LIBRO Oscura prosa de vulgar latín (Selección poética), de Gustavo Alatorre


Pocos libros en la poesía contemporánea –y posiblemente en la literatura en general– asumen el reto de construirse bajo una poética compleja, profunda y altamente ambiciosa en materia estética, este es el caso del último libro de Gustavo Alatorre. No es un poemario hermético, cabe mencionarlo, ni así lo pretende el autor; es un libro inmerso en la búsqueda de un lector cultivado y sensible, consciente de su historia y su paso efímero en el mundo; es un libro profundo, eso sí.
A partir del papel del conocimiento mágico de la adivinación en la vida de occidente, el autor va hilando su historia personal con personajes fundamentales para construir una nueva estética de la adivinación: Anaid Barca, nieta ficticia del personaje histórico Aníbal Barca; Ame Yoru, la amante cifrada en el I Ching; las hijas del autor, el padre y el científico croata caído en desgracia: Nikola Tesla.
La adivinación por aire, o por elementos aéreos: las aves, las nubes, la lluvia, el viento, la niebla, el relámpago; permiten al poeta romper la línea de la realidad y situar el poemario en una ensoñación donde le es posible vislumbrar el futuro, predecirlo o sentenciarlo. Más que un juego retórico, el poemario mismo es un papiro adivinatorio, complejo y altamente emocional.
Si una característica ha guiado la escritura del poeta a lo largo de sus libros, ha sido la emoción y la carga vivencial: la poesía amorosa en Guardar el infierno (2009) y en Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (2014); la poesía elegiaca por el hijo muerto en Epístolas mayores o el Libro de la oscuridad (2015); y este libro no es la excepción. El alcoholismo, el amor paternal y una terrible manía por un lirismo trágico, resaltan su más noble bondad y función: el poderoso acto adivinatorio.
Quien acerque sus ojos al libro, no estará en presencia de un poemario común y ordinario, estará en presencia de una materia adivinatoria viva; que le será vedada o revelada, si es que carece o posee dos características primordiales para leer este libro: la intuición y la apertura al conocimiento mágico.

Oscura prosa de vulgar latín
Gustavo Alatorre
Editorial Mantra, 2017
Editor: Edgardo León Mantra


SELECCIÓN POÉTICA
Breves actos adivinatorios para incendiar el mundo

El fuego siempre ha sido, y al parecer, seguirá siendo siempre,
el más terrible de los elementos.
Harry Houdini


1. BAJO UNA FLOR EN EL RÍO MURA

*

Mi nombre es Nikola Tesla.
Genio de nacimiento, decidí quemar mi vida
para honrar a mi madre.
El relámpago me hablaba
y la temperatura del mar golpeaba mis ojos de cisne.
Iluminado y trágico,
virgen como esas noches oscuras,
la fiebre de los ríos suavizó mi alma para entender el cielo
y decapitarlo.

Mi nombre es Nikola Tesla,
yo soy la luz del mundo…

*

Ahogado en el río Mura,
todas las eternidades cayeron en mí.
De niño miraba cielos que devoraban estrellas, fragmentos
de asteroides que se estrellaban en la pared de la fiebre
mientras mi madre untaba el río de mi boca con un desierto.
Creyente de vidas pasadas, conocí Praga
una tarde con sol, conocí un jardín oscuro en Budapest
donde sonaron planetas y peruvianas enormes,
y mi cuerpo degustó la eternidad.
Mi nombre es Nikola Tesla,
convulso y niño:
Yo soy la luz del mundo…

*

Ochenta y cuatro y este es el año mortal.
Los números de mis ojos anotan lo que mis manos no pueden
mientras descifro en el aire la frecuencia del mundo.
El número tres me habla de lluvia.
Las tormentas golpean sobre el ariete del cosmos
y un fantasma hace las veces de mi persona:
la luz entre pilares, la resistencia del viento,
son ya una maravilla del Brooklyn.
MI nombre es Nikola Tesla,
presencia y aparición:
Yo soy la luz del mundo…


2. POEMA PARA LEERSE DE FINAL A PRINCIPIO

*

Zagreb me volvió fantasma,
ahora comparto contigo mis visiones:
nadie cree la palabra de un muerto,
nadie conoce los intervalos del mar.
Como la luz que yace en la tierra
                                     (La convulsión)
es una flor que nace despacio
en los jardines del tiempo,
es una flor que ilumina
la oscuridad del alma.


