Fernando Carabajal, las etapas intensas de sólo escribir



Bitácora de vuelos, entrevistó al escritor Fernando Carabajal. De él, también publicaremos un ebook en la colección poética "Aire Violeta". El intemperista, es el título de la publicación. Éste y la curiosidad fueron los motivos de la conversación. Le agradecemos profundamente su disposición para responder a nuestras interrogantes que aquí, por razones inexplicables, desaparecen.


¿Definición? de la poesía

El tiempo de la escritura es distinto al de quien la ejecuta. Los escritos van siempre adelantados -es decir solos- algunos días o algunos años, sobretodo en mi caso que produzco una obra también visual aunque no necesariamente proveniente o causante de lo literario. En este desfase y hasta entonces la poesía cobra forma y reclama sitio. La posible invención se presenta ante la lectura en la voz interior, que creo no es la misma que dicta el texto, y entonces resuena en ese momento nuevo aunque tenga ya tiempo de haber emergido. En tal caso la poesía es su propia sombra, pasa el día, pasan los años y es el instante breve del presente el que determina su cause y su volumetría. No me preocupa al escribir el pretexto, en ese sentido, aunque mantengo mis problemas frescos para cuando hagan falta. La figura del hombre que se ha de parecer a mí pero que no soy yo, que no alcanzo a ser nunca y que, posiblemente, sólo mi muerte junte, es a veces quien ejecuta los actos del poemario en turno, las situaciones que allí ocurren se van hallando solas, geográficamente en un intento de exactitud a través de las palabras, del no-lugar que la poesía ocupa y desocupa sin cesar, y que relaciona todas las escalas de personas y cosas.

La lectura, su inducción

Posiblemente la lectura siempre fue inducida por los lugares más que por las personas. Es una cuestión que responde a estímulo atmosférico y que vincula lo que ocurre en ese justo momento con las posibilidades que esto otorga. El orden fue algo que siempre me pareció una herramienta más que un sistema claustrofóbico, así que en situaciones como asistir a la universidad, trabajar en un despacho o tener mi propio estudio las condicionantes propician más que marginar. Mi escritura es un conjunto de cosas anudadas a una libreta, que a su vez crece sobre de una mesa, que a su vez estructura toda una habitación, etc. Esa plataforma es a veces la que funciona más que los elementos que se dicen en un escrito. Lo escrito son tangencias, choques, incidentes que yo me dedico a detener, observar o circular. Siempre me han influenciado los textos más que las historias y las voces más que las palabras, así que mis guías provienen de cuestiones tan rígidas y teóricas como de informalismos populares. Tengo predilección por los diagramas biológicos o la teoría teatral, por el Cine y por la Historia. También insisto y persisto mucho en las lenguas extranjeras, en la traducción pero sobretodo en eso que no se puede traducir, en la pura fonética y en la pantomima que es la pronunciación de algo que no es tuyo pero por lo cual disfrutas esa distancia y anonimato. Es algo que concientiza mi trabajo literario y también visual.

El nacimiento de la escritura

Comencé a escribir por la necesidad de leer y, además, en voz alta. Supe que hay muchas voces que uno mismo produce y que algunas de ellas no se  dan a través de la boca; y que las palabras antes que pronunciarse deben escribirse para hacerlas ciertas, para darles espacio y permanencia. Escribir entonces fue mi mayor y mejor esfuerzo para comunicarme, previo al dibujo o el objeto, y fue determinado por distancias reales que eran recorridas en carta o telegrama. El ver una publicación mía siempre es extraño, toma tiempo reconocer que ese contenido en un formato libro proviene de ti porque es demasiado limpio, no huele a tus cuadernos ni pesa en la mano lo que tan bien recuerdas. Comúnmente un libro llega en un momento ajeno a la escritura, que tiene que ver quizá más con el momento que la enésima relectura genera y con el momento de ser escuchado así o quizá ser traducido. El quehacer editorial procuro no vivirlo. Es interesante esperar qué objeto provoca bajo la perspectiva de quien lo ha elegido para publicarlo bajo sus propios intereses. Y dedicar un libro, por ejemplo, me parece absurdo. Yo siempre les dibujo mejor un elefante. Es gratitud y buenos deseos.

A punto de 

Mi día, desde adolescente, comienza 5:30 am. Bebo café y leo noticias del lugar en que vivo en ese momento y de México. Juego un poco en el twitter. Reviso lo escrito el día anterior o dibujo. Y el resto del día nunca es tan rutinario aunque sí ordenado prefiriendo la primera mitad del día pues a mi vista no le viene bien la luz artificial. El dónde escribir depende mucho de los proyectos en artes visuales que tenga en el momento o del sitio en que me encuentre, el cual determina dónde escribo. En este libro publicado por Bitácora de Vuelos hubo ocasiones en que realmente estaba a pie de playa, intentando hacer un sistema que registrara tanto el peso como el movimineto de las olas. Tengo una bitácora de trabajo siempre conmigo y el ipad por si hace falta vaciar algo de otra manera o revisar lo archivado. También es verdad que escribo en etapas intensas de sólo escribir. Quizá sea de ese modo por la urgencia de entender. Un libro usualmente se compone de varias de estas etapas distanciadas por meses. Cada libro se conforma de distintas dudas, es una relación de ellas.

El intemperista

El intemperista es un fragmentado bloque que intenta pensar y hacer coincidir distintos momentos cuando la escritura quizá no podía aún llamarse lenguaje sino herramental, y que han sido figurados bajo dos ángulos del ficcionario universal: el bíblico, en la idea de un diluvio en que todo recomienza, y el novelístico, en la idea del náufrago que todo lo ha perdido y todo es capaz de rehacer. Comenzó en 2003 durante mis estudios en artes visuales, en esos talleres y en ese silencio rodeado de cosas que yo iba apareciendo sobre mi mesa de trabajo sin pretensión, en el simple ejercicio diario a través de materiales y sustancias varios. El poema a veces contacta ese lugar hablando de sus criaturas o espacios aunque la verdadera enseñanza –a la distancia- haya sido quizá en relación a ese momento cero en que nada existe y todo puede existir, y que el lenguaje y sus palabras pueden causar y delimitar. La necesidad de decir, de ser dicho por otro para estar, de nombrar y de alterar para comenzar una línea de tiempo que al bifurcarse produce la Historia pero también la propia vida.

Hoy

En literatura tengo una novela en proceso, que es una deconstrucción del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson; un libro de poemas pendiente de publicación, otro más buscando dónde publicarle llamado Mientras se hace la disección, y otro que llevo escribiendo desde 2008 llamado Dos recámaras, sala-comedor, cocina y baño.


FERNANDO CARABAJAL nació en Chicago en 1973. Naturalizado mexicano es egresado de la ENPEG La Esmeralda y de la UNAM como diseñador industrial. A la par de las artes visuales se dedica a la poesía y la prosa, la reseña y la crítica de arte. Su obra plástica se encuentra en diversas colecciones de América y Europa. Ha publicado los libros Fragmentos de circo (UAM-1999) y Cuadernos y márgenes (Ediciones Acapulco-2011). Ha sido becario de Jóvenes Creadores-FONCA en 2006 y miembro del Sistema Nacional de Creadores de 2011 a 2014. Es fundador del Colectivo Viernes, colaborador de Arte al Día Internacional y docente del seminario de Arte Contemporáneo en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Vive y trabaja en Hamburgo, Alemania, Santa Cruz, Bolivia y la Ciudad de México.

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