En un mundo lleno de fobias y etiquetas, hablar sobre las diferentes manifestaciones del amor y los múltiples tipos de relaciones afectivas representa una disidencia peligrosa.
       Para la escritora peruana Gabriela Wiener está claro que todos, de alguna forma, “se han sentido maltratados, excluidos del mundo Disney de la belleza y han sido víctimas del racismo, la gordofobia, la transfobia”, entre otros tipos de violencia. En su caso, ha pasado por etapas en las que sufrió de dismorfia corporal, un trastorno en el que la persona tiene una percepción distorsionada de su aspecto físico, haciéndola sentir fea y gorda.
       La ilustradora Mar Maremoto, conocida por sus dibujos de mujeres de grandes proporciones físicas que ocupan muchas veces todo el espacio del dibujo, señaló que de pequeña asistía a clases de ballet donde le decían que debía mantenerse delgada, derecha y a dieta, un estigma que todavía carga con ella y que le motivó a dibujar a mujeres gordas “que le dan fuerza” a ella misma como respuesta a esa presión social para las mujeres de ser siempre delgadas.
       Otra presión social, destacó Wiener, es la de establecer sólo relaciones monógamas, para toda la vida y con fines reproductivos, relaciones establecidas por la Iglesia o el Estado. La escritora compartió su experiencia personal, pues vive en una relación poliamorosa con un hombre y una mujer, y juntos educan a sus dos hijos al mismo tiempo. Esto le ha ganado ataques o burlas en redes sociales, y también se ha enfrentado a la situación de que otras personas, en cuanto se enteran de su relación, dan por hecho que su pareja hombre es quien tiene dos mujeres, lo cual evidencia también el prejuicio de que las mujeres no pueden ser polígamas.
       Mar Maremoto hizo un llamado a “entender la diversidad familiar y nuclear para no sólo pensar en el amor de pareja, sino llegar a otras formas más grandes de afectos, ya sea entre amigas o colectividades e incluso desde una anarquía relacional”. Añadió que para ella ser parte de la comunidad LGBTTTI representa una lucha cotidiana porque “todos los días tienes que salir del clóset, y mientras más disidente eres, más puertas y clósets tienes que abrir”.
       Wiener explicó que ella educa a sus hijos en una “madurez emocional muy potente”, tratando de “destrozar los tópicos y los estereotipos para borrar la cuestión binaria”, por ejemplo, con libros de cuentos que hablan de personajes diversos, no son los clásicos relatos medievales de caballeros y princesas.
       A pesar de que “ninguna relación está libre de caer en violencia”, Wiener afirmó que “lo importante es encontrar a gente que esté en el mismo trabajo arduo de desprogramarnos de los prejuicios y formas de dominio en cualquier relación”.

Fuente: FIL
Imagen de portada: Lado B