las tardes frente a mis bocetos. Yo sigo tratando de mejorar mi técnica de dibujo aunque la mayoría de las veces rompo lo que produzco, normalmente son malas reproducciones de los lotos que mi tía, como amante de ciertas culturas asiáticas, plantó en la jardinera que se encuentra cerca de la piscina.          
            En este lugar alejado de la ciudad, el otoño trae sonidos de viento que obliga a las hojas a desvanecerse entre algunas gotas de agua. La lluvia me ha dado otra razón para no salir de la casa y quedarme cerca de la ventana para no perder el estado de contemplación que me seduce a dormitar. Hoy, me he resistido a dejarme llevar por el sueño y me concentré en el agua que se va llevando a las hojas difuntas. Me encuentro pensado en mi familia, mi educación y el viaje a Camboya mientras las ventanas se encuentran llenas de gotas que se pegan al vidrio para después desplazarse a los vierteaguas. Es en este momento cuando aparece, entre lo muerto y la humedad, el cabello grueso y negro de la mujer que estaba afuera del Siem Reap y a quien perseguí varios minutos por la calle Sivatha. Desde que apareció delante de mí, me impresionó su escultural  tranquilidad de su rostro el cual se encontraba tenuemente iluminado por las luces neón de los negocios instalados en las avenidas. Recuerdo sus pasos cortos y sus delgados brazos además, en mi memoria, se va reconstruyendo con nitidez la imagen de cómo su vestido anaranjado se pegaba a sus piernas y sus senos, el bochorno del verano provocaba que el sudor surgiera por todo su cuerpo y las transparencias dejaban ver una silueta que yo deseaba tocar. Justo ahora que  el sonido de la lluvia intensa está golpeando las tejas del jardín y mis recuerdos, me voy despertando de mi letargo y la comienzo a dibujar. Me encuentro regresando a mí, a la persona que se había quedado instalada hace dos años en una calle saturada de gente en Camboya, me siento ansiosa por el cuerpo de la mujer, estoy seducida por la imagen que evoco de ella, sobre todo de sus límites que se perdieron en ráfagas de luces estridentes y los cientos de personas con quienes ella fluía sin dificultad. Mi estado de contemplación, en el cual estuve un par de años, está disminuyendo en el instante cuando dibujo la línea entre su vientre y su cuello.

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MARCELA PATRICIA ZÁRATE FERNÁNDEZ. Investigadora mexicana, profesora de español y escritora. Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA). Doctora en Español y Portugués por la University of New Mexico (UNM) y Maestra en Literatura Hispánica por la University of Arizona (UOFA).
Sus líneas de investigación abarcan la literatura latinoamericana del siglo XX y XXI, especialmente la escritura de autoras, literatura de la migración, memoria y olvido en la literatura e historia latinoamericana, cine latinoamericano y estudios feministas. Autora de ensayo Mientras no llegue el olvido: escrituras sobre el exilio de Luis Enrique Délano, Tununa Mercado y Saúl Ibargoyen (Universidad Autónoma de Zacatecas / Ediciones y Gráficos Eón, 2016).