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    POESÍA Ningún nombre | Juan Carlos de León


    NINGÚN HOMBRE

    Ningún hombre
    (aunque tú lo invoques
    Robert Lowell)
    es amigo,

    Los amigos vienen del infierno
    solamente pasean y saludan
    con las manos llenas de gracia
                                               y de pan

    porque saludan ante ti
    y no ven:

    El vidrio que construye
    el pronto prometer con agostos
    que se quiebran porque no son amables
    no son amables

    Vaya que es el ¡miau! del gato eterno, eterno, eterno
    y que el pleonasmo aduce al canario
    o su trino o sus muchos trinos, quien lo elimina…

    Ningún hombre
    (aunque tú lo invoques
    Robert Lowell)
    es amigo

    No es amigo

    Llegan a ser acaso

    Catedrales con musgo relamidas y piedras carcomidas
    cruzando las piernas porque el instinto lo implora
    y porque así, el Coyote, con su olfato, los recuerda
    haciendo gestos y antes dejarlos en las llanuras
    mordisqueados, jadeando ante esos filos

                                                            Y algún día

    Planeando una nube que se esfuma de las manos
    esparciendo el arcoíris de fuego y de alcohol
    reclamarán con dulce saliva
    una verdad oscura y tibia

    ***
    Y saberse


                en la mañana
    despierto (vivo o casi)
    Es un momento heroico

    Leer las propias venas
    henchidas de alcohol
                        como las avenidas constipadas
    de esta ciudad
    Es un momento heroico

    Mirar en un espejo el rostro descompuesto por
                                                                          la cirugía del sol
    ante la voz abstracta de la imagen contenida
                                                     (allí, el aleteo del cisne moribundo)
    Es un momento heroico

    Tener la boca abierta para decir palabras
    que dibujen los pasados/
    los pasos cortados:
    las miradas extraviadas hacia
    el paraíso
    […y el paraíso no es más que mantener la poca conciencia
    que aún nos circunda y que nos marca]
    Es un momento heroico

    Rastrear en los bolsillos las ruinas del olvido
    Con los dedos agotados de tomar la vida en
    un minuto destaparla y reventar la cabeza en el asfalto
    para luego sonreír y coronar la noche
    Es un momento heroico

    Ver caer la cortina de la tarde
    mientras suenan las voces que imperan jadeantes en la calle
    y los perros en su andar unos con otros
    orquestando el caos de la coherencia
    oyéndolos ladrar y confundir la realidad
    Es un momento heroico

                             Por eso digo que hacen falta cigarrillos
                             Y que la noche me da una palmada y…

    Bendito sea el sillón que me recibe
    Bendito el techo que me cubre de la lluvia
    Bendita la mesita donde se coloca el vino

    Y mañana
    despierto (o casi)
    entre palabras
    espejos
    perros y los cisnes de este vertedero
    Será acaso ese momento heroico.

    JUAN CARLOS DE LEÓN (Ciudad de México, 1981) Periodista, narrador y boxeador amateur; tiene algunos poemas, cuentos y entrevistas publicados en revistas y portales web nacionales y extranjeros. Escribe el poemario Las horas rabia que posteriormente será lanzado al mar. Tuitea en @maesselyon

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