1)

Me vivo y me sueño sombra de pájaro
costilla rota y húmeda,
cáliz de fuego ardiente.
Una flor entre el junco y el abismo,
hormiga alada y enfurecida,
un caracol que va regando su sangre
por dónde pasa.
No todo lo que sueño es verdadero,
me pasa a veces que recurro al suicidio
con más regularidad de la que quisiera.
Pero los pájaros siempre regresan
a volar sobre mi tumba,
su canto hipnótico me despierta,
camino entonces orgullosa y erguida,
como una amapola que abre sus pétalos
ante el abrazo del rocío.


2)

El poema se ha atorado
entre el recibo de la renta
y el de la luz eléctrica.
Gloria Gómez

No vengo a traer buenas noticias,
hilos nuevos,
vengo a contar la historia desde el vientre
en medio del llanto,
a mitad de un suspiro,
entre el quehacer doméstico
de lavar la ropa
y cocer bien el pescado.
No hay nada nuevo que contar
este es el mismo poema de siempre
en el que la mujer sale de la jaula
para imitar el canto de las aves.


3)

No soy una mujer sencilla,
tengo los ojos muy abiertos
y la boca muy cerrada.
Me he acostumbrado al dolor
como se acostumbra una
a un zapato incómodo.
No intento salvar al mundo
ni a los pobres desvalidos,
escribo porque no sé hacer otra cosa
que introducir el lápiz en la aorta
para sacar de ahí mariposas
y serpientes,
todo lo que puede caber en la angustia.
Escribo porque no pierdo la esperanza
de despertar a los muertos
para que vengan a contarnos
cómo es estar bajo el sol
sin llenarse los pies de sangre
ni la boca de estiércol.


4)

La poesía no es de nadie,
la poesía sale a bailar por las noches
en busca de almas perdidas.
Así me encontró a mí,
caminando desnuda hacia el páramo.
No tenía luz en las manos
ni corazón en la sangre.
No tenía boca en las palabras
ni cabeza en los pensamientos más absurdos.
La palabra entró como un relámpago en los huesos
y se abrieron en mí las plumas,
se abrió la mañana,
y el vacío no estaba ya solo,
la vida me palpitaba en el centro,
la vida era una ventana abierta
hacia el campo.


LINDA GONZALEZ. Fue colaboradora de la revista artesanal Cariátides. Ha sido publicada por revistas virtuales como Remolinos (Lima, Perú) y Letralia, Tierra de Letras (Cagua, Venezuela), además del suplemento editorial Hojalata (Nuevo Laredo, Tamaulipas). Acreedora a una Primera Mención Honorífica en el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2007, con el poemario Gemidos para arrullar a una loba herida. En julio del 2018, su cuento “La oruga que veía el cielo”, apareció en el libro virtual Escritura de cuentos de hadas para mujeres, antología del taller literario titulado con este mismo nombre e impartido por la escritora Marisol Vera Guerra. Se puede leer más de su obra en su blog personal: https://lindagonzalezg.blogspot.com