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    DIARIO La primera vez que fui una llama | Yaazkal Ruiz C.


    Son las sensaciones que empiezan dentro del cuerpo, una especie de ardor, una especie de vacío. A Bogart le hablé de mis sensaciones y supo entender. La adolescencia es un ardor inconmensurable. A él le sucedía lo mismo.
            Salimos de la escuela y nos subimos al autobús. Nos dirigimos a su casa, él había dejado la casa de su padrastro a los 16 años, lo que lo obligaba a trabajar y a estudiar.
             Bogart se portó muy tranquilo. Lo primero que hizo fue agarrarme de la cintura y acercarme a sus labios. Fue un beso muy tierno. Yo quería que las llamas nos quemaran pero como era mi primera vez, dejé que el me condujera por ese universo de sensaciones.
             Viví las caricias y el dolor.
             Cuando Bogart me penetró hubo sangre y dolor. Escuché cómo esa parte se abría y aunque él quiso detenerse, le pedí que continuará pero más despacio. Y así lo hizo. Luego, nos quedamos tirados en la cama, muy tranquilos. Escuchando la ciudad a lo lejos y nuestra respiración.
             Llegó la noche y seguíamos tumbados. Yo pensaba muchas cosas, como por ejemplo, mi vida con él. Pero en este asunto de las llamas, los días pasan más rápido, hasta que los universos se apagan de manera definitiva.

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