[Tras la publicación del libro Helena, La soledad en el laberinto, editado bajo el sello editorial Del Lirio y en colaboración con la Universidad Autónoma de Puebla, decidimos charlar con sus autoras…].

La psicoanalista Elsa Margarita Schwarz, al realizar su tesis doctoral en Alemania, buscaba más información acerca de una de sus pasiones: la literatura de la escritora mexicana Elena Garro (1916-1998). Tras hurgar en algunos documentos, encontró que una pieza importante en dicha investigación sería el diálogo con Helena Paz Garro (1939-2014), hija única del matrimonio conformado por los literatos Octavio Paz (1914-1998) y la ya referida Elena. Así, fue en su búsqueda, la cual le llevó a un asilo en Cuernavaca, Morelos; ahí se hallaba Helena, que le descolocó su plan de trabajo, provocando que Schwarz se enfocara, a partir de ese momento, en reconstruir una etapa de la vida de Helena Paz: la correspondencia entre ella y el filósofo alemán Ernst Jünger.
      Luego de casi 40 años de enviarse misivas, en ellas ?en dicho intercambio epistolar? tanto Schwarz como la también psicoanalista María del Carmen Vázquez, coautora del libro aquí mencionado, abordan psicoanalíticamente la psique de quien quiso ser poeta… pero le dijeron que no podía.
      En esta charla presentamos las reflexiones que ambas psicoanalistas han hecho acerca de una vida frustrada, una vida que no alcanzó a ser plena… prosa y poemas que llegaron tarde, pero llegaron. Helena Paz fue una mujer que quiso vivir, pero ?según narran nuestras entrevistadas? siempre se halló extraviada en grises y estrechos calendarios, en laberintos donde la soledad hiere como un puñal clavado en el corazón.

La constitución psíquica de una mujer

Mario Bravo Soria: ¿Qué existe detrás de la figura de Helena Paz Garro? En México las mujeres intelectuales son obnubiladas y escondidas detrás de figuras masculinas.  
      Elsa Margarita Schwarz: La historia de Helena Paz es muy triste, de una mujer a quien no se le permitió (a pesar de todos los talentos) ser escritora… la sociedad en donde le tocó vivir en aquel momento no le permitió ser lo que ella era realmente. Con este libro tratamos de rescatar su figura en esta vida que le tocó tan difícil… tan trágica, pero sobre todo intentamos que Helena hable con voz propia y cuente una historia que nunca se le permitió contar. Con este libro esperamos que la gente le conozca… realmente nadie conoce a Helena Paz.
      MBS: Fue hija de un matrimonio muy potente en el ámbito intelectual y literario en México; la propia madre, Elena Garro, tampoco fue reconocida, y muchos dicen seguramente era mejor escritora que el propio Octavio Paz. En el caso de Helena Paz, el interés de ustedes es que el lector mexicano la conozca y… ¿qué se hallará ahí?
    María del Carmen Vázquez: Cuando fue jovencita, a pesar de que sus talentos no fueron apoyados, resultó capaz de establecer contacto con un gran escritor alemán que es Ernst Jünger [1895-1998]; él sí la reconoce y tiene la sensibilidad para reconocerla como sujeto, mujer y poetisa. Lo que nosotras encontramos en este libro será dicho intercambio con el escritor, que a Helena le sirvió de un gran apoyo emocional, el cual culminó con más de 40 años de amistad tras la muerte de Jünger. Todo ese tiempo estuvieron en contacto… le sirvió como interlocutor.
    “También encontraremos todos los elementos sociales, culturales y familiares que posibilitan la constitución de un psiquismo y una subjetividad; esta lectura nos puede ayudar a entender la configuración subjetiva femenina en donde, como tú dices, no sólo en el ambiente literario sino en términos generales le ha costado mucho a la mujer ser reconocida. Este es un libro que nos permite conocer cómo se construye una historia de sufrimiento… cómo desde la entrada al mundo tienen gran importancia los vínculos tempranos, los cuidados, el reconocimiento de un niño para después ser el adulto del futuro.
     “Retomando un poco la frase de Santiago Ramírez, infancia es destino, vemos cómo desde un principio se trazan ciertas coordenadas que estructuran la constitución psíquica de una mujer. En el caso de Helena vemos el extremo del límite expuesto tanto por la familia como por la sociedad: la teoría del techo de cristal, acerca de que la mujer por más talentosa y preparada, siempre tendrá un punto en donde no podrá seguir más arriba… el techo de ella se construyó muy abajo, teniendo un gran potencial y no pudiendo despuntar como mujer, artista ni escritora”.

