En esta obra el poeta nos invita tomar el caleidoscopio y a enfocar nuestros sentidos y pensamiento en un color poderoso y místico: el púrpura, y con él recordar signos de nuestra humanidad, de cristiandad y de realeza y poder de grandes imperios de la Antigüedad. Una vez colocado nuestro ojo, a través de esa luz (o radiación electromagnética), la mirada se enfoca en una ciudad que puede ser al mismo tiempo un lugar de esplendor o de ruina para sí mismo y los otros, puede llamarse Ciudad Amatista, Ciudad Juárez, o la que prefiera el lector.
        Esta obra compuesta de cinco apartados: “Límites violetas”, “Antiguas tradiciones”, “Romances”, “Acaso un giro” y “Portafolios”, desde el inicio de su primera sección comparte con el lector su diálogo con otros autores, visible en los epígrafes de David Huerta, “La persona es un intermedio púrpura” de “Adefesio de Amsterdam” y de Juan de Dios Peza  con los versos de “En las ruinas de Mitla”: “Sabio audaz no inquieras nada, /que no sabrás más que yo;/ aquí una raza vivió/ heroica y civilizada;/ extinta o degenerada,/ sin nombre y sin poder, de su misterioso ser aquí el esplendor se esconde y aquí solo Dios responde/  ¡y Dios no ha de responder!”. Desde este primer signo se vislumbra la tradición e influencias del poeta reflejadas tanto en el asunto como en la forma de su versificación.
        En “Límites violetas” las imágenes proponen un juego cromático y sonoro cuyos matices se traducen en el tono de emoción de cada poema, una muestra de ello el poema 4 de esta serie:
 
Una ventana cruza el desierto,
Tiembla cintilante la mentira
        Granos de angustia
        revelados en la nada.
Esquina del regreso,
        noche sin tropiezo maquillada.
Violeta celeste.
        Lluvia de níquel enamorada.
 
Los poemas desvelan una voluntad por presentar un paisaje mítico y actual a la vez, así como Mitla fue para Juan Dios Peza, ahora Ciudad Juárez podría ser el Valle de los muertos de Marlon Martínez Vela con una recreación de signos cristianos como el muro de los lamentos, como en el poema 19:
 
Exuda la pared
        morada
lamentables ignominias
 
Y en poema 20, la imagen teje un rito de ofrenda con un mestizaje cultural de referentes cristianos que recuerdan la serpiente del Edén y el rito de la comunión del cáliz y el vino; y por la parte, prehispánica, la ofrenda y el sacrificio ritual.
 
Desliza serpiente mundana
entre muladar de sombra y ceniza,
arrastra sempiternas fauces.
Tobillo.
        Cráneo de sentidos.
Mordida oscura temblorosa.
Mortero violeta derramado.
 
Los referentes cristianos y bíblicos se presentan como un rasgo de la poética de Marlon, una muestra este fragmento del poema 22 donde se recuerda el pasaje del Libro de Ezequiel:
 
Occipucio ardiente
        del terror inagotable.
Valle de Ezequiel
        sin profeta.
 
Continuando con la tradición del poeta, también está presente en el interés del color púrpura para desarrollar un tema, así descubrimos una línea comunicante con la obra del poeta Ramón López Velarde, específicamente con poema “La mancha de púrpura” del libro Zozobra (1919).
        Y si damos la vuelta al caleidoscopio también podemos encontrar en este poemario referentes relacionados con otros poetas de lengua inglesa como Dylan Thomas, como el símbolo de “la máscara” en el poema 18 de “Límites violetas”, enseguida vendrá a nuestra memoria la función teatral, y el guiño con el poema “Oh, make me a mask”, verso con el que a su vez termina el cuento de “El perseguidor” de Julio Cortázar. Las influencias literarias del poeta lejos de ser una repetición o imitación son una recreación que invita al lector a profundizar en la obra de Marlon.
        Respecto a la forma “Púrpura liminaria” ofrece un amplio registro de versificación que va desde el verso libre pasando por las formas clásicas como endecasílabos y romances octosílabos hasta la prosa poética. Esta variedad de formas estará presente en las secciones “Antiguas tradiciones” y “Romances”.
        El poeta ofrece enRomances” y en “Acaso un giro” su propia versión postmoderna del trovador o juglar que nos canta los pasajes de una guerra contra el narcotráfico y que entre verso y verso aparecen los actores de la misma. Hay una voluntad del poeta desde los recursos poéticos de hablar de asuntos que suceden en la realidad, ahí un ejemplo de la función social que propone el poeta y que lo ubica una vez más como el cantor no solo de sus emociones y pensamientos, sino de los de un pueblo.
        En tanto en “Portafolios” encontraremos esos referentes cotidianos post modernos con los que convive el poeta, y en ese microcosmos, también se descubren los afectos, los resquicios de una ciudad que construye y deconstruye el poeta a través de imágenes provocadoras y a su vez nostálgicas. Sus referentes de su generación están presentes.
        Finalmente, antes de que el sol caiga y desaparezca la luz púrpura sirvan estas líneas para incitar al lector a devorar este poemario, a buscarlo por el ciberespacio y demandarle al poeta Marlon un siguiente libro.