ESCAFANDRA La persona más importante de mi vida | Blanca Vázquez

Resulta que yo, aquella que no se quería tanto por el sexo, color y olor, es ya una presencia querida, incluso dispuesta a convivir conmigo en armonía hasta el último dolor de la muerte.
Graciela Hierro
“Me sentía muy bien, en realidad. Era extraño sentir cómo me celaba, podía observar a quién me miraba y me tomaba del brazo y me llevaba a otro lado. Me protegía creo. Me llenaba de palabras lindas. No. Nadie me las decía. Consideraba que era hermosa y hasta inteligente. Bueno, yo no me sentía tonta, pero que alguien como él me lo dijera, vaya me hacía sentir verdaderamente inteligente. Cuando no estaba con él y yo tenía que trabajar, me llamaba para preguntarme dónde estaba, que si estaba revolcándome con este o aquel en algún hotel…. Claro que no me agradaba, pero me decía que eran celos, que me quería, que me amaba…yo le creía.”

La violencia contra la mujer es una violación total a los derechos humanos, que no sólo puede pensarse que se ejerce con violencia física; en ella se encuentran la discriminación, la desigualdad, la violencia sexual, psicológica y patrimonial, la trata y el acoso. En estas situaciones se encuentran más del 70% de las mujeres en todo el mundo. Y no es una moda o un fastidio que las mujeres salgan a la calle a manifestarse, que hagan declaraciones, que exijan igualdad, equidad, respeto.

“Si pudiera diría que no lo amo. Pero no es así, a veces pienso que aún lo extraño. Pero ya no podía seguir con todo eso. Una  vez fuimos a “hacer el amor” a un hotel y de pronto se levantó, luego de haberme dicho que era yo la mujer de su vida, que era su luz y otras cosas de verdad que tengo aquí en mi cabeza, pero así como si nada se vistió y me dijo que se iba porque no quería que lo vieran salir conmigo.”

En nuestro país, tenemos una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia desde diciembre de 2006, en la cual el Estado mexicano está obligado a intervenir de forma directa para evitar y erradicar la violencia contra las mujeres, siempre conforme a los principios de igualdad y no discriminación. No importan los discursos en torno al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer si quienes cada 25 de noviembre sólo los expresan por la forma y no por el fondo. Los grupos políticos deben entender que es una urgencia humana atender la problemática. Por eso miles de mujeres en México –y en todas partes del mundo–  salieron a manifestarse a las calles. Y no, no es un solo día en que lo hacen, están conscientes cada día de estas injusticias, porque cada día son don, cuatro o más mujeres desaparecidas, muertas, violadas o torturadas; cada día a todas horas existe acoso callejero, te lanzan un piropo que denigra y hasta toquetean. Existe una violencia doméstica que se detecta pero cuánto trabajo para que ésta se pueda denunciar.

“Sentía que el día duraba menos, es que él me llamaba a todas horas, sentía tan bonito que alguien pensara en mi. Me arreglaba para él, me gustaban sus besos y cómo me decía Amor, luego de un momento a otro se molestaba si le decía que un actor me gustaba y me aventaba por allá. Quería entenderlo siempre, me amaba.”

La violencia ejercida hacia las mujeres debe estar presente en las acciones de las políticas públicas, pero de una manera seria, las personas que están en cargos públicos deben tener en cuenta que no es una moda, una exigencia ridícula, sino deben abrir los sentidos y entender que esta realidad inmersa en muchas otras realidades no puede ser justificada o pensada desde una acción. Hoy gracias a todas las luchas, manifestaciones y levantamiento de voz de otras, de mis antepasadas estoy frente a este ordenador, estudio, trabajo, ejerzo mi sexualidad con libertad, decido sobre mi cuerpo y puedo decir lo que pienso. A todas ellas tengo que agradecerles que nunca hayan dejado de creer en que somos seres humanos mujeres y hombres, y que ambos tenemos derechos.

Ser mujer no significa que entiendas que lo eres, a veces es un proceso doloroso que cuando una se descubre se da cuenta de todo lo que ha pasado por aceptar condiciones culturales que nos han impuesto conforme a nuestro sexo. El deber ser para otros está tan arraigado que una revolución de emociones trastoca la corporalidad, pero sobre todo el pensar. Hoy tengo deudas con todas las que salen a marchar, con quienes hacen verdaderas leyes, quienes se atreven a decir alto a la violencia, quienes ejercen profesiones u oficios aunque les hayan dicho que no se podía…  a quien tiene valor de decirse soy mujer, me sé mujer. Una feminista de tiempo completo.

“Sí, me amo. Creo que hoy soy la persona más importante de mi vida.”

Para leer
1. Graciela Hierro. Me confieso mujer. (2004).México: DEMAC
2. Simone de Beaouvoir. Una mujer rota (2002).México: Edhasa
3. Doris Lessing. La grieta. (2008)  México: LUMEN
4. Alice Munro. La vida de las mujeres. (2013).  México: DeBolsillo


BLANCA VÁZQUEZ nació en el Distrito Federal, en 1973. Su vida ha transcurrido en el estado suriano de Guerrero. Estudió Literatura Hispanoamericana y es maestra en Estudios Socioterritoriales y doctorante de Literatura. Ha publicado Los letargos de Artume (La Tarántula Dormida); Ojos de lechuza (Rojo Siena) y El corazón en la mano (Editorial Fridaura). Imparte clases en la Universidad Autónoma de Guerrero. Email: itasavi1@hotmail.com

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