N. | Karen Villeda


Para Natalia

¿Cómo reproducir la voz de las sirenas? ¿Cómo perpetuar su canto después de que los corazones de los marineros se han arrugado? Las ensoñaciones salinas siempre parten los labios: La saliva no es necesaria para los que hemos derramado el alma gratuitamente en las fuentes de las plazas públicas. Nadie sabe si merecemos el canto de las sirenas. El amor que te tuve empuñó mi torso contra todas las piedras.
No fui un héroe digno de mitologías.
Resuenan tus oraciones en las orillas, no hay piedad para la derrota.
La arena se anuda entre los dedos de los pies y mortifica las distancias:Hacia allá está el color de los peces. Se va navegando y la tarde cae gris. Hacia allá hay contornos, aquí se destruyen El sombreado no se invierte. El sol se opone en las rocas de fondo. La luminiscencia no traerá la claridad tan ansiada a tu boca enajenada, el señuelo aún está por confirmarse. Habita las aguas oscuras y desvanece las siluetas de lo que te contaron de niña. Desvanece el idilio de la sirena y los marineros.Desvanece la silueta de los pechos erguidos, las aletas contrariadas y el eco. El eco para capturar fósiles sembrados de espinas y veneno.
Empuñé mi torso contra todas las piedras. Lo empuñé sin saber cómo manejar los filos, su metodología escueta: Hazlo sangrar hasta que cante. Hazlo sangrar hasta que cante. Y los huesos descansan sin paz. Y los huesos titilan. Y los huesos bailan sobre tu tumba. Y los huesos te dan la vuelta.
La visión y las estelas de humo hacen buena pareja. 


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