Esta es una historia de promesas rotas, de gente que acaba decepcionada con los políticos tradicionales y con el discurso que manejan. Mark Thompson

Los tiempos electorales son siempre, aunque no haya votaciones las personas se andan candidateando; cuando son tiempos electorales las cosas empeoran, las palestras aparecen por doquier e inventan cosas que saben no pueden lograr e irónicamente acuden a estratagemas caducas. Sé que se preguntarán por qué en “Escafandra” estoy escribiendo sobre esos menesteres, confieso que lo pensé por unos días, pero sí creo que la palabra es lo que nos permite ser seres humanos civilizados creí pertinente abordar los usos retóricos que “ocupa” la clase política.

En cada momento clave de nuestra existencia la palabra media lo que hacemos y somos: un encuentro amoroso, un día laboral, una clase escolar o un día cotidiano en el hogar; quizá algunas personas tengan la facilidad para articular las palabras precisas y hasta empleen la entonación requerida para conseguir sus fines o transmitir lo que pretenden, pero otras sin duda zozobran y no hay nadie quién les lleve a buen puerto.

La palabra pregunta y se contesta
tiene alas o se mete en los túneles
se desprende de la boca que habla
y se desliza en la oreja hasta el tímpano[1]

Abordo a la clase política porque he visto y escuchado debates –que en realidad no se les pueden llamar así porque no aparece por ningún lado el sentido dialéctico– que me hacen pensar que el verbo no se engendró en ellos, o si lo hizo, está padeciendo de una enfermedad de ignorancia y despropósito. Me pregunto si sabrán que existe la retórica[2], que a través de ella podrían emplear de manera eficaz el lenguaje y podrían persuadir, o bien, presentarse sin cometer las atrocidades que dicen. Y aunque por mucho tiempo se creyó que este grupo empleaba un uso retórico en sus encuentros con la ciudadanía, puedo decir que en este momento el lenguaje político está en decadencia; y aunque creo lo que mencionaba Francis Bacon[3]que es muy difícil hacer compatibles la política y la moral, leyendo algunas arengas de políticos del siglo pasado y algunos del presente, me hacían sentir y pensar que había esperanza; tengo que decirles que nunca he creído que quien menciona que acabará con la pobreza tenga en su pensamiento decir que está pensando en la suya y no en la de los votantes.

La palabra es tan libre que da pánico
divulga los secretos sin aviso
e inventa la oración de los ateos
es el poder y no es el poder del alma
y el hueso de los himnos que hacen patria

Esta crisis que vivimos lastima la democracia porque cada discurso o cada intervención pública lleva mentiras y un tanto de demagogia y sinsentido; estos personajes no saben de estrategias que puedan hacer sentir al ciudadano que será representado eficazmente, no elevan el discurso político y lo vituperan con expresiones populares –para hacer creer al votante que está cerca de él- nulificando la convivencia civil, ya que enardecen las diferencias y la discrepancia sin ánimo constructor.

La palabra es un callejón de suertes
y el registro de ausencias no queridas
puede sobrevivir al horizonte
y al que la armó cuando era pensamiento
puede ser como un perro o como un niño
y embadurnar de rojo la memoria
puede salir de caza en silencio
 
y regresar con el moral vacío
la palabra es correo del amor
pero también es arrabal del odio
golpea en las ventanas si diluvia
y el corazón le abre los postigos
y ya que la palabra besa y muerde
mejor la devolvemos al futuro[4]

Desdichada la consigna que dicta que la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación, quizá el escritor Robert Louis Stevenson[5] vivía esta misma sensación que yo tengo cuando escucho a quienes coordinarán las políticas públicas de nuestro país, y les pido me crean que sé también que tengo una responsabilidad como ciudadana, no puedo dejar todo en manos de personajes que van a gobernar por algún periodo de tiempo, pero cómo me da de pena que el lenguaje político tenga falta de coherencia lógica y por ende, la verdad queda fuera del contexto. No crean que porque me dedico a la literatura no estoy pendiente de mi ser civil, espero que la palabra no siga perdiendo su ser de significado, su ser convencional y su ser compartido; que la confianza en ello no se vaya por el despeñadero.

Recomendamos que lean:

1. Thompson, Mark. Sin palabras: ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política? Debate, 2017.

2. Aristóteles. Retórica. Gredos. 2008.



[1] Benedetti, Mario. Inventario Cuatro. Poesía completa 2002-2006. Visor.2009.
[2] f. Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover. RAE. https://dle.rae.es/ret%C3%B3rico#WISC3uX
[3] Francis Bacon, filósofo y político inglés.
[4] Benedetti, Mario. Op. Cit.
[5] Robert Louis Stevenson, llamado el “gran contador de historias” era de origen escocés y escribió el magnífico libro El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

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