CRÓNICA Memorias eternas | Sara Isabel Sujo Jonguitud

 

Apenas tenía siete años cuando vi a mis papás pelear por primera vez. No era una pelea común, por dinero o cualquier otra cosa material, era una pelea de gritos y lágrimas. Estaba muy pequeña para entender qué sucedía; lo que vi fue doloroso. Yo pensaba que los adultos nunca sentían miedo, nunca lloraban y nunca les dolía nada. Me encerré en mi cuarto a llorar mucho porque los había visto pelear. Mi papá entró unos minutos después, me abrazó y me dijo que todo estaría bien.
         Mi mamá me explicó que se separarían, pero eso no significaba que mi papá me dejara de amar y que por eso se iba. Así, todo el drama de la separación se apaciguó y seguí con mi vida. Unos meses después, mi papá nos reunió a todos en la sala de la casa de mis abuelos y nos dio la noticia. Nos dijo que había aceptado un trabajo en el extranjero, en Nicaragua. Yo comencé a llorar porque mi papá era como mi mejor amigo, lo amaba mucho y no quería que se fuera. Me dijo que él iba a venir cada dos meses a visitarnos, que tenía que ser valiente y tenía que dejar de llorar porque si no él también iba a empezar a llorar.
         Cuando se cumplían los dos meses y mi papá llegaba a la ciudad, me ponía tan feliz; cuando se marchaba, lloraba los siguientes dos días, lo extrañaba demasiado. Con el tiempo, me acostumbre a su ausencia y cada vez lloraba menos. Él volvía a los dos meses. Y luego, el 21 de diciembre del 2015, regresó a Torreón, esta vez para quedarse. Pero ¿han escuchado la frase: "ojo por ojo y diente por diente"? Pues mi papá regresó y mi mamá tuvo que partir a Estados Unidos a trabajar.
         Siempre tuve pleitos con mi mamá, aunque me decía que me amaba, yo no lo sentía así. Una vez, hasta llegue a pensar que no podía amarme. Ahora me doy cuenta que estaba equivocada, que el hecho de no darme besos o abrazos, no implicaba falta de cariño. Estoy constantemente en contacto con ella. Cuando tengo que decirle o preguntarle algo, o cuando necesito su opinión, acudo y siempre responde. Nos enviamos muchos mensajes.
         Ella vendrá a la ciudad este 14 de julio, estoy muy emocionada porque la extraño. Me pregunta que si quiero algo de Estados Unidos, pero sólo quiero que esté aquí. Estará conmigo dos meses.



El verano del 2015, mi mamá viajaría a San Francisco para checar unas cosas del negocio que planeaba abrir allá. Ella decidió que fuéramos todo: mi papá, mi tía, mi hermano y yo. Vería a mi abuela y a mi otra tía y, por supuesto, nos iríamos de compras.
         Viajamos desde Torreón hasta San Francisco en auto. Fue un viaje largo y emocionante. Vi muchas ciudades que jamás hubiera imaginado. De hecho, hubo un evento en la carretera, muy memorable. Mi papá se estacionó en una gasolinera para fumarse un cigarro y yo tenía que ir al baño. La gasolinera tenía dos establecimientos, una tienda de suvenires y un Dairy Queen. Había dos autos y el Dairy Queen estaba cerrado. Me sugirieron que fuera al baño en los matorrales, lo cual me pareció absurdo y antihigiénico. Así pues, mi mamá me acompañó hasta la tienda, que tenía las luces encendidas pero no había nadie. Tras el cristal, logré ver que vendían recuerdos muy bizarros. En la vitrina, por ejemplo, una cobra disecada enseñaba los colmillos.
         Tiene que haber alguien, le dije a mi mamá, tal vez un viejo gruñón y malhumorado. Le repetí que tenía muchas ganas de ir al baño y que alguien debía responder y permitirnos entrar al baño. Estamos en una película de terror, me dijo, y como unas gallinitas cobardes salimos corriendo a la camioneta. Con ese comentario me asusté tanto que preferí esperar la siguiente parada.



Cuando entré a secundaria, ya no tenía a mis amigos de la primaria a mi alrededor, sin embargo, conocí a mis amigos actuales, quienes me convirtieron en una persona nueva, tanto para bien como para mal. Me enseñaron a encontrar el amor por la lectura, a defenderme y a decir algunos comentarios no tan amables.
         El primer año de secundaria, era más reservada, tímida. Conforme fue pasando el tiempo me volví más confiada y poco a poco, me convertí en lo que soy ahora. La secundaría fue una mezcla de experiencias agrias y dulces. Sin embargo, no puedo negar que aprendí varias cosas. Con las clases de español y literatura, fue creciendo mi pasión por los libros y fui aprendiendo cosas que no sabía, respecto a ese ámbito.
         También encontré un gusto por la química. Con la materia de física, si la mencionan, me persigno y salgo corriendo. La química es otra cosa. En ella hay menos problemas de razonamiento, me dicen lo que debo buscar y las fórmulas son tan sencillas que las puedo resolver sin parpadear. No soy muy buena en matemáticas; me gustaba resolver ecuaciones y listo. Cuando se trata de problemas de razonamiento estoy perdida. Se puede decir que soy alumna regular en las matemáticas como en otras materias. Creo que debo pedir ayuda y estudiar más. Son dos cosas que haré el próximo ciclo escolar.
         Mis gustos son raros comparados con los gustos de los demás. Creo en cosas que los demás casi no, como por ejemplo, creo en ángeles, fantasmas, magia, dragones y esas cosas. Y esto, suele causar miedo. A veces me dan ganas de colocarme un letrero que diga “soy inofensiva”.



Mi tradición favorita es la del "Día de muertos" porque me encantan los altares coloridos que la gente prepara a sus seres queridos. Me encanta el pan de muerto; si no se preparará solo para el día de muertos, de seguro estaría gordísima. Las calaveras, como género de la lírica tradicional mexicana, son otra cosa que me entusiasma; por medio de éstas nos podemos burlar de la misma muerte. Es divertido hacer este tipo de poemas.
              Mi país está siempre en mi corazón. México es un país joven que aprende de sus errores, en mi opinión. Quisiera que sus problemas se arreglaran con un chasquido de dedos, pero las cosas no son así. Se requiere tiempo y dedicación. Estoy segura que conforme pasé el tiempo México será un país aún más hermoso, y con muchas oportunidades para la gente de todo el mundo.



Sara Isabel Sujo Jonguitud. Alumna de tercero de secundaria del Colegio Alemán Torreón. Escribir una autobiografía corresponde al penúltimo proyecto de la materia de Español. "Memorias eternas", es resultado de este ejercicio.


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