ENSAYO Tenga para que se entretenga. José Emilio Pacheco nos cuenta una leyenda urbana | Nancy Hernández García

No hay que juzgar la utilidad de una obra según 

el estilo escogido por el autor. A menudo se enuncian 
con gravedad cosas infantiles y a menudo 
se dicen bromeando cosas muy serias.

Montesquieu
De la prolífica pluma de José Emilio Pacheco emanaron cuentos, novelas, ensayos y poemas memorables. No hubo tema que se escapara a su obra literaria. En sus cuentos, por ejemplo, encontramos asuntos mitológicos (“La noche del inmortal”, “La sangre de Medusa”), la crítica social (“El castillo en la aguja”), los héroes de la Revolución (“La luna decapitada”), los conflictos internos del ser humano (“Parque hondo”, “La reina”, “La zarpa”) y también lo fantástico (“Langerhaus”, “Tenga para que se entretenga”, “Cuando salí de la Habana, válgame Dios”). 
         Una característica de la narrativa pachequiana es que en el tono siempre hay tintes sarcásticos y, a través de la escritura, Pacheco hace una fuerte crítica social, denuncia la corrupción de los políticos que se han dedicado a hundir en el fango a México y que a pesar de sus gobiernos sigue siendo un gran país, con diez lugares, cierta gente, puertos, bosques, desiertos, una ciudad desecha, varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos por los que se daría la vida. Pone el dedo en la llaga, con cuentos que pasarían por inocentes y graciosos. No importa el asunto, el trasfondo, generalmente, es la crítica mordaz que, sin embargo, pasa inadvertida por la manera en que están narrados.
         Como muchos escritores, José EmilioPacheco publicó sus cuentos en revistas literarias y suplementos culturales antes que en compilaciones, así, el cuento “Tenga para que se entretenga” apareció por primera vez en la revista Plural (suplemento cultural mensual de Excelsior), número 9, en 1972; en ese mismo año apareció recogido en El principio del placer (editorial Joaquín Mortiz), compuesto por la nouvelle del mismo nombre y cinco cuentos más: “La zarpa”, “La fiesta brava”, “Langerhaus”, “Tenga para que se entretenga” y “Cuando salí de la Habana, válgame Dios”. Cuatro de estos cuentos son de carácter fantástico. “La fiesta brava” y “Tenga para que se entretenga” comparten el tema prehispánico como detonante de lo fantástico; en el primero, Andrés Quintana desaparece misteriosamente en el metro de la Ciudad de México, pero en su viaje en el metro se encuentra con el capitán Keller, personaje de su cuento "La fiesta brava". Es un cuento muy complejo: un cuento dentro de otro con un protagonista que se cruza con el protagonista de otra historia y al mismo tiempo, esa otra historia se relaciona con la obra de otros autores.
         El misterio que encierra la ciudad en sus propias entrañas y que nadie ha visto para confirmar esta leyenda que circula desde la caída de Tenochtitlan es el pretexto de “La fiesta brava” y el de “Tenga para que se entretenga”.
         De “Tenga para que se entretenga” hay dos versiones, ambas publicadas en suplementos antes que compiladas. Como ya dije antes, la primera versión apareció en Plural, 9, junio, 1972 y la segunda (corregida) en La Jornada Semanal (Suplemento cultural de La Jornada), 124, 20 julio, 1997 y con ilustraciones de Mauricio Gómez-Morín. En ese mismo año, 1997, se publicó la versión corregida de El principio del placer en la editorial Era.
         Ahora bien, las versiones que analizaré son las aparecidas en los suplementos antes mencionados. En ambas se mantiene la esencia del cuento: Rafael, un niño de seis años sale con su madre, Olga, rumbo a Tacubaya a casa de su abuela materna, pero en el camino se detienen en el bosque de Chapultepec, donde un hombre de aspecto raro sale de un túnel y se lleva al niño con el consentimiento de su madre y por insistencia de éste. Lo que cambia es la manera de contar, es decir, el cuento está narrado desde el informe confidencial que un ―desconocido― “Señor” le solicita al detective privado Ernesto Domínguez Puga. La desaparición de Rafaelito sucedió el 9 de agosto de 1943 y el informe no está fechado, en la primera versión; en la segunda, la fecha es “sábado 5 de mayo de 1972”, o sea, 29 años después del suceso. En la primera versión sólo hay rastros de lo fantástico: un niño desaparece frente a su madre sin dejar rastro alguno, cosa que no es natural. Todorov lo define de la siguiente manera:

En un mundo que es el nuestro, el que conocemos […], tiene lugar un acontecimiento que no puede explicarse mediante las leyes de ese mismo mundo familiar. Quien percibe el acontecimiento debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los sentidos, de un producto de la imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son; o bien el acontecimiento sucedió realmente, es parte integrante de la realidad, pero entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos. (Teorías de lo fantástico, 2001, p. 48).

