Intentar escribir un diario privado equivale a confesarse y para ello la contrición es necesaria. Hace años que, a sabiendas, los diversos diarios comenzados retenían el móvil hondo, inconfeso. Y no que lo tuviera que decir fuera inconfesable, sino que pesaba el temor que alguien, y ese alguien era mi marido, llegara a entrar en posesión de mis secretos, aun cuando éstos, era el caso de Enrique, corrieran la calle. Aquel auto de fe de mi diario y mis libros en que dejo la huella de una prohibición, limitación que ahora es preciso vengar si quiero llegar a escribir con la verdad, única justificación de ponerme a escribir. Esa verdad que lleva uno dentro, que alimenta, teme y adora. Esta verdad íntima, difícil de forzar como una virgen.

¡Enraizar! Enraizar al fin en el desierto en que he convertido mi vida. Obstáculos externos no queda uno. Pero ahora es cuestión de atacarse a los graves, a los internos. Y esta lucha solitaria, en la que pretendo apoderarme de mí misma y plasmar con mi sensibilidad e inteligencia el mundo que capte, se inicia. Estoy en la época de las exploraciones y las escaramuzas leves, antes de que en plena batalla llegue el cuerpo a cuerpo con la materia extraña. [Texto tomado de Diario de Burdeos (Siglo XXI editores, 2014)].

Narradora, editora, dramaturga, actriz y activista, Antonieta Rivas Mercado supuso un quiebre en la escena cultural posrevolucionaria, impulsó el arte vanguardista y la educación con una actitud rebelde que la posicionó como una de las promotoras culturales más trascendentes del siglo XX. Fue editora de obras como Dama de corazones (1928), de Xavier Villaurrutia; Novela como nube (1928), de Gilberto Owen, y Los hombres que dispersó la danza (1929), de Andrés Henestrosa.

En el programa radiofónico Fantasías en carrusel, de Radio IMER, transmitido en 1995, el escritor y periodista René Avilés Fabila consideró que Antonieta Rivas Mercado fue parte del grupo de mujeres rebeldes del siglo XX que se formaron a la sombra de la Revolución Mexicana. “A (Rivas Mercado) podríamos ubicarla con mujeres tan distintas: Tina Modotti, Frida Kahlo, Machila Armida; más recientemente Pita Amor, María Asúnsolo, Nahui Olin, Ninfa Santos… todas ellas de una vida más o menos trágica, porque dentro de todo fueron muy rebeldes a la sociedad”, destacó. 

En su labor cultural, Antonieta Rivas Mercado destacó como mecenas del Teatro Ulises, empresa vanguardista de los intelectuales conocidos como los Contemporáneos —entre ellos Owen, Villaurrutia y Salvador Novo—; fue la primera persona que tradujo a otra lengua —una de ellas el inglés— las obras de Federico García Lorca; además, fundó y financió a la Orquesta Sinfónica de México, la cual tuvo como director al compositor Carlos Chávez.

La autora de Crónica de la campaña política de José Vasconcelos (1928-1929) impulsó al entonces candidato a la Presidencia de la República, José Vasconcelos, con quien compartía una visión universal de la educación y con quien trabajó en la Secretaría de Educación Pública, donde creó el primer departamento de asuntos indígenas. Funda con el autor de Ulises criollo la revista Antorcha. Muere el 11 de febrero de 1931 en París, Francia.

Con información del INBAL