CUENTO Reino trágico | Consuelo Sáenz

Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy. Clarise Lispector

Al alba, el sonido de una sirena anuncia la llegada de otra noticia. Llega a los oídos como un certero augurio de fatalidad. Su sonido emerge en quienes la escuchan como una vaga amenaza de viejos temores nocturnos. Como en aquel que se estremece al furioso arranque de una motocicleta o al que recuerda los gritos de un padre alcoholizado irrumpiendo el descanso de un sueño lejano, así, viaja itinerante y escandalosa por las estrechas arterias de una provincia en despojos: el niño en su cama abraza a su oso de felpa y se aferra a su sábana, de las manos de la anciana resbala una taza de té mientras se santigua. La sirena arrecia e ilumina el interior de una habitación en penumbras. Una pareja hace el amor, y ella, alcanza el clímax al compás de su in crecendo.

Se reportó cerca a las cuatro de la mañana una sospechosa bolsa plástica, sobre un auto Mazda blanco de reciente modelo, en el fraccionamiento Salsipuedes. Personal de la Agencia del Ministerio Público y de la Policía Ministerial que arribaron al lugar, confirmaron el hallazgo. La bolsa contenía la cabeza de una mujer. En el interior del auto no se encontraron documentos ni identificaciones que puedan establecer la identidad ni procedencia de la víctima. Excepto, una fotografía en la guantera de quien se especula haya sido en vida la desafortunada mujer.

La fotografía en daguerrotipo, fue publicada en distintos medios impresos. Debo confesarlo, su rostro me evocaba un extraño déjá vu. Había visto tantas fotografías viejas en armarios y cajas entre las pertenencias familiares que, posiblemente, alguna extraña asociación involuntaria, pueda ser la causa. A lo largo de mi vida, el efecto que me han causado las imágenes de algunas fotografías va más allá de todo poder racional. Sé que nuestra personalidad o experiencia dotan a la imagen de cualidades o defectos tan poderos que la hacen permanecer en nuestra conciencia por tiempo indefinido: las fotografías post mortem del siglo XIV, por ejemplo. Personas extrañas, con hábitos extraños, en poses y conductas que desbordan la imaginación. Ahorcados en sus celdas, los Ku kux Klan en sus ceremonias, distintos ritos de iniciación, mujeres en la hoguera, cuerpos suspendidos sobre el agua, gurús en levitación. Niños como conejillos de indias alentando parafilias, barcos fantasmas, los restos del Titanic en las profundidades del mar.

Es el punctum. Despierta, y me conduce a una resonancia emocional de consecuencias inciertas. Sus ojos. Su mirada.  La dichosa fotografía encontrada en la guantera del automóvil fue un descubrimiento que nunca debió ser mostrado ante los medios. Esa mirada de abismo, evocaba desde una amplia gama de pasajes, experiencias vividas desde distintas épocas y siglos, distintos yos transfigurados en un juego de espejos. Había en esa mirada un alma vieja, sabia. Tan sabia como perversa. No sé cómo, pero puedo asegurar que, la muerte, le sentaba mejor; pues desde aquella dimensión su poder omnisciente libraría las barreras del tiempo y el espacio. Sin embargo, ya es tarde ¿Cuántos habrán caído bajo su hechizo, sólo al contemplar su mirada? Han sido tres las reinas que han muerto decapitadas: María Antonieta, María Estuardo y Ana Bolena. Rostros de alabastro e imponente presencia. “Mujeres que han perdido la cabeza” señala alguno de sus biógrafos con tendencia irónica. Las cabezas esparcidas en distintos puntos de la ciudad; un burdo saldo de cuentas. Perseo decapitó a Medusa: la sangre que brotó de la cabeza y cayó al mar se convirtió en coral, las gotas que cayeron en el desierto se convirtieron en serpientes. La cabeza de Pancho Villa nunca apareció. “El suicidio más bello del mundo” subyace en la placidez de su protagonista: belleza intacta de diosa en su sueño eterno; resplandece sobre un lecho de fierros retorcidos. El suicidio y el asesinato. El suicidio y el decapitado.

Transcurrían los días con sus horas, mientras la sonrisa de la desafortunada mujer volvía a mi mente, una y otra vez. ¿Qué provocaba esa sonrisa? ¿Cuáles fueron sus anhelos? ¿Cómo había sido su muerte? ¿Cruzó por su mente en algún momento que tendría ese horrible final? Y otra vez, su mirada. Energía sutil e invisible a los ojos, a los ojos acostumbrados a observar sólo lo tangible Los ojos son manos que no se lavan… recordé a Nervo. Ensimismada, absorta en divagaciones de ojos y miradas, suicidios y decapitados, camino la ciudad, y ésta comprende mi cautela. Ella representa el entorno agresor: la casa de todos, la casa de nadie; la casa familiar de los padres, allí, habita la fraternidad y la traición, la generosidad y el despojo, la libertad y la esclavitud. Escalera que conduce al cielo y al infierno como es arriba es abajo. Sus deterioradas esquinas grafiteadas reflejan la imagen leprosa del enfermo en cuarentena. Formo parte, una de tantas. Apresurada y cautiva, llevo constante la mirada sobre la punta de los zapatos, de vez en cuando, alzo los ojos para encontrar la mirada esquiva o cómplice en el otro. Grillete y brújula, la ciudad traza caminos, y sus hombres bifurcan destinos. Una mirada edificará esperanzas, otra mirada las arrebatará. Una mujer petrifica a otra: la observa, la admira, la imita, la conserva, la excluye, la acecha, la critica, la devora, la maldice. Sin argumentos ni señas, sin chantajes ni amenazas. Somos Atenea y Medusa. Un mundo nace cuando dos se besan y una historia se elucubra ante un duelo de miradas.

El sonido de una sirena anuncia la llegada de otra noticia. La anciana se santigua, el niño despierta y se cubre hasta la cabeza, los vecinos reportan la existencia de bultos sospechosos, una pareja hace el amor. La historia vuelve a empezar.  


CONSUELO SÁENZ (Ciudad Juárez, 1973). Licenciada en sociología. Obtuvo la maestría en Educación, Investigación y Docencia, por la Normal Superior de Ciudad Madero, Tamaulipas. Becaria del taller de creación literaria ICHICULT, 2010. Ha incursionado en distintos géneros: entrevista, crónica, cuento, ensayo, poesía y relato. Colaborado en prensa escrita, revistas electrónicas y radio. Participó en dos libros colectivos: Manufactura de Sueños (Rocinante Editores, 2012) y 43 Poetas por Ayotzinapa (Los Cuadernos del Canguro Bolsón Editorial, 2015). Actualmente realiza entrevistas para la revista electrónica de arte y cultura Rancho las voces.


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