Sé quién era esta mañana cuando me levanté, pero creo que he debido cambiar varias veces desde entonces. 
Lewis Carroll

Hace unos días alguien me comentó que ella no cumplió años este 2020 porque no valía no poder festejar y menos porque no hubo oportunidad de recibir abrazos y regalos, así que esperaré a ver si el siguiente año mi amiga tendrá un año más o uno menos de vida; esa anécdota me llevó a recapitular lo acontecido en este año que está por concluir y tengo que confesar que me he sentido como esas películas o series donde todo se inicia con cada nuevo día.

Y es que estar en casa y hacer en ese mismo espacio TODO, lo ha convertido en un todo infinito: despertar, asearme, quehacer, atender cosas de la oficina, luego clases, cocinar, quehacer, leer, tarea, clases, merienda, quehacer, prepararme para ir a la cama, leer…dormir; al siguiente día otra vez. Este año en un abrir y cerrar de ojos concluyó como cuando inició. Me veo en el espejo, encuentro más canas, más arrugas, me preguntó cómo es que otros 365 días se han restado en mi historia de vida. Reviso la agenda, esa agenda que fue escogida con especial cuidado para escribir los propósitos, la tabla de ahorro y los libros por adquirir, ahora sólo es un receptáculo de recados que no me ha acompañado a ningún lado.

 Así he vivido o consumido un año más de mi vida, he prometido un café que no llega, reuniones virtuales que no se cumplen con mis amistades porque también están atiborradas de situaciones y pormenores no imaginados.

Maurice Maeterlinck[1] consideraba que la desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo; así he vivido o consumido un año más de mi vida, he prometido un café que no llega, reuniones virtuales que no se cumplen con mis amistades porque también están atiborradas de situaciones y pormenores no imaginados, se han postergado los abrazos, esos que duelen porque no he podido dar el pésame a gente que amo, me han dado la noticia de nacimientos y hoy ya harán casi diez meses de vida esos pequeños que abrieron los ojos en el año de una pandemia que nos sigue azotando y que no sabemos aun cuándo concluirá; y aunque creo de manera ferviente que "toda ciencia viene del dolor y que el dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás"[2]; también creo que uno decide si ese dolor por todos estos acontecimientos se estanca o dejamos que fluya.

Renovarse o morir, dicta esa frase del todo conocida y al mismo tiempo tan compleja de lograrla, cómo hacer si en la cabeza rondan y rondan ideas, pero no se concretan, más bien, creo que huyen, quizá por ese continuo diario y repetitivo, veo a Blanca sí, pero al mismo tiempo observo a múltiples Blancas asomadas en pantallas de videoconferencias, con micrófonos para atender una o dos al mismo tiempo, las intermitencias me indican que mi yo está a la expectativa, entiendo que no es sólo a mí a la que se la han frustrado varios planes, pero al mismo tiempo reviro hacia la naturaleza que nos es hostil porque no la conocemos: sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia[3], esa indiferencia que nos tiene en el extremo de números rojos y nos ha mostrado la cara más lerda de miles de personas que creen que no está pasando nada.

No sólo yo, ustedes que nos leen en #Bitácoradevuelos también se merecen unas buenas fiestas o bien, unos buenos propósitos para pasarla lo mejor que se pueda...

Tengo que decirles que sí anhelo que lleguen las fiestas aunque las pase aquí en casa, no me importa que no predique algún credo religioso, quiero prepárame para ver las doce de la noche en el reloj, poder alzar mi copa y brindar, quizá llore, sí, porque puedo decir hasta ahorita que escribo este texto que están (aunque a la distancia) las personas que amo, que tengo un agradecimiento enorme por el poder de la palabra, porque sin ella creo que todo se atiborraría en mi pecho y estaría congestionada de pies a cabeza, sí, creo que no sólo yo, ustedes que nos leen en #Bitácoradevuelos también se merecen unas buenas fiestas o bien, unos buenos propósitos para pasarla lo mejor que se pueda; que vengan las nuevas intenciones, que entren las ocurrencias creativas, demos paso a la limpieza twitteriana y escarbemos en el Instagram y otras redes para mostrar lo que realmente queremos que se muestre de nosotros, eso sí, jamás de los jamases seremos los mismos.

Recomendamos que escuchen:

* Jarabe de Palo. En lo puro no hay futuro. En la vida conocí mujer igual a la Flaca: 20 años  (Deluxe Edition). 2017.

* Jorge Drexler. Todo se transforma. Eco. 2004

* Imagine Dragons. Believer. Evolve. 2017

* Coldplay. A sky full of stars. Ghost stories. 2014.  



[1] Maurice Maeterlinck, premio Nobel de Literatura, escritor de origen belga, de quien admiro los textos: La vida de las hormigas y La vida de las abejas; siempre que los consulto pienso que nos llevan por adelantado tanto estas sociedades de diminutos animalitos.

[2] Esta frase la aprendí de Stefan Sweig, les recomiendo Carta de una desconocida y Amok.

[3] Recién iniciada la pandemia en México recibí un mensaje de Whatsapp que me enviaba un amigo que está en Chicago y que reflexionaba sobre el pensamiento y obra del médico Santiago Ramón y Cajal. 

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