POESÍA VISUAL Ismael Velázquez Juarez, poeta experimental | Avril Blanco

Texto publicado en la revista Tierra Adentro

Parece el típico niño irritante. El eterno adolescente que imagina un viejo, un mentiroso. ¿Qué es Ismael? Una fila larguísima de tijeras y recortes de hombres pájaro. Un absurdo. Efusivo infante que te envuelve; aniquila. Su sencillez está lejos de olvidarse.

La primera vez que leí el trabajo de Ismael Velázquez me asusté. Creí que por más de leer y leer los textos jamás entendería cómo resulta esa sensación de pérdida.

¿Quién eres Ismael? El hombre que agazapado dicta versos o el puber que sale tambaleando a escupir perros y patear postes.

Eres un invento conmovedor.

La poesía de Ismael Velázquez combina la parquedad de la extensión; también a veces roja como un trozo de carne cruda. Una cualidad de su obra es la contundencia, la exactitud del “remate”. Una debilidad, las líneas cifradas, que jamás cierran los textos, lo que deriva en una lectura casi incompleta. Pese a esto, sus textos conservan una unidad discursiva plena.

A veces hilarante, otras incómodo y pornográfico; esperanzador, pueril; emocionante; triste, lapidario; ingenuo; demente; visionario. La cometa de Galileo. No adjetivos al azar, esta lista es lo mínimo esperable en un poeta. Por otro lado, Ismael es amargura.

La poesía de Velázquez conserva la forma, una constante en prácticamente todo el trabajo que he leído de él. Los tratamientos y las temáticas son también una constante, pero este poeta logra diferenciar líneas; esos descubrimientos de observar y limitarse a imaginar lo exacto, lo necesario.



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