Hace un mes empecé a leer la gran obra maestra y un clásico de la literatura universal Farhenreit 451, del escritor estadounidense Ray Bradbury. En el libro se plantea un mundo apocalíptico donde los bomberos, en vez de apagar el fuego, lo producen. Sí, queman cosas y lo más escalofriante del libro es que lo que queman son libros.
Guy Montag, el protagonista, sufre una interesante y apasionada transformación vital tras distintas conversaciones con una niña pequeña. Esta niña le enseña a VER más allá de las extrañas pantallas creadas en este mundo distópico. Pantallas  creadas para que se evite pensar o razonar, porque esto nos hace más vulverales y, por lo tanto, nos hace estar más tristes y deprimidos ante las viscicitudes de la vida. Los libros, según el relato de Bradbury, nos conducen a tener pensamientos tristes y evitan que seamos felices. Se cree que es mejor ser una sociedad que no tiene que pensar y así ser felices. Ser felices todos juntos. 
Interesante reflexión sobre lo que nos produce tristeza y felicidad. Pensar como individuos individuales es contraproducente para muchos que prefieren tenernos “idiotizados” frente la televisión o el móvil y así no pensar en todo lo que nos hace ser humanos. Porque el dolor y la tristeza son esencias del ser humano, tan iguales como ser felices.
Por otro lado, me vino a la mente el tema de la instrumentalización humana. Sí, lo sé, suena fatal y un rollo.  Este tema se ha visto ya reflejado, sobretodo, en la ciencia ficción. Libros de Cordwainer Smith o Stanislaw Lem hablaban ya por la década de los 60-70 sobre el tema de la unificación humana. Un sólo ente gigantesco, un ser enorme fusionado que no es humano y que por lo tanto no sufre ni siente dolor.
Según estos autores el problema que tenemos los seres humanos radica en su capacidad de causar dolor y esto tiene como consecuencia la dificultad de alcanzar la felicidad. Nuestra individualidad y el ser diferentes a los demás nos genera dolor y tristeza. Así que qué mejor que fusionarnos todos en un sólo ser para dar lugar a una sola entidad que no sienta dolor.  Esta sería la premisa de la que nos habla la instrumentalización humana: Todos juntos en un sólo ser. 
Mi dilema para este verano europeo radica en esa pregunta que me hice al inicio de este texto: ¿ser humano es algo tan malo? Realmente el pensar nos hace ser más infelices. O es precisamente ese pensar lo que nos hace libres. 
La libertad radica en entender nuestros mundo y mejorarlo. Si dejamos que nos quiten nuestra individualidad o nuestra razonamiento en pos de un bienestar común (superficial), ¿qué quedará de nuestra verdadera esencia? Somos lo que somos gracias a nuestros miedos y nuestras debilidades y como seres únicos y pensantes contribuimos a que este mundo sea un mundo mejor para todos y no sólo para los que no quieren que razonemos. 
Consejo de verano: LEER. Leer nos hace pensar, leer nos hace reflexionar, leer nos hace preguntar, investigar, desafiar.

Foto: Foto de Burst en Pexels


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