Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este "eso", y experimento entonces un gran reposo.

Cuando una termina de leer leer este fragmento de Virginia Wook, tomado de Diario de una escritora, no queda duda de que la vida es una constante búsqueda. Caminamos, nos tropezamos o caemos bajo la noche, bajo la luna. Sin embargo, la lectura y la escritura nos tienden la mano. Son, por decirlo de algún modo, una ruta de escape. ¿Y quién nos puede quitar esa posibilidad? Nadie ni nada. La escritura está para curarnos y para salvarnos. Así dice mi editora y creo en sus palabras, que no dudo, haya tomado de Virginia. 

Nada ni nadie puede detener la libertad de nuestro espíritu y de nuestra mente. 

Nada ni nadie, arrebatar nuestros sueños; aunque estemos dormidas, nadie, ni nada debería atreverse a cortarlos. 

Nada ni nadie puede decirme qué hacer. Eso lo decido yo. ¿Quién se atreve a negarme la escritura? Retomo a Wolf: "Escribid, mujeres, escribid, que durante mucho tiempo se nos fue negado". Y además, nadie debería escribir bajo el nombre de "Anónimo", aunque "Anónimo", represente a una mujer. 

Nada ni nadie, puede callarnos. Nunca más: "Cuántas mujeres olvidadas porque ellas mismas ni siquiera pudieron, pueden o podrán decir: esta boca es mía, este cuerpo es mío, esto es lo que yo pienso".

Para finalizar, comparto con ustedes, la única grabación conocida de Virginia Woolf. ¡Disfruten de esta escritora de intenso activismo feminista!


Virginia Woolf (Adeline Virginia Stephen; Londres, Reino Unido, 1882 - Lewes, id., 1941), figura junto con el de James Joyce, Thomas Mann o Franz Kafka entre los grandes renovadores de la novela moderna. Experimentando con la estructura temporal y espacial de la narración, perfeccionó en sus novelas el monólogo interior, procedimiento por el que se intenta representar los pensamientos de un personaje en su forma primigenia, en su fluir inconsciente, tal y como surgen en la mente. Algunas de sus obras más famosas, como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) o Las olas (1931), ejemplifican este recurso mediante un poderoso lenguaje narrativo en el que se equilibran perfectamente el mundo racional y el irracional.