3. ESTETOGRAMA DE LA TORMENTA

*

Bajo Manhattan Skyline,
una mujer dora en la nieve un pedazo de diario.
Su corazón es un territorio que usa mi cuerpo
para aliviar el frío.
Joven y hermosa,
traída a este siglo por la tormenta que la destruye,
poco de ella quedará para quemar el mundo.
Por eso yo creo
en los relámpagos,
en su camino
de vieja adivinación.
Porque un relámpago habla, sueña y conspira
con la frecuencia del árbol y la visión de la lluvia.
Mi nombre es Nikola Tesla,
bajo Manhattan Skyline:
Yo soy la luz del mundo…

*

Para medir una tormenta que asecha en la oscuridad del tiempo,
habrá que tener un estetograma.
Marcado con el número seis,  
el mío indica seis veces la velocidad de la ardea,
seis veces el pensamiento convulso, la iluminación
y la peste que va dejando
el carruaje del hombre.
El número seis me habla de apariciones,
por eso creo en los fantasmas,
en su manera sencilla de hacer vibrar una rosa,
una puerta en silencio,
una ventana que da a la tarde como se espera la lluvia:
el incendio de un alabastro dirá mi muerte.
Marcado con el número seis,
Yo soy Nikola Tesla.


4. COMO UN FANTASMA, UNA FLOR DE HIROSHIMA

*

De niño soñaba con barcos
que nacían de la lengua de mis tempestades.
Veloz como la brisa,
la canción de cuna fue para mí un cometa
que sacudió mi mente:
El mundo en el que nacemos
está limitado al diálogo de los sentidos;
por eso lo quemo en silencio.
Lo borro del espejo de los hombres para que
arda en su memoria.
Como una flor de Hiroshima,
como un ahogado en el río Mura,
mi tarea en esta tierra es la del relámpago:
Iluminar el árbol,
arder en silencio,
y quemar todo lo bello de las flores.

*

Con una máquina para inducir el sueño y registrar tormentas,
navego sobre los nervios de Dios.
Presente como un fantasma,
hermoso como una dracena,
mi destino fue el de quemar estrellas y evitar la eternidad.
Azul como el cielo de Nueva York en este día,
el corazón de una mujer
acaricia mis labios como una hoja de invierno.
Su amor es un milagro que jamás me darán los dioses.
Por eso yo creo en el mundo,
en su manera feroz de imantar el aura de las flores,
de hacer brotar del campo la neblina y las carreteras.
La ciudad merece una suerte mejor,
una caricia de freno y melancolía.
Decapitarla en este siglo,
incendiar cada una de sus calles,
es principio de pocos:
Perdido en el cielo de Nueva York,
con la llave del universo en mi última tristeza:
Mi nombre es Nikola Tesla…

*

Nueve y último y los astros que se leían con el mar
se han alineado.
El augurio del viento,
la predicción de la ardea,
son ya una tormenta en el corazón de mi alma.
Como un hijo que regresa al olvido,
como el relámpago que nadie sueña,
mi fantasma será el secreto de los días:
El número nueve me habla del fuego.
Para incendiar el mundo,
como último acto adivinatorio,
es necesario decirlo:
Mi nombre es Nikola Tesla,
trágico y olvidado:
Yo fui la luz del mundo…


GUSTAVO ALATORRE (Ciudad de México, 1979). Poeta, ensayista y estudiante de doctorado en Letras por la UNAM. Tiene publicado el libro de poesía Guardar el infierno (Fridaura, 2009), Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (Fá Editorial, 2014), Epístolas mayores o el libro de la oscuridad (Versodestierro, 2015) y Oscura Prosa de Vulgar Latín (Mantra, 2017). Cuenta con diversos premios literarios tales como el Premio Universitario de poesía Décima Muerte convocado por la UNAM en sus emisiones 2006 y 2012; Los Juegos Florales Universitarios convocados por la UASLP en 2008; primer lugar en el Campeón de campeones del Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero en  2016  y el segundo lugar en el concurso de Ensayo Literario Punto de Partida en 2015, entre otros. Director de la Editorial Dulcecalavera y organizador del Encuentro Nacional de Poesía Max Rojas Ciudad de México.

1 comentario:

  1. Más allá de las palabras, la poesía de Gustavo seduce, enamora y deleita. Felicidades.

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