                                       Octavio Paz, Elena Garro y su hija, Helena Paz Garro

“Para ti soy Helena…”

MBS: ¿Por qué Helena Paz? ¿Por qué no hacer este trabajo historiográfico, psicoanalítico y de análisis literario con alguna otra mujer olvidada en la literatura mexicana?
      EMS: Elena Garro fue un tema que yo escogí, fue mi tesis doctoral… mi pasión fue Elena Garro. Al descubrir el talento de ella, sus obras… me emociono y pensé que debía encontrar la subjetividad de las mujeres que ella ponía en sus obras. Al enterarme de toda la problemática de Octavio Paz con ella me apasionó esa historia y, entre la búsqueda, alguien me recomendó leer un libro de Helena: Memorias [2003], un texto que no encontré en México sino en Estados Unidos. Es un libro bellísimo, Helena te narra la historia de sus padres desde sus tres años de edad hasta los 18.
      “Pensé que debía encontrar a Helena Paz para seguir con Elena Garro; la encontré en un asilo en Cuernavaca. Llego y toco la puerta, después de algunas entrevistas con sus familiares me permitieron hablar con ella. El encuentro con Helena fue algo muy especial para mí, porque llegué buscándola para tener una continuidad en mi trabajo con Elena Garro. Cuando arribo, llego con unas flores, ella me ve sorprendida como diciendo quién es esa persona… me di cuenta que no le habían dicho que yo iba a la entrevista.
      “Su primo Jesús Garro Velázquez se acerca y le dice a Helena: Te tengo una sorpresa, la doctora viene de Alemania y vino a conocerte a ti, no a tu padre ni a tu madre sino a ti. En ese segundo ella voltea y me ve a los ojos; siento esa sensación suya de que alguien la ha visto. Me permite sentar, le doy las flores y empezamos a platicar. El libro de Memorias es muy dramático, desde el punto de vista del psicoanálisis, que es mi profesión; en algún momento le digo a Helena: ¡Qué difícil fue para ti…! Me doy cuenta de que la tuteo y le digo perdón, señora Paz. Ella me ve a los ojos y me dice: Tú sí me leíste. Para ti soy Helena.
      Al momento de relatar esta anécdota, pareciera que la propia Elsa Margarita Schwarz se encuentra en el diván relatando un momento relevante de su vida. Con vehemencia y notoria sensibilidad, comparte su recuerdo hecho con una madeja de palabras:
      EMS: En ese momento me da la mano. ¿Cómo le digo que vine a trabajar acerca de su madre? Pero soy honesta y le dije la verdad, ella me preguntó qué obras me interesaban de Elena y le respondí que Los perros [1965]. Cuando escuché eso de mi voz se me hizo piel de gallina y ella hizo la misma expresión. De ahí le dije: Helena, ¿qué tal si escribo acerca de ti? Porque vine a escribir de tu madre, pero de ti nadie conoce.
      “Ella no me aceptó inmediatamente… me interrogó, quiso saber en dónde vivía en Alemania, qué poetas me gustaban… me preguntó si conocía a Ernst Jünger, le dije que sí lo había leído. Me contestó que fue su amigo y sacó una postal de una mariposa que él le regaló; la volteo y la leo, estaba en francés, firmada por él. Ahí empezó la historia en que le pregunté si me permitía trabajar con ella. Preguntó qué escribiría, yo le devolví la pregunta diciéndole qué le gustaría que escribiera: Lo único que quiero es que me reivindiques en México.
      “Ahí comenzó la historia. Regreso a Alemania, hago los contactos, investigo y después de varios meses encuentro la correspondencia privada que ella sostuvo durante 40 años con Jünger, la hallo en el Archivo Nacional de Literatura Alemana. Él se dio el tiempo de escucharla, de ver sus problemas y, siempre con una palabra, darle el aliento para seguir adelante en esta vida tan trágica y triste que tuvo, donde no recibió el apoyo de sus padres. Así es que empezamos a formar esta historia”.


























































Postal de mariposa y sobre de la carta de Jünger a Helena Paz

“He cometido un sacrilegio”

