POESÍA Un cielo que no es mío | Adriana Dorantes


NOSTALGIA PERPETUA

Quisiera decir que fui engendrada por el olvido,
que mis pasos son apenas murmullos,
que mis ojos no sienten y no buscan,
que puedo vivir pensando en la salvación y en amaneceres de esperanza.

Quisiera haber nacido antes de la melancolía.

Mi patria se nutre de recuerdos y fracasos.
Mi tierra escupe laberintos de sangre en sus altas paredes
y del cielo llueven seres condenados a andar caminos infinitos.

El reino que iza por mí su bandera
gime a diario entre la niebla;
yo pertenezco a las cavernas,
a las heridas cíclicas,
a los absurdos.

Yo,
gigante desollada,
soy hija de la nostalgia perpetua.

En la frente un estigma,
en los pies los pasos sin propósito.

Yo tengo patria en el reino del dolor;
todas las penas de mi tierra se alzan en mi espalda,
todos los muros se adhieren a mis huesos quebradizos
y levanto desiertos dolientes para libarlos al rey de la miseria.

La saciedad de su esqueleto nos nutre un día más,
el reino adormece en su recompensa.

VOLVER A SER NIÑA

No quiero volver a ser niña porque mi dios es un saltamontes
y no quiero que nadie me lo quite.

No quiero volver a ser niña porque me espantan los globos,
porque no me interesa jugar a que tengo un hijo y debo darle de comer.

No quiero volver a ser niña porque van a obligarme a hacer lo que no me gusta:
comulgar y vestirme de blanco,
contestar preguntas sobre un cielo que no es mío,
repetir oraciones sin pensar.

No quiero volver a ser niña porque la maestra no va a creer que no tengo amigas
y me regañará por estar sola en el patio lejos de los demás.

No quiero volver a ser niña porque quiero escribir sin que me digan que esas letras las hizo mi mamá,
porque no me entienden que salir a correr no es diversión.

No quiero volver a ser niña porque quiero mis lágrimas adentro,
porque no quiero saber la verdad.

LA EXISTENCIA

Todo existe por la cóncava distancia entre el silencio y el secreto:
un latido tenue posado sobre los labios de la soledad.

Hombres sin brazos erigen monumentos etéreos,
un palpitar abarca la anchura de sus ojos,
reafirma la carencia de su estirpe.
Trabajan por la riqueza del subsuelo,
alzan ideales con la fuerza de las rocas, pero sin tener cimientos.

Imaginación: retorno inmediato al sueño.

La angustia se apacigua cuando cantan —todos al mismo tiempo—
hacia el sonoro ardor que abre sus cuencas a la luz.

Todo existe por la cóncava distancia entre el silencio y el secreto.

Todo menos
los segundos en que los hombres se reintegran a sí mismos,
se escuchan,
son,
rompen el mutismo.

La verdadera existencia es, está siendo.


ADRIANA DORANTES. Maestra en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Guanajuato. Primer lugar del Certamen Internacional de Poesía Bernardo Ruiz, 2009. Ha colaborado en algunas revistas (impresas y electrónicas) y suplementos culturales con creación y artículos sobre literatura, como: Destiempos, Valenciana, Mexicanísimo, Casa del Tiempo, Guardagujas, Moria, Dos disparos, Revarena, Palabrerías, Ficticia, Cofibuk, entre otras. Ha escrito los libros Quién Vive (UAM, México, 2012); Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (Sediento, México, 2014); Entre mares alados (Ediciones y punto, México 2014); y ¿No habrá puerta de salida? (Casa Editorial Abismos, 2016). Obtuvo el segundo lugar en el Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2015, organizado por Editorial Verso Destierro.

Imagen | Pinterest

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