A riesgo de ser linchada por los amantes de los libros, debo confesar que ayer tiré uno a la basura. No por ser un libro malo o porque no lo haya disfrutado, sino todo lo contrario. Mi ejemplar de Ciudades desiertas de José Agustín (Acapulco, Guerrero, 1944), estaba tan deshojado, húmedo, lleno de hongos, manchas peligrosas y olores enfermizos, que no tuve más remedio que deshacerme de él. Pero como amante de la lectura, me queda el dulce sabor de una historia varias veces leída, disfrutada y comentada. Porque no sólo ha sido mi novela preferida de Agustín, también me dio amistades con las que he comentado largo y tendido sobre literatura en general, a partir de ese gusto particular.
     Fue en los 80, a raíz de un cuento que leí en la preparatoria, que me llamó la atención la escritura de José Agustín. ¿El cuento? Fácil ¿Cuál es la onda?, que se encuentra en la famosa antología de Seymour Menton, que fue nuestro libro de texto en el Colegio de Bachilleres del Sur. Igual que en la primaria, y secundaria, no esperé las clases para leerlo. Aprovechaba las tardes para adelantar la lectura y comencé al revés, primero con el del final que era el de Agustín.


Primera sorpresa, los epígrafes, sobre todo el que menciona a los Doors, ¿cómo?, ¿la literatura habla de rock? Y de ese rock que era escuchado casi a escondidas porque era de vagos y tantas otras etiquetas puestas por las tías miedosas. ¡Ah, genial! Hay que leer la historia. Segunda sorpresa, mezcla de idiomas, juegos de palabras, referencias a otros escritos, en fin, una simple historia de amor contada de otra manera. Con el tiempo conocí Rayuela, a la que hace referencia, y otros tantos personajes, novelas, cuentos, autores, músicos y canciones que menciona, pero la historia de los enamorados que quieren ser rudos y terminan de manera tan predecible, tan bien portados, me sigue encantando y por supuesto, la sigo recomendando.
      Aunque la función de la literatura no es la enseñanza, aprendí dos cosas: una, el idioma no es algo tieso, que es importante jugar con él para que siga vivo, y es divertido inventar y provocar con cuanta lengua hable uno; y la otra es que la literatura puede ser tan campechana como una plática en la calle, aunque, siempre guardando este sentido artístico que es parte del arte literario y que es lo más sutil y difícil de dejar plasmado en un texto.


José Agustín evoluciona en su escritura sin dejar el estilo de sus primeras obras, ni el sentido crítico de la sociedad mexicana ante lo que nos invade.
     Su primera novela, La tumba, lo volvió famoso a la edad de 19 años. Y posteriormente, con De perfil, quedó establecido que no iba a ser solo un destello de presunción juvenil, sino que era un escritor comprometido con su arte.
     Con esas dos novelas, José Agustín desacraliza la literatura mexicana. Habla de drogas, rock, en el lenguaje de la juventud de esos tiempos pero no descuida el estilo, conserva el rigor gramatical que aprendió en el taller literario de Juan José Arreola.
     La crítica, la ironía, el humor, la realidad de la vida, la temática de la juventud, forman parte de la literatura de este autor. Así como un lenguaje desinhibido que mezcla de manera natural otros idiomas, lo cual habla de una palabra pensada, de la inteligencia que invita al lector a ser cómplice de lo contado, a concluir historias y ser cómplice vital del momento.
     Junto con otros escritores, en 1966 fue catalogado dentro del grupo “Literatura de la Onda”. Eso se debió, sobre todo, a la defensa que hacían en sus textos de las libertades sociales, la diversidad sexual y la imposición de nuevos elementos lingüísticos que desplazaron las normas establecidas por la literatura formal. Él nunca estuvo de acuerdo con esa clasificación ya que era parte del desprecio con el que eran vistos por los escritores establecidos, o los llamados “intelectuales”.
     Fue redactor en una revista de modas donde también trabajaba Vicente Leñero; guionista en una época en que hacer cine en México tenía demasiadas restricciones y dificultades. Estuvo en la cárcel por posesión de mariguana. Amigo de José Revueltas. Autor precoz, cuya autobiografía fue publicada antes de cumplir treinta años. Las batallas culturales, la lucha de la juventud contra la doble moral, la crítica feroz ante las atrocidades, incongruencias y represiones gubernamentales, la burla documentada hacia la clase intelectual. Todo eso forma parte de la literatura de José Agustín, quien de niño terrible, evolucionó a escritor mexicano, sin más.

TERESA MUÑOZ. Actriz con formación teatral desde 1986 con Rogelio Luévano, Nora Mannek, Jorge Méndez, Jorge Castillo, entre otros. Trabajó con Abraham Oceransky en 1994 en gira por el Estado de Veracruz con La maravillosa historia de Chiquito Pingüica. Diversas puestas en escena, comerciales y cortometrajes de 1986 a la fecha. Directora de la Escuela de Escritores de la Laguna, de agosto de 2004 a diciembre 2014. Lic. en Idiomas, con especialidad como intérprete traductor. (Centro Universitario Angloamericano de Torreón). Profesora de diversas materias: literatura, gramática, traducción, interpretación, inglés y francés. Escritora y directora de monólogos teatrales. Coordinadora de Literatura y Artes Escénicas de la Biblioteca José Santos Valdés de Gómez Palacio, Dgo.