MBS: ¿Cuántos años tenía Helena Paz cuando usted la encontró?
      EMS: La conozco con 71 años, ella murió de 74. En ese tiempo hubo una cosa muy importante para mí. Le hablo desde Alemania y le digo que he cometido un sacrilegio. Ella me pregunta que cuál sacrilegio. Le conté que había abierto un baúl con muchos recuerdos y cartas.         
      “¿De quién? ?me preguntó.
      “Tus cartas…
     “Ella no tenía la menor idea de que esos documentos existían. Encontré tu correspondencia con Jünger… me dijo que no lo podía creer. Y me preguntó si había hallado las cartas de su padre.
     “Él era muy amigo de Jünger ?expresó Helena.
     “Volví al archivo, pero no había ninguna carta de Octavio Paz con Ernst Jünger, simplemente recortes de periódico donde aparecía un comentario del escritor mexicano que se publicaba en Alemania. Jünger siempre escribe en dichos recortes: el padre de Helena.
      “Eso para mí fue un indicio de que la amistad era con ella. Le hablo y le digo que me disculpe pero no había ninguna carta en el archivo entre Jünger y  Octavio. Me confrontó y me preguntó si yo le decía que su padre le mintió. Se puso a llorar y me dijo: ¿Me estás diciendo a esta edad de mi vida que Jünger me escribía porque era yo Helena y no la hija de Octavio Paz?
      “Le dije que sí”.

























































El filósofo alemán Ernst Jünger 

Cartas que narran una vida

MBS: Inicié preguntándoles por el objetivo de la escritura y la publicación de Helena / La soledad en el laberinto, pero con este relato que pareciera una historia paralela al propio libro percibo que no solamente existió una intencionalidad de que el lector mexicano conociera a una figura poco valorada y olvidada… ¿No será que este libro pretende ser una reescritura de la biografía de Helena o incluso, quizá, se propusieron que ella misma pudiera acomodar piezas de su psique tras hilar nuevamente recuerdos desperdigados en el ático de la memoria?
      EMS: Efectivamente, con este libro intentamos que Helena con voz propia y desde sus cartas contara su historia. Lo único que hacemos es observar las cartas e interpretamos desde el punto de vista psicoanalítico, pero el libro está contado con las palabras de Helena. En cada carta, ella es quien te cuenta sus angustias, terrores y tristezas.
      MCV: Fue darle la posibilidad de hablar su historia y perspectiva tan diferente incluso a la de su padre, pues tuvieron desencuentros en formas de pensamiento. En las cartas aparece ese desencuentro ideológico y emocional, la forma de pensar y la posición que Helena tenía frente al mundo era totalmente opuesta a la de su padre…
      MBS: Octavio Paz también es un personaje claroscuro, se divide al menos en dos: a finales del año de 1968, ahí me parece que todavía tiene un acto de dignidad tras renunciar a su posición diplomática después de lo ocurrido durante el 2 de octubre en Tlatelolco. Después en las décadas de los ochenta y los noventa construyen una ligazón altamente cuestionable con la parte oscura de la política en México y con el poder mediático a través de la figura de Televisa… ¿ante cuál Octavio Paz se rebeló Helena?
     MCV: Ante un padre que no respeta sus creencias. Ella es espiritual y pretende tener un credo religioso católico, al igual que su madre. Helena no era simpatizante del comunismo, por ejemplo…
      EMS: Sin embargo, ambas ayudaban a los campesinos en todo el movimiento que había en torno al robo de tierras… ellas estaban ahí para ellos.
      MCV: Eran como zapatistas pero sin una ideología de izquierda, hacían mítines… incluso hay una escena muy dramática cuando están enterrando a Helena Paz. ¿Te parece si la relatas, Elsa?
      EMS: Cuando Helena muere en 2014 [su madre, Elena Garro, había muerto en 1998], yo estaba aún en Alemania y envié a una prima al entierro. Ella me dijo: Tía, me quedé impactada. A la mitad de la ceremonia entró un viejo campesino en huaraches, con un sombrero, se acerca al ataúd y le dice a Elena Garro: “Niña Elena, la tierra de Morelos te entrega en tu tierra para que abraces a la hija que tanto amaste”. Le pregunté a la familia quién era y no sabían. Helena siempre me dijo que su mamá estuvo abocada a los campesinos, incluso tuvo problemas con los terratenientes.


