VI

Una última cosa,
si el corazón resiste el cansancio de mirar cómo se aleja,
ella que resista por ambos, que sonría,
que eleve el rostro sobre de mí.
Que sepa que cuando la lluvia de cristales
le dé la espalda,
y que a la hora en que los cuervos den altas
rondas por la calle
con la desfachatez de la indiferencia
y nada signifique sino un grupo de letras…
que no piense que no hay nadie emergiendo
con la espuma de la noche cerrada;
que nunca desista de reconocer las marcas
de mis manos encerrando el corazón que le he entregado,
la virtud de la fidelidad perfecta…
De cualquier manera, en esta distancia,
no lo uso.

Ella vera el mundo, y será;
yo cuidaré por siempre mis pasos,
alguna sombra me dará cobijo.


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