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    La poesía de Gerald Stern | Nadia Contreras

    Encontrar la poesía de Gerald Stern (Pittsburgh, Pennsylvania, United States, 1925), traducida al español y reunida en el libro Esta vez (Vaso Roto, 2014), es como descubrir la luz; en el fondo del abismo una luz que es esperanza para el hombre derrotado. Su autor, ahonda en la ciudad, la memoria personal y colectiva, en lo social y político. Llama a las cosas por su nombre y por ello, se aleja de los estereotipos, las máscaras, la frivolidad que vivimos hoy en día. Gerald Stern es un poeta de palabras claras; su sinceridad trasciende las cosas pequeñas, los detalles, las anécdotas. Y es esta su complejidad: una poesía del alma y por ello, universal. A continuación les comparto un puñado de sus poemas. 


    El mordisco 

    No empecé a tomarme en serio como poeta
    hasta que el pelo blanco empezó a asomar en la barbilla.
    Antes todo era diversión y afecto;
    ahora, como una liebre, una liebre, una liebre
    veo a la tortuga alzar su horrenda pata
    sobre el último escalón por subir antes de 
    volver a casa, henchida de ventaja. 
        De pronto, todo parece venir de arriba, de la mente, 
        la belleza de la carrera ha desaparecido. 
        y mi vida es apenas una alegoría. 

    La fuerza de los arces

    Si quieres vivir en el campo tienes que entender la fuerza de los arces. 
    Tienes que verlos hundir sus dientes en las raíces de las viejas acacias. 
    Tienes que verlos ahogan a los sicomoros hasta dejarlos sin aliento. 
    Tienes que verlos llevar su gruesa cabellera hasta el sótano. 
         Y cuando cortes tu fabulosa vara verde para pescar 
    tienes que estar listo para verla brotar entre tus manos; 
    tienes que clavarla en la tierra como un trozo de sauce; 
    tienes que plantar tu mesa bajo sus hojas y empezar a comer. 

    Recuerdo a Galileo

    Recuerdo a Galileo describir la mente
    como un trozo de papel que el viento arrastra, 
    y me encantó la imagen de este pegándose a un árbol
    o saltando al asiento trasero de un coche, 
    y durante años he visto papeles volar a través de mis ciudades;
    pero ayer vi que la mente era una ardilla  atrapada al cruzar
    la Ruta 80 entre las ruedas de un camión gigante, 
    bailando de un lado a otro como una delgada hoja, 
    o un hilo asustado, apenas dos segundos de vida
    sobre el hormigón blanco antes de escapar, 
    la vida acortada por todo aquel terror, su cabeza
    que tiembla, los dientes amarillos pulverizados. 

    Fue la velocidad de la ardilla y su cercanía al suelo, 
    su enorme resolución y la agilidad de su danza
    lo que me enseñó la diferencia entre ella y el papel. 
    El papel será útil en teoría, cuando haya tiempo
    de sentarse en una silla de metal a estudiar sombras;
    pero para esta vida yo necesito una ardilla,
    sus patas acabadas en garras extendidas, su alma trémula, 
    el viento cálido que corre por su pelo, 
    el fuerte ruido que la hace temblar de la cabeza a la cola. 
         Oh mente filosófica, oh mente de papel, necesito una ardilla
    que con su salvaje carrera consiga cruzar la autopista, 
    que suba a toda prisa la verde ladera desgobernada. 

    St. Mark's

    Aún como niño, ¿no?
    Trepar por una escalera de hierro, 
    discutir con algún Igor
    sobre la cerradura rota, 
    dejar que la cabeza cuelgue sobre el fregadero, 
    enjuagar el cuello con agua fría. 

    Como un lobo, ¿no fue así?
    o una paloma que nunca morirá. 
    Leer a Propercio, pisotear 
    las estrellas más altas, 
    obligar a mis manos a unirse, 
    tocar la fila de cubos de basura cubiertos de nieve. 

    Con el lomo hundido, ¿no fue así?
    Arrastrar mis pies mojados
    de un parque a otro. 
    "Atenuado por el salpicar consumado del tiempo", 
    ¿no?
    Tulipán de la selva rosa. 
    Rojo y amarillo tulipán henchido y lavado por la lluvia. 

    Lavanda

    A Karl Stirner

    Sólo por experimentar estoy quemando la lavanda
    y olfateando el aire porque si sólo la desmenuzara 
    el aroma, aunque embriagador, no llegaría 
    más allá de treinta o cuarenta centímetros y es más los 
    tallos apenas soltarían olor mientras que las 
    llamas hacen que todo aflore aun cuando 
    acaban con los demás aromas, en este caso a menta y 
    a las penurias arqueadas bajo tu ventanal francés donde
    yo voy de un lado a otro llorando por la culpa del humo
    y gimiendo por la bolsita de aroma que nunca tuve
    y por la caja llena de seda, por ser yo tan enemigo. 

    Twitter: @contreras_nadia


    Twitter: @contreras_nadia