En el cuento hay un contraste, los personajes se enfrentan al mismo tiempo al mundo de lo real y de lo irreal. Dentro de la cotidianidad en la que transcurre la historia, de pronto aparece algo que la rompe: el niño juega con un pedazo de madera, obstruye el paso a un caracol y un hombre le dice que no lo moleste porque “Los caracoles no muerden y conocen el reino de los muertos” y ofrece a Olga tres objetos: una rosa, un alfiler y un periódico doblado al mismo tiempo que le dice una extraña frase: “Tenga para que se entretenga. Tenga para que se la prenda”. Rafaelito, curioso, insiste en adentrarse al túnel de donde salió el hombre y es la última vez que su madre lo ve. Luego inicia la búsqueda y no hay rastro de ningún túnel. Conforme avanza la investigación, los diarios especulan y hacen conjeturas, entre ellas, que Olga, la madre del niño, sostenía relaciones extramaritales con Maximino Ávila Camacho y para que Rafaelito no los delatara, optaron por desaparecerlo; que había sido raptado por una banda de robachicos dedicada a los sacrificios humanos: Chapultepec fue un sitio sagrado para los aztecas. Esta parte del cuento es importante porque Pacheco hace una crítica a la prensa sensacionalista y a su público:

En fin, el público encontró un escaparate de las tensiones de la guerra, la escasez, la carestía, los apagones preventivos, el descontento político, y se apasionó por el caso durante unas semanas mientras continuaban las investigaciones en Chapultepec.
         Cada cabeza es un mundo, cada quien piensa distinto y nadie se pone de acuerdo en nada.
[…]
La opinión pública tiene (o tenía) el defecto de la credulidad y no exigió se puntualizaran las contradicciones. (Versión de Plural)

La crítica hacia la prensa y la sociedad es muy fuerte: un niño desaparece y no se da una explicación lógica, luego la gente cae en todas las elucubraciones y acepta la versión oficial, es decir, la dada por la autoridad. Desde entonces funciona el cortinazo de humo
         En la segunda versión el cuento mantiene su esencia, no obstante, hay un cambio importante: Pacheco añade al discurso un tono de denuncia social, además, claro, de cambios como por ejemplo, las direcciones; en la primera, la casa de los Andrade Martínez era Tabasco 182 en la colonia Roma y la de la madre de Olga, Gelati 22 en Tacubaya; para la segunda son Tabasco 106 y Gelati 36 bis, respectivamente y en las mismas colonias. El informe confidencial tiene fecha de redacción (sábado 5 de mayo de 1972). El tono del discurso cambia y se ve desde el principio: “Ese día descansaba el chofer. El niño no quiso viajar en taxi: le pareció una aventura ir como los pobres en tranvía y autobús.” (Versión de La Jornada Semanal) El sarcasmo da este tono crítico al discurso del cuento.
         La estructura de este cuento es interesante, el lector está frente al informe confidencial de un detective privado, por lo tanto se espera un texto objetivo, detallado minuciosamente pero el propio detective advierte que “El informe salió más largo y detallado de lo que en un principio supuse. Tuve que redactarlo varias veces para lograr cierta claridad ante lo difícil y aun lo increíble del caso.” (La Jornada Semanal) Esta advertencia cautiva al lector: ¿Qué será eso “increíble del caso”?
El escenario es un lugar familiar: el Bosque de Chapultepec; sin embargo, Olga nota una peculiaridad: “los árboles de ese lugar tienen formas extrañas, se hallan como aplastados por un peso invisible”; estas características no son ni propias de los árboles ni debidas al terreno, sino a algo extraño, inexplicable científicamente. El juego con el tiempo también aparece, pues, los árboles fueron mandados plantar por Maximiliano de Habsburgo, en 1847, para resarcir el daño que las batallas habían dejado en esta zona específica del bosque. Del pasado (1847) al presente del cuento (1943) hay casi un siglo de distancia. Se entrelaza un episodio de la historia de México con la del propio cuento. Y haber elegido el Bosque de Chapultepec resulta bastante significativo porque en tiempos prehispánicos fue un sitio importante, un bosque sagrado en el que los aztecas practicaban sacrificios humanos a los dioses y ahí estaban los baños de Moctezuma; esto explicaría lo extraño, casi siniestro, del lugar y la pesadez del ambiente. A los registros antropológicos se añade un mito urbano: la existencia de túneles en la Ciudad de México, pero la idea se desecha por las declaraciones del general Martínez. No existen tales túneles porque la ciudad está ubicada sobre un subsuelo fangoso.
         El narrador mezcla la objetividad de su investigación con elementos externos inmediatos como lo dicho por la prensa, que sólo se dedicó a conjeturar y no informó al público de lo sucedido, es decir, el carácter serio y objetivo de este medio de información masivo se vio opacado por los reportes amarillistas en los que se mezcló el hecho con chismes que involucraban a Olga, madre del niño, con Maximino Ávila Camacho, quien era hermano del presidente en turno, Manuel Ávila Camacho, y de quien se sabía, buscaba suceder a su hermano en el poder. De modo que el caso de desaparición se convierte en un hecho político que aprovechan sus detractores. Todavía más grave, dice que durante la investigación se pensó en el secuestro y asesinato del niño, cuyo cuerpo sería encontrado en el Canal del Desagüe. El discurso oficial, o sea, el informe de la autoridad es que efectivamente el niño fue secuestrado, asesinado y su cadáver arrojado al canal de aguas negras. A la familia le entregaron un cuerpo, pero no aceptaron que fuera el de su hijo:

