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    POESÍA El templo de la fiebre (fragmentos) | Daniel Medina


    ¡Era cierto entonces!
    Dios no había hecho más que un bosquejo del mundo.
    No dejó nada sino ruinas.
    Yves Bonnefoy

    II

    Vestigios,
    verde prado que se apaga
    en las sustancias mágicas de la noche,
    que en sus ruinas reposa un albedrío
    y otras mentes que cuelgan de sus frías montañas.
    Ya no es esta la invención de la vida
    en constante crecimiento,
    es ahora un momento
    de purpurante desdicha, de latente gracia,
    de miedos ajenos
    e imperiosa penumbra.


    VII

    Los bautizo hoy,
    con mi sangre de mal recuerdo.
    Trazaré la figura del insomne
    en mis rodillas laceradas,
    para encontrar la clave del verbo continuo.
    ¡Iracundos, fatales y gigantes los convoco!
    He encontrado
    la consumación del amor entre las ruinas.
    He encontrado,
    en los campos melancólicos,
    las sombras de los árboles
    jamás vistos.


    VIII

    Nace el día
    y el ambiente que circula en los muelles.
    Las hojas encrespadas
    brotan de su llano movimiento curvilíneo
    y es el eco del fuego
    quien nos desconoce.

    Reconozco que mi voz está completamente viva,
    que mis manos
    se llenan de líneas que podrían señalar cualquier sitio;
    que de mis pies
    brotan enredaderas de hombres
    y poco a poco la tierra se tizna del movimiento.
    ¿Podría ser esta la creación de un nuevo mundo?

    Lo desconozco,
    pero podría ser
    la contemplación de la perseverancia.

    IX

    Es éste aquel instante mortal y magnífico
    del que alguna vez nos contó la gloria.
    Esa lentitud, transparencia de corales
    que hoy corre por mi cuerpo,
    momento agazapado que del arca nos llama,
    titubeante, lento.
    Oh salvación, pero qué soy yo para ustedes
    ¿Acaso merezco semejante proemio de cristales?
    O es que acaso me he portado bien.
    No he torturado almas inocentes,
    pues soy el desmerecido destierro del tiempo.
    ¡Oh salvación, es que acaso estoy curado!
    Yo, que soy carne, disturbio, fuego, todo esto al mismo tiempo,
    ola del amanecer que deja huella entre la espuma y la montaña.
    ¿Soy yo la dulzura del campo en semejante dicha?
    Opúsculo de los dioses oculto en el obelisco de los iluminados.
    Estoy curado.
    ¡Ágape, hermanos míos!
    Ha llegado la hora de ser la bestia monumental,
    dejar de ser yo
    para convertirme en un Dios.



    =
    Daniel Medina (Mérida, Yucatán, 1996). Es egresado del Centro de Educación Artística “Ermilo Abreu Gómez” con especialidad en Literatura. Autor del libro de poesía Mímesis para Gusanos (Ediciones El Viaje / Letras de Pasto Verde, 2015) Poemas suyos aparecen en más de una docena de publicaciones, como Punto en Línea, Monolito, El Humo, Vagón de Ostras y Parteaguas; así como en las antologías 8° Carruaje de Pájaros (Editorial Transeúnte) y Poetas Latinoamericanos (Editorial Imaginante). Recibió el Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara” 2014 y el primer lugar en el Concurso de Poesía “100 Años de letras mexicanas”, otorgado por el INBA y los diferentes Centros de Educación Artística del país. Dirige la revista de poesía Bistró.

    Imagen de dominio público o que posee licencia Creative Commons. 


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