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    POESÍA La máquina de vivir (Fragmento) | Carmen Ávila


    1.2 ZAPATOS

    Toma mis zapatos de niña
    y calma con ellos el llanto de las flores
    mis zapatos de cobre
    de cenicienta marina
    mis zapatos para que besen tus manos

    quítales mis pies sombríos

    Toma mis zapatos de niña
    para que tus labios me cercenen los pasos
    con gritos opacos de mariposas oscuras
    tan lejano tú
    tan azul como barco extraviado

    Ata mis pies a los clavos de tu cruz
    ponle zapatos a todos los santos

    Te doy estos pies descalzos de niña
    por primera vez
    como una confesión de asesinato
    cometido por el aprendiz de lavandero chino
    Toma mis zapatos y corre con ellos
    dáselos a otra niña descalza
    que te enseñe la forma de morder el hielo
    tan lejano tú
    tan azul.


    4.2 LUZ Y CENIZAS

    Eras una horrible mariposa parda
    estrellándose en el cristal de las bombillas
    buscando calor
    ciego
    pero yo no fui fuego
    tu eras luz de Bengala
    en medio de mis venas.

    Ahora que no estás
    soy ceniza de gardenias
    y mi cuerpo
    uno más de este holocausto. 


    7. LOS POETAS DEBERÍAMOS FORMAR SINDICATOS

    Los poetas deberíamos de
    formar sindicatos, hacer huelga,
    dejar de escribirle, por ejemplo
    a los olores, esos fantasmas,
    metáforas, que sólo se miden
    nasalmente. Eres de los hombres
    que con su olor me han excitado,
    me pones brava, perra de caza.
    Como loba en celo, recordando,
    al que olía a aserradero,
    al que destilaba vino por los
    poros, o alcohol por lagrimales,
    al que desgarraba los perfumes
    de sus camisas al desnudarse.
    Más tú, con piel de pan horneado,
    tu cabello que huele a manteca,
    tus axilas sudando vinagre,
    tu sexo, donde paso reptando,
    su aroma, como alas de insecto,
    huele a hierba, a pasto mojado
    o tu ano, pozo prohibido,
    estanque enlamado, profundo.
    Busco los polvos de mariposa,
    los inhalo y resbalan oscuros
    en mis pulmones. Va despertando
    el monstruo que se alimenta de tus
    vapores. Soy la sacerdotisa
    de Delfos, me drogas, oráculo
    de placeres que se acumulan en
    los vellos de mis fosas nasales.
    Voy dejando de ser mujer, huelo
    a hombre, a fiebre, a saliva,
    a pus de tus labios, a tus besos,
    entran, en huracán en torbellino
    que se arremolina en mi cabeza.
    Mientras tanto, todavía pienso
    que los poetas deberíamos
    formar sindicatos hacer huelgas,
    dejar de escribirle a los olores.


    10. CEGUERA (O DE LA VISTA NACE EL AMOR)

    Monto tu espalda en el caballete
    Uñas: espátulas, lengua: pincel
    la geometría, la proporción
    colores, sombras, la perspectiva
    el boceto de tu piel: bastidor,
    una línea recta, tus nalgas: la curva
    hoy te quiero estudio al desnudo
    mañana, naturaleza muerta:
    porque quizás después bodegón mío
    no tenga ojos para tocarte.


    13.1 PARA LYDIA


    ¿Tú conoces el mar?
    Ramón López Velarde

    Solamente el mar puede quedarse
    dentro de nosotros y enjuagarnos
    Ahora después de tantos años
    por fin comprendo el mar: son lágrimas
    de medusas un dolor salado
    carece de principio, no tiene
    astrolabio para navegarlo
    el mar todo lo traga y lo escupe
    como fiera que agoniza, garra
    que se aferra a la orilla del mal

    Antes de saber, soñé tres niños
    ahogados, soñé niños muertos
    cuando iba en el autobús tristeza
    zozobra, la noche me invadía
    después me avisaron de tu muerte
    ni lágrimas sólo desconcierto
    como si fuera una enferma mental

    La muerte es sobre todo la duda
    la muerte es un ciego laberinto
    Nos vamos muriendo gota a gota
    cuando alguien que amamos también muere
    No somos un mar para contener
    las millones de gotas de dolor:
    somos presas en desbordamiento

    Inúndame mar y desnúdame
    trágame llévame lejos dentro
    donde tus entrañas me protejan
    de estar viva y que me salven
    de una vez por todas de la muerte.


    Del libro La máquina de vivir (FETA, 2008).


    CARMEN ÁVILA (Saltillo, 1981). Publicó Mercedes del 63 y otros cuentos (ICOCULT, 2006), La máquina de vivir (Tierra Adentro, 2008), Praga como un cuerpo (UA de C, 2009), Postales del exilio (JUS, 2013, Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa, 2010), Terrible Extrañeza (ICOCULT, 2013) y El barco de los insomnes (Café Cultura, 2016, Premio Nacional de Cuento Rafael Ramírez Heredia, 2013). Recibió las becas “Jóvenes Creadores” del FONCA 2006-2007 en ensayo; la del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila en poesía 2005-2006 y 2012-2013. Algunos de sus textos han sido traducidos a otros idiomas.

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