CUENTO Paredes descarapeladas **La puerta cedió fácilmente y recorrí sus habitaciones y sus pasillos, primero con la cautela de un ladrón y después con la confianza de un dueño || Federico Cendejas Corzo


He estado esperando a que llamaras, a que mandaras un mensaje o, en el último de los casos, a que aparecieras aquí, frente a mí, afuera de mi trabajo que bien conoces, pero nada de eso ha pasado.
        El silencio inquebrantable del teléfono es tan resistente como uno de los siete sellos del Apocalipsis, mi dolor de ausencia es terrible y extraño, sabes, porque no te amo, no tenemos historia juntos, eres, simplemente, otro de mis inventos idiotas, otra de mis tontas ilusiones de niño.
        Lo que más me da coraje es la estupidez de pensar que esta vez podría ser diferente, que tú y yo sí construiríamos un paraíso precioso y perfecto en el que podríamos ser felices.
        No, no escribo para ti, lo hago como un recordatorio de aquello que debo evitar a toda costa, porque hoy me queda claro que el maldito ego que cargamos los seres humanos nos va haciendo cada vez más incapaces de amar. Ese ego que lo llena todo, que habita los espacios y se expande cual enredadera por todos los rincones de la vida.
        Está bien, ya no quiero amar, porque lo único que he conseguido ha sido una buena cantidad de cachetadas espantosas, decepciones basadas en expectativas estúpidas como las que tiene un adolescente ingenuo o una princesa de cuento de hadas.
        Ayer, mientras el sol lacerante de otoño y el viento helado golpeaban mi cara sin misericordia, llevé el auto al mirador aquel en el que un día, la fantasía que fabriqué de ti y el recuerdo del inepto que fui durante las escasas horas que compartimos, se dieron un beso apasionado.
        Me doy asco haciendo ese tipo de cosas, me siento como un ridículo alumno de secundaria al que le han contestado que no, en el famoso papelito de la declaración amorosa, y al que le cuesta mucho trabajo aceptar su inevitable derrota.
        Después de navegar en pensamientos lastimosos y atormentados con la mirada perdida en la monstruosa ciudad que se desplegaba ante mis ojos, arranqué el motor y vagué por calles y colonias desconocidas, llegué, no sé cómo, hasta una casa abandonada y que había sido destruida por las inclemencias del tiempo. Su deterioro era tal que llamó mi atención y me detuve, bajé del coche y me asomé queriendo encontrar no sé qué cosa. La puerta cedió fácilmente y recorrí sus habitaciones y sus pasillos, primero con la cautela de un ladrón y después con la confianza de un dueño. Encontré una recámara en la quizás, otrora habitó una niña, lo digo por el cobertor rosa en la cama empolvada, el oso de peluche que tal vez fue naranja un día y que ahora se pintaba de tonos ocres, un globo terráqueo y una cortina de holanes, típicamente infantiles y femeninos.
        Mis ojos dejaron escapar unas lágrimas ante aquellas imágenes desoladas de una casa desconocida, de una habitación derruida, de esas paredes descarapeladas, de ese vacío empolvado del aire, sobre todo al pensar que un día todo ello era diferente, que estuvo lleno de vida y de color, que tal vez se escuchaban risas, que hubo amor y abrazos y tardes compartidas y ahora, todo era parte de un pasado nebuloso, apenas imaginado por un completo extraño que de casualidad halló entre las muchas casas existentes esa en específico.
        Estoy seguro de que tú no tienes nada que ver, o sí, en realidad no importa, porque nunca verás estas palabras, aunque te tenga en mi mente en estos momentos, ni siquiera cuento este relato para deshacerme de ti, me quiero deshacer del mundo entero, hoy quiero incendiarlo todo, aunque de sobra sepa que no tengo la fuerza necesaria para hacerlo, porque en medio de un lugar olvidado como aquel, me hinqué en el piso a llorar.
        Era un llanto antiguo y familiar, pero también había sensaciones nuevas en él, quizás lloraba porque me di cuenta de que esa casa soy yo.

Fotografía de Pexels

FEDERICO CENDEJAS CORZO. Colaborador en diversos medios de comunicación escritos electrónicos e impresos. Algunos de sus textos creativos y de investigación han sido publicados en libros y antologías. Profesor de nivel superior en las áreas de literatura, periodismo y humanidades, actualmente catedrático en el CUMP y la UAM-Cuajimalpa. Licenciado, maestro y doctor en Literatura y también licenciado en Comunicación. Twitter: @FedeCncor.

0 Comentarios