El texto de Mary Shelley es considerado para muchos como el primer escrito sobre ciencia ficción. La ciencia ficción, como tal, es cuando la fantasía juega con la realidad y puede generar en el futuro una cierta veracidad. Digamos que siempre tiene que haber una explicación científica, incluso en fenómenos extraordinarios, como la creación de un nuevo ser, a partir de cuerpos mutilados ya fallecidos.
       Mary Shelley no ha sido la única que ha tenido cierta curiosidad por seres animados. Siempre se ha hablado de todo tipo de criaturas, que se pueden asemejar a la figura creada por el doctor Frankenstein. Los cybors, los robots, los autómatas, las cabezas parlantes. En Wikipedia (https://bit.ly/2OigHpM) hay un artículo interesante sobre los autómatas.
       El ser humano siempre ha cuestionado la relación del cuerpo físico con el alma o psique, para los escépticos. ¿Dónde está el alma? ¿En el cuerpo o en la cabeza? Esta última pregunta se empezó a plantear en el caso curioso de la guillotina, una máquina paradójicamente perfecta. Dudas sobre cuándo acaba la vida y empieza la muerte, debido a aquellos perturbadores reflejos posteriores de las cabezas decapitadas. ¿El muerto todavía piensa?
       Otro análisis muy interesante está en la reflexión sobre el papel femenino en la ciencia ficción. Existe dos síndromes muy característicos dentro del género: el síndrome de Pandora y el síndrome de Galatea. Estos síndromes se enmarcan en la obra Patologías de la realidad virtual. Cibercultura y ciencia ficción, de la autora Teresa López-Pellisa. A raíz de diversos textos a lo largo de la historia de la literatura fantástica donde se trata el cuerpo de la mujer como un objeto, donde la visión siempre es masculina. El surgimiento de la mujer para dar placer al hombre se rompe en el texto escrito por Shelley. Ésta plantea la cuestión sobre el padre que abandona a su criatura, una sociedad que no lo acepta, pero qué pasaría si el monstruo hubiese sido mujer... Seguramente habría una relación incestuosa y sexual entre el creador y la bestia (Agalmatofília).
       El doctor en su afán de ser dios no es consciente de sus actos. Es, tras el despertar de su criatura; cuando ve su fracaso, su inmadurez emocional, ya que no sabe cómo gestionar su propia obra, su propio monstruo. Esta inmadurez emocional lo lleva al fracaso y la pregunta sería si esa inmadurez se puede aplicar a la humanidad en su total y si el crear seres posthumanos nos llevará al mismo rechazo que le produjo al doctor Frankenstein ante su criatura. ¿Son los creadores monstruos en sí?
       Este tema tan central, como son las emociones, ha sido quitado del imaginario popular sobre la obra de Shelley. No se habla sobre el déficit emocional por parte del doctor y de la sociedad ante el nuevo ser, quien abre los ojos a un mundo que lo rechaza y lo aparte con crueldad por ser diferente. Se empatiza mucho más con la criatura que con los humanos. Esto es signo de que debemos reflexionar sobre la necesidad de que tomemos mayor consciencia de que si somos capaces de crear nuevos seres, también tenemos que ser capaces de reconocernos ante un espejo para ver si realmente podemos gestionar todo esto. O al final seremos como aquella sociedad victoriana de la novela, que ante el horror de la creación por parte de un miembro suyo, sólo se tapa los ojos y no quiera VER la realidad.
Como dijo Stephen Hawking: "el desarrollo de una inteligencia artificial completa podría significar el fin de la raza humana".
Para finalizar mi opinión sobre la obra de Mary Shelley dejo algunas películas que espero que podáis verlas, disfrutar y pensar:

1. Frankenstein (1931) James Whale
2. El jovencito Frankenstein (1974) Mel Brooks
3. El espíritu de la colmena (1973) Víctor Erice
4. Her (2013) Spike Jonze
5. Ex-Machina (2015) Alex Garland
6. The Stepford Wives (1975) y su remake de 2004
7. *Capítulo 1 Temporada 2 The Black Mirrow

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