“Eres la esencia de Rimbaud…”

MBS: Quizá, después de todo, no fue la suya una vida fracasada ni frustrada… Helena Paz escribió poesía que no se publicó…
      EMV: Realmente desde pequeña Helena quiso escribir y su padre la demerita. Cuando ella tiene 15 años, le dice que no es talentosa y que es una copia de Arthur Rimbaud. Como padre ve la poesía de su hija y le dice que es una copia barata. A ella la desmoraliza. Toda su vida intentó escribir poesía y que la reconocieran. Cuando ella tenía 50 años, le envió sus poemas a Jünger y él le dijo: ¡Helena, eres la esencia de Rimbaud… estoy impresionado…!
      “Y gracias a una carta que él le escribe, ella puede publicar por primera vez durante toda su vida en España, Francia y México. Ella le dijo: El que tú me hayas reconocido justifica mi existencia… ¡Fíjate qué drama…! Ella quería ser poeta como su padre, nunca la reconocen, pero viene un extranjero y le dice: eres poetisa.
      MCV: La tragedia de ella es que tampoco su madre, a pesar del gran amor que se tenían, tampoco la deja crecer. Eternamente permanece en una situación de dependencia con su madre… los proyectos de Elena Garro se convierten en los proyectos de Helena Paz. Son una en muchas cosas. Sí la apoyó, estuvo y dijo… pero Helena fue como una extensión de su madre acompañándola hasta el último día de su existencia.
      EMS: Antes de irse a Francia, en plena adolescencia, ella se graduó con las mejores notas del Liceo Francés. Cuando viaja a Estados Unidos pide información en una universidad y le dicen: con tus notas tienes una beca, lo único que necesitas son 300 dólares para la inscripción. Y su padre le respondió: ¿Mandarte a un país como este en donde son reaccionarios? Jamás. No le dio el dinero. Ella me dijo: años después mi padre dio clases en Harvard y no le importó. La madre tampoco la ayudó, dijo que su familia tenía problemas económicos…


Perdida en el laberinto

MBS: Esos actos de apoyo a los campesinos de Elena Garro y en los cuales Helena Paz la apoya, ¿ustedes detectaron que fueron auténticos o sólo fueron una imposición materna para que ella no luchara por sus causas propias?     
MCV: Pienso que cuando una persona llega a la adolescencia, una de las tareas que tiene es rebelarse ante sus padres. Es una lucha que a veces llega a ser violenta: peleas fuertes para poder rescatar la individualidad; lograr separarse y salir con una nueva identidad propia… estas tareas de la adolescencia ella nos las puede cumplir. Además, en estos sueños de irse a estudiar al extranjero se le veía la energía de querer ser ella. También deseaba estudiar ballet y le cancelaron las clases…
      EMS: Hay un poema muy hermoso de ella. Cuando hicimos el análisis de las cartas en donde le manda los poemas a Jünger, ella lo titula “Me dijeron”traduciéndolo del francés al español.
      Al transcribir esta entrevista y al redactarla posteriormente me di a la tarea de buscar ese poema de Helena Paz, el cual en Helena / La soledad en el laberinto figura en una copia fotostática del escrito que ella le envió al filósofo Jünger. “L’on m’a dit” es el título de dicho poema escrito en francés y fechado en el año 1956 en México. El texto comienza con una bella evocación de ciertas prohibiciones que le hicieron saber a la hija de Octavio Paz y Elena Garro:


Me dijeron
que no podía salpicar de sol un lienzo
ni lanzar un puñado de barro
y algunos ramos sobre un cuadro
para crear un bosque.

El final es demoledor, si uno conoce la biografía de Helena Paz y la constata con aquello que ella dilucida en las postreras líneas de “Me dijeron”:

Ya que, mujer, debía errar
en nuestros laberintos interiores.
¡Eterno Minotauro!


EMS: Ella está perdida en el laberinto. Jünger descubre esa poesía y ese último párrafo de ella en donde dice porque soy mujer y estoy perdida en el laberinto esperando al minotauro eterno. Eso es el ansia de ser devorada y ser muerta… ¡es muy fuerte…!


