Destino de las palabras


Navegamos los días
y las palabras viajan hasta darnos la mano 
las palabras incendio
                                en los labios insomnes
las palabras incendio
                                festín de fuego para el solitario.

¿Qué destino para las palabras? 

Se recomienza siempre y se vuelve 
a la palabra primitiva
                                la que ata
y nos seduce
                   viva
                         temblorosa
                                          cálida
como una mano en la espalda desnuda 
o la tibieza de un cuerpo no besado.



Tres poemas para Efraín Huerta


Unas pequeñas: nostálgicas palabras al pie 
de una fotografía

Ella, con su sonrisa que todo lo desarma

hubiera sido sin lugar a dudas
una de tus mujeres predilectas.
El más joven amor
con sus rubios cabellos y su asombro.

Trataría de indagar tus secretos, 

abriría tus ocultas cajitas de madera 
como ahora toca tus amados cocodrilos.

No llegaste a conocer sus besos apretados. 

Empezabas a amarla lejana todavía 
cuando ella no hubiera sabido cómo 
    responder en tu idioma 
a todas las historias que le hubieras contado.

Pero a pesar de eso 

puedo verla sentada en tus rodillas 
cubriéndola amorosa tu mirada 
a ella, la rodeada de ternura 
la pequeña
               Varenka.


Bala expansiva


Nadie supo jamás su nombre, Efraín.
Con paso firme avanzó hacia ti y colocó en tu féretro
una rosa y una bala.
Hizo una brevísima guardia y se marchó por el sitio
    por donde había llegado.

El hombre –salido apenas de la adolescencia–

dio en el blanco perfecto.


Los frutos cotidianos

Cuchillito de plata
afila las entrañas
para que el que te vea huya
y deje de acosar tu casa

Defenderás lo tuyo
eso que fuiste construyendo lento
con amor cotidiano
esas palabras
y también los silencios
que sólo a ti pertenecen

Iridiscente
tu amor nos acompaña
nos alimenta como un alga marina.
El universo es tu morada
y tú eres la medida de todas las cosas
y las cosas son a tu medida

Las otras transcurrieron nomás
como el verano
un solo fruto dieron
en su tiempo.
Yo soy afortunada:
recogí las cosechas una a una
y el árbol no ha cesado de ofrecerme
en tu nombre los frutos cotidianos.


Foto de la autora: Contrareplica.mx
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THELMA NAVA. (Ciudad de México, 25 de noviembre de 1932 - Canadá, 17 de agosto de 2019) . Poeta. Estudió Literatura, Redacción y Estilo en el cme, en la Casa del Lago y Letras Modernas en la FFyL de la UNAM. Ha sido directora de Editorial Patria Grande y de Pájaro Cascabel; trabajadora del programa cultural del ISSSTE; cofundadora de El Rehilete; miembro de los consejos de redacción de Manatí y Xilote y de la dirección colectiva de La Brújula en el Bolsillo. Colaboradora de Cuadernos del Viento, El Búho, El Cocodrilo Poeta, El Financiero, El Gallo Ilustrado, El Nacional, El Rehilete, La Brújula en el Bolsillo, La Cultura en México, Manatí, Metáfora, Novedades, Ovaciones, Pájaro Cascabel, Periódico de Poesía, Plural, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México, Siempre!, y Xilote. Premio de Poesía Ramón López Velarde 1962. Presea Rosario Castellanos 1993, Chiapas. Más información en ELEM.MX