Éter/Etersí de Bethoven Medina es un poemario que por su temática nos invita a una serie de reflexiones que están relacionadas con diferentes áreas del conocimiento. Sabemos que en la Edad Media la quintaesencia era un elemento hipotético, también denominado éter, conocido en épocas presocráticas como el quinto elemento, se le consideraba junto con los cuatro elementos clásicos de la naturaleza: tierra, agua, fuego y aire. Se trataba pues de una sustancia extremadamente ligera que se creía que ocupaba todos los espacios vacíos como un fluido. En el siglo XIX fue usado por los físicos como sustrato para la propagación de las ondas de luz, de la misma manera que el sonido se propaga en un cuerpo material, o las ondas en el agua, ya que parecía inconcebible que una onda se propagara en el vacío sin soporte material.

Sin embargo, la idea del éter o quintaesencia parece haber tenido un renacer en el concepto moderno de la energía oscura como sustancia responsable de la aceleración actual del universo. Esto no quiere decir que se trate del mismo sustrato, ni que hayamos abandonado la teoría de la relatividad de Einstein. El moderno éter satisface las leyes de la relatividad espacial y general. Lo que ha cambiado es el concepto de vacío, que describe un estado físico de ausencia de partículas, un espacio-tiempo sin materia, pero posiblemente con curvatura y, por tanto, energía.

¿De dónde proviene esa densidad de energía de vacío, ese éter o quintaesencia, esa energía oscura, responsable de la aceleración actual del universo? Nadie lo sabe. Es uno de los mayores misterios no solo de la Cosmología, sino de toda la Física, ya que permea todo su edificio conceptual: la relatividad, la gravitación, la cuántica y la termodinámica. Algunos postulan que su resolución podría abrir las puertas a una nueva revolución en Física, al descubrimiento de los principios fundamentales de la gravedad cuántica. Por el momento solo se puede medir la magnitud de la constante cosmológica y compararla con las predicciones que la teoría cuántica hace sobre el valor de la energía del vacío.

Lo cierto es que algo está claramente mal en nuestra teoría de la energía oscura, el éter moderno. No sabemos qué es lo que está tan mal y sin embargo desconocemos totalmente su naturaleza.

En la poética de Bethoven Medina estos postulados que he señalado brevemente se reafirman y adquieren un vuelo personal de adentrarse en el enigma, aquello que se desconoce y nos atrae. Su poesía es una incursión a la categoría y al universo de lo desconocido, tal vez a su propio universo, el que él mismo edifica, avizora y celebra. Esa esfera aparente que rodea la tierra, según la Real Academia Española resulta ser un elemento más puro y más brillante que el aire y según los poemas, la región que ocupa este elemento está por encima del cielo. Las imágenes que se suceden de forma congruente al cometido tienen mucho de la mitología griega en presentar al éter como un dios del cielo superior que habitamos, donde el poeta es parte de este fenómeno, convirtiéndose en el eje del asombro sideral que supera a la especie humana y que finalmente es también una apuesta por la “libertad sobre el universo”.

En cuanto al lenguaje el poeta demuestra una vez más un cuidado y manejo excelentes, fruto sin duda, de un quehacer permanente adentrado ahora en ese fluido volátil, invisible, imponderable y elástico que se supone llena todo el espacio y que, por su movimiento vibratorio, transmite la luz, el calor y otras formas de energía, transformándose ahora en imágenes sugerentes que a lo largo de las dos partes: Éter/Etersí ratifican la calidad y mensaje del poemario. Ejemplos contundentes son: “Emocionado, aplaudo hasta producir fuego, / porque eres esencia del infinito y de mi vida”, o este otro: “La vida es elemento sutil, / inalterable infinito a los ojos formados de paisajes, / ante la sorpresa del cielo y los astros”. En suma, poesía de plena madurez que nos convoca “a permitir que los pájaros, vuelen pájaros; / y los ángeles terrenales, sean ángeles celestiales”. No obstante, su brevedad, es un libro serio. En relación con los anteriores libros de Bethoven Medina, su poesía se consolida por cuanto, con investigación y madurez, sigue dando sus mejores frutos. Es una buena entrega. Vale. El título Éter/Etersí, es enigmático y sugerente. Lo eterno se vislumbra solo.

Ser poeta en el Perú no es una tarea fácil ni sencilla, como seguramente ocurre en los diferentes países de nuestra América. Bethoven Medina pertenece a la promoción del 80. El privilegio de su obra, desde Necesario Silencio para que las hojas conversen (1980), Quebradas las alas (1983), Volumen de vida (1992), Expediente para nuevo juicio (1998) hasta Éxodo a las siete estaciones (2016), es que designa y sugiere versos, casi indetenibles, con aliento narrativo, a veces poblado de imágenes difusas, en un discurso dirigido a otro o a él mismo, como ocurre con el libro que hoy presentamos. Ese aliento introspectivo que a veces mantiene un diálogo consigo mismo, es casi una constante que denota la singularidad de una obra plena de madurez. Asimismo, y finalmente, felicitar y agradecer a Nadia Contreras y Vianney Carrera por presentar con el sello de Bitácora de vuelos ediciones este extraordinario poemario de Bethoven Medina.

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