Copia del poema “Me dijeron”, escrito en francés y enviado a Ernst Jünger

Una deshidratación psíquica

MBS: El sociólogo francés Vincent de Gaulejac dice que un hombre o una mujer para llegar a ser realmente un hombre o una mujer verdaderos deben asesinar al niño o niña deseado por los padres. No ser el deseo de otros, sino llegar a ser alguien auténticamente mediante el deseo propio. Percibo que Helena Paz desde la poesía, ballet y actuación nunca pudo ser lo que ella quiso…
      MCV: Pedro Infante la invitó a actuar y le dijeron que no.
      EMS: Los papás consideraban que el actor era verdaderamente feo y corriente. Le dijeron que no. Mira, ella no fue una niña deseada y cuando alguien no es deseado no puede formar parte de una familia…
      MBS: El nombre de Helena es con “H”, esa letra es muda…
      EMS: ¡La “¡H” muda! ¡Sí qué interesante…! No lo había pensado así…
      MCV: No pudo hacer una familia propia, pues todas las parejas que tuvo se las sabotearon, incluso hubo momentos en que le escondieron cartas de algún amor importante. Nunca se casó ni tuvo descendencia.
      MBS: ¿No será que, quizá, encontró momentos de plenitud en otras áreas de lo cotidiano? ¿El lector no encontrará un dejo de esperanza acerca de que Helena se desarrolló en algún plano humano…?
      EMS: Ella tuvo una violación a los tres años de edad, entonces de ahí ponte a ver cómo será tu estructura psíquica en un futuro. Cuando tus padres saben eso y lo ignoran… es muy difícil. Aquí tratamos de explicar una estructura psíquica que no pudo formarse con fuerza, Helena fue víctima de su propia familia, ella no tuvo las armas para salir adelante...
      MBS: Parece la historia de cualquier mujer mexicana, no sólo de Helena Paz…
      EMS: Claro, por eso nosotras pensamos que esto puede ayudar a entender la subjetividad femenina…
      MBS: Uno creería que una mujer como Helena Paz, proveniente de una familia intelectual, de clase alta económicamente hablando… no estaba afectada por el patriarcado, pero sí.
      MCV: Es el patriarcado más las condiciones particulares de esa familia. Podríamos decir por qué no se salió de ese clan familiar, pero es la misma reflexión que podríamos hacer ante una mujer que sufre de violencia por su pareja. Hay un aturdimiento de estas mujeres en donde dejan de ser ellas… nosotras lo pensamos como un desmantelamiento psíquico, una deshidratación, donde lo que de por sí era precario queda disecado.


El no-lugar de Helena Paz

MBS: Una pregunta final en el plano psicoanalítico: ¿no será que quienes escriben este libro intentan también un tipo de reparación en la biografía propia? No hay una distancia enorme entre ustedes y Helena Paz, me imagino que existe una implicación…
      EMS: No es biográfico, pero en nuestra profesión te confrontas con muchas mujeres jóvenes que te cuentan estas historias; nosotros debemos sacarlas de ese laberinto donde están perdidas para que sigan viviendo la vida. Cuando encuentras todo este abuso de la sociedad, los padres, los hermanos, de las violaciones que sufren… claro que te conmueven, porque tenemos la experiencia. Cuando hice las entrevistas con Helena, la tuve que confrontar con la violación y fue muy duro. Es una relación personal por la profesión que ejercemos.
      MCV: En el hecho de elegir una profesión de alguna manera existe un aspecto reparador de nuestra propia persona; el asunto está en que, afortunadamente, existe el proceso personal de análisis que nos permite diferenciarnos, ser empáticos sin confundirnos y que no nos pase lo mismo que a Helena, siendo una con el otro. Pensaba un poco en el autor Dominick LaCapra en cuyo libro Escribir la historia, escribir el trauma [2001] plantea el mismo punto en el caso del investigador que aborda el Holocausto, por ejemplo. Existe quien se identifica con la víctima, pero también quien se identifica con los victimarios y todo tiene una resonancia transferencial del lado del investigador. Nuestra profesión tiene que ver con el sufrimiento psíquico; asimismo hay una parte, cuando uno logra ayudar al otro, donde también se ayuda a sí mismo… sin llegar a confundirse.
      “Estaba pensando el caso de Carlos Castaneda, que intentando hacer un estudio antropológico termina fusionado con su objeto de estudio. Nosotros debemos trabajar mucho con nuestra persona para diferenciarnos del sufrimiento y dolor del otro. Cuando trabajamos con niños siempre nos topamos con los hijos de otros, en ese sentido debemos ver en qué lugar está situado ese niño dentro de esa pareja. Así pudimos entender el no-lugar en que estuvo situada Helena Paz Garro”.