La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada.
Miguel de Cervantes

En la red de Mark Zuckerberg tengo 1 989 amigos, qué tal, una lista enorme para una mortal como yo y un número estratosférico para saber que el 99% de ellos no saben ni quién soy. Mucho se dice que las amistades se cuentan con la palma de la mano, aún no lo sé de cierto, dijera Sabines. Lo que sí creo es que la amistad como valor y como sentimiento ha influido en la vida de todos los seres humanos y gracias a ella también tenemos libros extraordinarios que versan sobre ella. Herman Hesse en Demian nos muestra el lazo que entablan Emil Sinclair y Max Demian, un relato donde un adolescente le muestra otras formas de observar la vida al otro, y aunque a veces duelen las opiniones produce una revolución existencial.

Durante cien años y más, Europa no ha hecho más que estudiar y construir fábricas. Todos saben con exactitud cuántos gramos de pólvora se necesitan para matar a un hombre; pero no saben siquiera cómo se pasa un rato divertido. ¡Mira las tabernas de los estudiantes! O un lugar de diversión donde se reúne gente rica. ¡Desesperante! Querido Sinclair, de esto no puede salir nada alegre. [1]

Muchas veces las personas se alejan cuando uno no les dice lo que quieren oír, o bien, uno no hace lo que ellos desean que hagamos, en eso no estriba la amistad, la amistad requiere confianza y respeto, y deben estar en ambas personas, si lo que se busca es un clon de nosotros eso no es amistad, es un homenaje a la egolatría, más vale sentirse mal un rato que regodearse en la mentira, todo ser humano tiene virtudes y defectos, por eso hemos de amarles y entenderles.
        Cuando se vive en la niñez se tienen amistades creo verdaderas, se dicen las cosas sin miedo y se riñe o deja de hablar un momento para que al otro ya se esté compartiendo la paleta, ahora la Tablet o bien jugando un volado. Al volvernos adultos vamos ocultando nuestras emociones porque se nos ha dicho que si lo hacemos estaremos en peligro, podrán saber nuestras debilidades y así herirnos, por eso nos educan a acallar eso que llevamos dentro y nos colocamos en una suerte de aparador de convenciones sociales, pienso entonces en El Principito, donde el personaje del que no van narrando visita diversos planetas y observa los vicios y temores humanos, pero sin duda me gusta su encuentro con el zorro.

Todas las personas mayores fueron al principio niños. Aunque pocas de ellas lo recuerdan.
No se debe valorar a la gente por lo que tiene sino por lo que es. [2]

En ese mismo encuentro nos menciona cómo las palabras se tergiversan y se resignifican según quien las profiere o bien quien las escucha, las palabras duelen y lastiman lo más profundo del ser… tanto que a veces no podemos olvidarlas o pasan a formar parte de nuestra memoria inmediata. Fitzgerald decía en una de sus entrevistas que se procurara mostrar nuestra amistad a la gente durante su vida y no después de muertos; ustedes han acudido a velorios donde algunos exclamas: Era mi amigo, buena persona, no lo veía hace años, pero...”.
        La amistad es o no es, por ello creo que los 1,989 que tengo es Facebook deberían tener otro nombre, sé que no saben qué color es mi favorito, qué me encanta que me regalen o por qué es que tengo episodios de tristeza, todos ven la cara amable de la red, creen la fotos que subo y hasta imaginarán mil historias de vida, aunque eso confieso resultaría interesante para alguna investigación social, pero bueno, esa es otra historia. Podríamos definir qué es un amigo y sé que sería una definición diferente en cada uno de nosotros, quizá en algunos puntos concordemos o en otros de plano disintamos, pondría yo mi puntual interés en algo que Oscar Wilde refería, “cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo; pero simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima” y sí, tanto nos han dicho que hay envidia de la buena que se envidia y no, no hay envidia buena o mala, es envidia y creo que en la amistad uno se congratula con el bien del otro que se ha ofrecido sin tapujos.
        La literatura es tan maravillosa que nos ofrece tantos títulos y nos permite escoger sobre qué queremos leer; de algo no tengan duda, tanto nuestros antepasados como nuestros contemporáneos siguen teniendo las mismas alegrías y aflicciones humanas. Nada humano nos es ajeno ¿no? Vamos, dígannos que es un amigo para ustedes o de plano ¿creen que no hay?

Recomendamos que lean:
Mendiola, Víctor Manuel. 4 para Lulú, Alfaguara, México,2012.
Yoshimoto, Banana. Kitchen, MaxiTusquets, México, 2012.
Auster, Paul. Tombuctú, SeixBarral, México, 2012.


Foto de Helena Lopes de Pexels

[1] Hesse, Hermann. Demian, Alianza Editorial, Madrid,2006.
[2] De Saint-Exupéry, Antoine. El Principito, Alianza Editorial, Madrid, 1971.


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