CUENTO El mundo de ensueño | Melissa Cornejo Rivera


Alguna vez había sido una mujer bella. De rostro fino, la piel tan suave como la seda, los ojos almendrados, nariz puntiaguda y perfecta, labios carnosos, siempre con una sonrisa. Sin embargo, no sólo el tiempo la había arruinado. La soledad había oscurecido su alma, enseñándole pensamientos dañinos, tanto para su salud como para su ser. El clima frío la volvía renegada e irritable. Toda su belleza se había desintegrado, llevándose con ello, su personalidad, su forma de ser. Ella no esperaba que alguien entendiera su caso. Alguna vez, la gente la había admirado, había sido reclamada por los hombres, había sido “perfecta”. Pero la perfección se acabó. Ahora, ella volvía del trabajo, encorvada por el cansancio, cargando en ambos brazos montañas de libros y cuadernos, con la bolsa colgando de su brazo. Las ojeras resaltaban aún más que sus ojos, grises, mostrando su tristeza. El ceño fruncido, maldiciendo en voz baja a todo aquél que se había metido en su camino. El niño que jugaba con la pelota. La mujer que cargaba a un bebé en brazos. La niña del triciclo. El hombre del correo, el que siempre llegaba con una irritante e insolente sonrisa. Su jefe, el que le había obligado a quedarse más horas en el trabajo, por sólo un cuarto más de paga.
         Ella alguna vez había vivido en un mundo de ensueño, en donde todo salía tal como ella quería. En donde nadie la obligaba a hacer nada. En donde todos abrían el paso para que ella pudiese avanzar, y llegaba a su hogar, chimenea prendida, la luna en el cielo, y sin ningún deber u obligación colgando de sus brazos. Ahora podía sentir las cadenas que la ataban de los tobillos a la realidad. Tristemente, la noche acababa, los sueños paraban y se despertaba, a la luz del sol, al canto del amanecer, para ver lo triste de la vida. Y ni siquiera el sueño eterno le daba lo que ella quería. Su deseo era imposible, casi tan imposible como el de la humanidad intentando vivir sin guerra. Un deseo, un sueño, sólo eso, nada más.


Melissa Cornejo Rivera. Alumna de séptimo de secundaria del Colegio Alemán Torreón.

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