Como tapabocas se publicaron fotos de la cabeza y el torso de un muchachito, vestigios extraídos del Canal del Desagüe. Pese a la avanzada descomposición, era evidente que el cadáver correspondía a un niño de once o doce años, y no de seis como Rafael. Esto sí es un problema: en México siempre que se busca un cadáver se encuentran muchos otros en el curso de la pesquisa. (La Jornada Semanal)  

Las autoridades “buscan y encuentran” el cuerpo de Rafaelito. Aunque debería, el asunto no termina ahí porque no aclara lo demás. Por la descripción del hombre, podría tratarse del propio Maximiliano de Habsburgo o alguien de su corte. El mundo de los muertos y el real aparecen en el mismo espacio; el túnel fue la puerta de entrada al mundo de los muertos, que al parecer sólo es para elegidos, pues no se encuentra después. Pese a las investigaciones exhaustivas no se obtiene un informe satisfactorio al respecto. El hecho puede ser tomado como algo meramente sobrenatural, pues no hay explicación lógica, lo único que Olga tiene son los tres objetos que el hombre le entregó momentos antes de llevarse a Rafael; éstos son la única prueba del contacto de Olga y Rafael con el mundo de los muertos. No obstante el carácter fantástico del cuento, también hay rastros de crítica social; aunque en la primera versión no es tan evidente y el final apunta hacia la construcción de una leyenda urbana más de la Ciudad de México:

Desde entonces hasta hoy, sin faltar nunca, la señora Olga pasa el día en Chapultepec, caminando por el Bosque, hablando a solas. Y a las dos de la tarde se sienta en el tronco vencido del mismo árbol con la seguridad de que alguna vez a esa hora la tierra se abrirá para devolverle a su hijo, o para llevarla, como los caracoles, al reino de los muertos.
Pase usted por allí cualquier día y la encontrará con el mismo vestido que usaba el 9 de agosto de 1943, sentada en el tronco, inmóvil, esperando, esperando.
(Plural)

Olga se transforma en una madre cuyo hijo le fue arrebatado y siempre vuelve al sitio donde todo ocurrió. Para ella el tiempo se detuvo el 9 de agosto de 1943 y sólo espera el regreso del hijo o la muerte, que también la llevará a él. De alguna manera, su historia es semejante a la leyenda de La Llorona, otra madre que perdió a sus hijos ―y también hay varias versiones de cómo pasó―. Ambas lamentan su pérdida. Olga espera en el Bosque de Chapultepec a las dos de la tarde y La Llorona recorre las calles de la Ciudad de México lanzando horrorosos y lastimeros “¡Ay mis hijos!”, todas las noches a las doce en punto es posible oírla o incluso verla.
         Mientras tanto la segunda versión del cuento tiene un sesgo político; Olga ya no se menciona como una figura que pueda verse en Chapultepec, su participación concluye cuando relata al detective la desaparición de Rafaelito. Este final es el que dispara en el lector la hipótesis de que el propio Maximiliano o alguno de su corte se llevó a Rafael al reino de los muertos; el detective lo considera “el auténtico desenlace de lo que llamaron los periodistas ‘El misterio de Chapultepec’”. Sin embargo, el detective dice que Maximino Ávila Camacho lo recompensó y le exigió olvidarse del asunto, pero “(Poco después la inesperada muerte de don Maximino iba a significar un nuevo enigma, abrir el camino al gobierno civil de Miguel Alemán y terminar con la época de los militares en el poder).” (“La Jornada Semanal”) Este paréntesis del narrador insinúa que la muerte del que se sabía sería candidato presidencial, no fue natural… quizás haya sido un asesinato conveniente para los intereses políticos de algunos.
La confrontación de las dos versiones de “Tenga para que se entretenga” resulta bastante iluminadora sobre el trabajo escritural de José Emilio Pacheco. Es difícil decidirse por alguna, ya que, cada una tiene lo suyo, pero la segunda versión me parece, desde la técnica, más rica y lograda. En ella tejió un relato fantástico con temas de la historia nacional, e incluso, dejó ver su postura crítica frente al gobierno y su actuar en casos tan delicados como la desaparición de un niño. Esto sin necesidad de situar la historia en algún sitio cosmopolita; lo hizo en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México y eso, como lectores, nos hace pensar que lo extraño, horroroso o fantástico también está en lo que nos es familiar y que es posible que lo real ―o lo que consideramos real― puede alguna vez converger con lo irreal. El pasado tiene la capacidad de hacerse presente, y dejará indicios de que fue así.

NANCY HERNÁNDEZ GARCÍA (México, 1990). Licenciada en Letras Hispánicas por la UNAM. Estudiosa de la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.
Twitter @lamusadelpoeta

Ilustración | Tom Haugomat


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