POESÍA VISUAL Visibilizar | Marisol Vera Guerra

Proyecto poético visual donde exploro la relación entre mi cuerpo, el yo y la maternidad



Visibilizar ofende. El cuerpo femenino impacta como un territorio al que es tabú acceder visualmente. En especial cuando se rompe el esquema de la perfección estética (la impuesta culturalmente) y se llega a lo cotidiano.


Socialmente el cuerpo de la madre se invisibiliza. La piel herida, el pezón que alimenta, se vuelven tabú. Se le niegan a la mujer el derecho a sentir, ¿cómo puede amar y gozar plenamente su maternidad si no asume también el sentimiento de destierro, el duelo, la disolución y el renacimiento?


En nuestra sociedad patriarcal se concibe a los hijos como "separados" de la madre, cuando la construcción del yo del hijo se hará en gran medida a partir del yo materno, el cosmos-carne que lo engendra. Hemos mamado la filosofía, durante milenios, y la psicología más recientemente, desde la mirada de los hombres; hemos permitido que ellos nos desmenucen, nos diseccionen, nos acusen o nos intenten reparar; pero hasta que no se equilibre la ciencia con la mirada femenina, con el pensamiento instintivo de las que parimos, no se logrará un entendimiento pleno del desarrollo humano.


En mi búsqueda por comprender las fronteras del ser, ante mi horror hacia la etapa del embarazo y el dolor espantoso del parto, frente a la disociación que llega con cada hijo, desde hace siete años indago, experimento, a través de la fotografía. Porque creo que el arte puede revelar, con más brutalidad y belleza que cualquier análisis erudito, la relación del cuerpo con el Yo.





Cita Baudelaire cierta ocasión en que una prostituta lo acompañó al museo del Louvre y se tapaba el rostro, horrorizada, cada vez que veía un cuadro con desnudos: ¡cómo era posible que se exhibieran públicamente semejantes indecencias! Así como esta dama es nuestra sociedad, su doble moral, que consciente tácitamente la guerra, la mentira, la desigualdad, el adulterio, pero se escandaliza ante la naturalidad del cuerpo.




Asumo desde mi cuerpo mi propia existencia, porque mi cuerpo está hecho de caminos andados, de posibilidades y de memorias. Mi cuerpo es mi casa y la casa donde viven mis hijos. Nadie puede mirar en su interior más que aquél que me ame. Mi cuerpo es un templo habitado por varias almas y cada alma es un deseo que danza.



Aquellos que no pueden leer los lenguajes del cuerpo no entienden la belleza de sus células-versos, ni se estremecen con sus sonidos, pero estos seres están fuera de mí, no tienen la llave de la habitación más preciada, no se pueden robar mis joyas.

Los vampiros existen, los vampiros psíquicos que tratan de apoderarse de la realidad del otro. A menudo nuestra sociedad actúa como un vampirismo colectivo.

Me niego a entregar mi esencia a los que intentan arponear el corazón de mis palabras. Mi realidad es mía.


Amo mi cuerpo porque ha dado vida. Mi vientre está roto porque ha sido la casa de tres bebés. Mi rostro tiene huellas porque he vivido; mis ojos se han inundado de paisajes, mi boca de risas, palabras, gritos, murmullos, sollozos. La piel de mis pies está llena de cicatrices y durezas porque he caminado calles y subido por pendientes y saltado dentro de los ríos. Mis brazos sienten dolor porque han trabajado, arrullado niños, cargado mudanzas. Mis manos son ásperas porque han tocado las fibras de la palabra y de la caricia. Mi espalda está tensa porque lleva encima mi hogar, con sus memorias, con un jardín donde los rosales vuelven a florecer a pesar de las plagas.

No quiero un cuerpo sin cicatrices, sin callo, sin tejidos rotos, que esté vacío y nuevo, que no sepa aún del amor ni de la duda; que no haya perdonado ni sentido dolor. Mi cuerpo es mío. Yo habito en él. Cada sima y cada promontorio han sido forjados por la vida, con la savia de mis ancestros, y es allí por donde caminarán mis hijos.



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Marisol Vera Guerra. Escritora, editora y dibujante empírica. Su obra abarca los géneros de poesía, ensayo, narrativa y dramaturgia. Además experimenta con el videopoema y el performance. Coordinadora de talleres de escritura creativa y de fomento a la lectura. Ha publicado seis poemarios; sus libros más actuales son Canciones de espinas, Poetazos (2014) y Gasterópodo, Ediciones El Humo (2014), incluidos en la Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM. Obra suya aparece en siete antologías, la más reciente: LA LUNA E I SERPENTI,  prima  antologia di landai ispanoamericani, Progetto 7Lune (2015). Becaria del ITCA en 2010 con la investigación literaria sobre la Huasteca: Imágenes de la fertilidad: canciones al hijo del viento. Su columna “Páginas de tierra” se publica en el periódico La Razón, de Tampico.

2 comentarios:

  1. Hermoso, al igual que tu poesía corporal. Ojalá y todos los que pasan leyendo dejarán testimonio de que han estado aquí y han sido tocados por el don de tus palabras. Tú me animas a dejar para la historia un par de fotos de la belleza de una guerra ganada para la posteridad de una vida.
    Felicidades por tu audacia, eres un ejemplo.

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    1. ¡Gracias!, siempre es un honor tocar las fibras de otra mirada. Bellas y sensibles palabras me dedicas. Todos tenemos una historia qué contar, desde nuestro cuerpo, me alegra que mi trabajo motive a más personas a expresarse, sea cual sea su medio :)

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