Creo que todos saben del poder curativo de la masturbación. Esta vez, me di permiso. Pero ¿por qué darme permiso? Me gané ese respiro y la liberación. Desperté muy temprano, lo que me permitió juguetear un rato en el celular. Desde hace algunos días me sentía encendida, pero también, enojada. La última vez que visité a mi madre, discutimos. No es raro, pero esta vez discutimos por nada; mi voz me hacía rabiar y todo parecía una tragedia. Los tiempos no son fáciles, pero si pongo a la tragedia por delante, todo se pondrá peor. 

Con algunas cosas que veía en la pantalla comencé a reírme y sentí cómo poco a poco bajaba esa tensión. Luego me fui a las páginas pornográficas y ahí estaban ellas y ellos. No pude con las caricias de ellos y me quedé con las mujeres en éxtasis. Sé que todo es una farsa y que la mayoría de las veces, están ahí, grabando esos videos en contra de su voluntad. Lo sé y me deja atónita asomarme a los testimonios y a las estadísticas. Pero, necesitaba escapar, necesitaba ese momento fantástico con mis propias caricias, con mis manos devorándome, desmembrándome, enredándome y entregándose.

Tuve la impresión de que volvía a nacer, de que el paisaje visto a través de la ventana adquiría otro color. No miento. Sabemos por los mismos especialistas, que masturbarte es como tocar el cielo. ¡Adiós tensión sexual! ¡Adios estrés! ¡Adiós dolores mestruales! ¡Adiós, un largo etcétera! ¡Cómo no arrojarme una segunda vez a la cama en esta fusión de caricias, en esta enorme alegría, efímera sí, pero mucho menos vulnerable!

Mi invitación es que no se renuncie al placer. No es malo. Para nada ¿quién dijo? ¿la religión? ¿los papás? ¿los abuelos? Veamos: "que te hace crecer pelo en zonas extrañas, que causa infertilidad, que hace que se te encojan los genitales o que si empiezas a masturbarte te causará adicción. Nada de eso es cierto". Que el cierre de este año no sea en vano ¡Libérense!

Foto de cottonbro en Pexels

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