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    POESÍA Resplandor del oro amanerado | Aleqs Garrigóz


    INVITACIÓN 

    Rompe la expectativa
    y ven a posar desnudo para mí.
    Haz la fiesta de mis hormonas. Dame oportunidad
    de brillar entonces como una supernova
    posada ya para siempre sobre tu techo...

    Te quiero por lo que no tengo tuyo; e imagino:
    una lluvia plateada tras muchas cervezas,
    el pie amordazando mi boca,
    la bragueta palpitando en mi cara... La orgía
    con los más bellos de nuestros amigos,
    el cigarro tras la diaria muerte pequeña. Y,
    algún día, la cama conyugal
    sin riñas posibles por las sábanas
    ni hormigas que suban por migajas…

    Ven a imitar la lubricidad del perro conmigo.
    Ven a rodearme.

    Ven a darme cucharaditas de ti cuando enfermo,
    a exprimirte en mis caldos.
    A contar conmigo los cabellos de la noche
    y recobrar la inocencia en un juego de adultos.
    Hazme la vida posible.

    Ven escuchar de mí, al oído, palabras mágicas
    que te hagan querer tocar estrellas con la mano:
    mi poesía a la orilla del mundo…



    LIMÍTROFE

    (Vuelvo a caer en las trampas de tu sonrisa.
    Vuelvo a ceder al resplandor de tu oro amanerado…)

    Aún no sé
    si podré darte algún día
    mi diminuto tamaño envuelto en el mapa de mi cerebro,
    mis recortes de esperanza
    y la puerta aún cerrada de mi recto camino al bien,
    para que hagas con ello lo que quieras…

    Tampoco sé
    si bajo las mismas bóvedas incandescentes de tu altar,
    sigues proyectando tu sombra sobre mí
    o si es que para abrigar mis feminoides ocupaciones
    la he creado a semejanza de mi anhelo.

    Hay mañanas
    en que me visto con leve túnica de celofán,
    imaginando que camino hasta tu puerta
    y me dejo quedar allí, frente a tu sorpresa,
    como si fuese una canasta de frutas maduras de la estación
    o algo mejor que apurarías en el desayuno.

    No hay nada más cierto entonces
    que la necrosis de mis ojos que no te ven prender fuego a mis linos,
    una muñeca llorando espinas. Y el tacón roto.

    Pero, para enfrentar la irrealidad
    de éstas y otras insolubles ecuaciones,
    no basta amarte aún más con lo que es compresible de mi sueño.

    Basta animarme a decírtelo en voz baja,
    con precaución
    y junto a una vela encendida.


    ESAS MANOS QUE ME DESORDENAN

    No te lo había dicho;
    pero tus manos me crean teatro privado
    de ensueño y morbosas proyecciones.
    Me hacen pensar y pensar. Pensar en el amor:
    ¿Cuántas manos tuyas medirá mi espalda?
    ¿Cuántas palmadas tuyas bastarán en mis hombros
    para que así me confirmes tu afinidad?

    Hay veces que estoy más solo que siempre
    y te recuerdo y me sorprendo recorriéndome la piel,
    siempre hacía mi sur.

    Pero no, no es suficiente esto.
    Quiero estar tendido en tu cama
    y que dibujes con tu mano en mi cuerpo geografías imposibles.
    Y que allí, en sus pantanos lascivos y lechosos,
    en sus densas humedades,
    me hunda lentamente.

    Tus manos no son del todo ordinarias:
    son plantas carnívoras que aprisionan al insecto azul,
    la patria de musgo, un equinoccio de laxitudes…
    Su piel me habla secretamente de una ternura que no muere,
    cuyos atributos exactos –mango, guanábana–
    sólo pueden revelarse en el delirio.

    Ya. Necesito que me toques.
    Sálvame así de la locura,
    de esta inquietud aniquilándome
    en la que sólo es segura una palabra: DESEO.

    Pero tú… Pero yo…
    ¿Para qué la distancia?
    ¿Por qué no, simple y sencillamente,
    entregarnos a un duelo de caricias frenéticas,
    a una auscultación más desesperada por esperada,
    matándonos de placer de una buena vez?


    ELOCUENCIA

    En un zapato tuyo quisiera vivir,
    minúsculo y ebrio de amor,
    como una abeja histérica que sólo sabría decir tu nombre,
    como un mosquito succionador de tu sangre…
    En él cruzaría el océano remando tenazmente
    hasta el borde de la desarticulación de mis brazos,
    hasta la tierra en que encuentre la estatua erguida de tu cuerpo,
    símbolo del poder y la fornicación violenta.

    ¿Por qué te amo tan bárbaramente
    que quisiera que fueras un virus
    para llevarte siempre dentro de mí,
    manteniéndome enfermo, delirante de fiebres?
    Llevarte como un cuchillo
    que se clavara más y más en mi vientre con cada suspiro
    para recordarme la ley ineludible del amor.

    Pero ningún poema es suficiente
    para decirte lo que sólo podría decirte
    lamiendo tus testículos sudados…

    No otra manera de ser. O soy de ti
    ¡o me extermino!

    ¡Que caiga una lluvia de fuego sobre toda bondad,
    que un agujero negro engulla todo el universo
    si nunca te vuelvo a ver…!

    _________
    ALEQS GARRIGÓZ (Puerto Vallarta, México; 1986). Es autor de los poemarios Abyección (2003), Páginas que caen (2008, 2013), Los hermosos ausentes (2016) y Galería del sueño (2017). Ha publicado poemas en medios de México y varios países hispanoamericanos. Poemas suyos han sido traducidos a cinco idiomas

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