RESEÑA Degustación de antojos | Juan De Dios Rivas Castañeda

Callejero gourmet, veinte aguafuertes langucientos es el más reciente libro de Jaime. Fraguado con un lenguaje coloquial del entorno, nos lleva a turistear por la gastronomía que habita las calles laguneras.
Existen escritores que después de leerlos permanecen con nosotros. Siempre están ahí –en el auto, en el camión, en la mesa del comedor, en el librero, en la mesita de noche y hasta en el váter– y los releemos. Es todo un deleite volver a su obra. La estimación y el asombro constantes que experimentamos por sus letras consiguen un vivo acercamiento a su persona y a su vida en un grado tan alto, que disfrutamos de una forma sin igual de sus logros y novedades sin importar la distancia en tiempo y espacio que nos separa de ellos. La admiración alcanza cuotas más altas cuando uno de estos literatos vive en la región de muchos de sus lectores, como sucede con Jaime Muñoz Vargas.

Jaime tiene su origen en Gómez Palacio, Durango, ciudad comarcana que, en conjunto con Lerdo, también de Durango, y Torreón, en el Estado de Coahuila, forma parte del conglomerado metropolitano más amplio y signifcativo de la geografía conocida como La Laguna. Sin embargo, el autor de Ojos en la sombra reside en Torreón desde hace años. Es escritor, catedrático, periodista y editor, actividades que desempeña con la satisfacción de lo profesional. Es poseedor de un costal de importantes galardones y reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia (2001) y el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí (2005).

Callejero gourmet, veinte aguafuertes langucientos es el más reciente libro de Jaime. Fraguado con un lenguaje coloquial del entorno, nos lleva a turistear por la gastronomía que habita las calles laguneras. Este lenguaje popular de la región remite a las charlas entre amigos, comunes en una reunión donde la carne asada y las cervezas son protagonistas. Charlas también comunes en un bar o cantina. Jaime siempre ha manejado este tipo de habla en dosis controladas a través de las narraciones en primera persona o en los diálogos de sus personajes. Incluso es el estilo principal en su libro de relatos de sensacional policíaco Leyenda Morgan. En Callejero gourmet… lo utiliza de nuevo magistralmente durante todo el recorrido. El volumen, constituido por poco más de medio centenar de páginas, es tan maliciosamente ameno que, sin afán de convocar el albur, se engulle completo de una sentada. Y deja antojo, tanto de los alimentos que cita como de sus folios. Deja antojo de volver a devorarlo en su totalidad.

El creador de Parábola de moribundo despierta la sensibilidad del paladar invocando recuerdos de un éxtasis gastronómico experimentado en un pasado remoto o reciente. Sus crónicas y descripciones de alimentos –pintorescas y certeras– consiguen que el lector, si también ha sido un comensal de a pie en cuestión de manjares callejeros, se identifique y reconozca entre la gula de letras, mediante la cual es posible degustar la textura de cada alimento y enchilarse con las salsas traídas al papel, donde pueden escucharse los tronidos del “Chicharrón de puerco” y del “Duro preparado” al momento de aplicarle una generosa mordida y durante su masticación antes de dar paso a su viaje hacia el estómago.

La gira va desde el “Agua celis”, pasando por los clásicos “Burros de hielera” y el “Lonche”, hasta la “Nieve de Chepo” y los “Tacos de La Joya”. En “Elote tatemado”, Jaime evoca el olor y sabor de la mazorca al carbón y lo sugiere sutilmente como un antidepresivo: “…y para comprobar que es una delicia, nunca he visto que una persona devore un elote tatemado y esté, al mismo tiempo, triste”. Las líneas finales de “Fruta con chile” mencionan el arte que los fruteros deben dominar: “…los fruteros deben ser expertos en materia de chile en polvo, pues toda fruta en vasito que uno quiera apreciar en todo su esplendor necesita tres ingredientes imprescindibles: sal, limón y chile. Con eso, la fruta picada es otro asunto, la naturaleza con sabor a paraíso”. El aparatado de “Hamburguesa” alude a que “La comida es, acaso, lo más histórico y lo más cultural del hombre: cada quien goza con sus alimentos de acuerdo a la educación de su paladar, que es tal vez el más memorioso de los sentidos”; y sobre las hamburguesas laguneras de carrito, asegura: “Lo que las hace grandes es el elemento extra, esos ingredientes nada secretos que van desde la cebolla cocida y medio dulzona, el tocino picadito, el aderezo de mayonesa, el chile encurtido, el tomate y la lechuga, todo impregnado de un sabor a carbón que nos remonta a la pureza de la cocción original del ser humano”. La “Nieve de Chepo”, además de las imágenes heladas y dulces de su escencia, cita los sabores en que es preparada: “Los sabores son limón (que de inmediato atrae a las abejas, por cierto), vainilla, chocolate, mango, cajeta, coco y fresa. Yo me quedo con uno: el de (y vaya que sí sabe a) café, la joya de la corona neveril en La Laguna”.

Todos los platillos y antojos que Jaime incluye en el menú, son mejores en nuestra comarca, asegura, debido a la “deformación localista”, a la creatividad para añadir o cambiar ingredientes en la recetas por parte de nuestra gente dedicada a la cocina, como ocurre con el “Menudo” que se puede paladear domingo a domingo en este rincón semidesertico del país.

Aunque es necesario señalar que, si no se cuenta con un estómago educado o con callo, como quizás diría el mismo Jaime, cualquiera de estos aguafuertes langucientos puede caer como aparato explosivo en el sistema digestivo de quien no esté habituado a estos goces del paladar.

Me hubiera encantado que Callejero gourmet… diera cuenta de más bebidas callejeras. Es probable que Jaime las trate en otro libro, en cuyo catálogo aparecerán, sin duda, las aguas frescas de los estanquillos, servidas en vaso de vidrio o en bolsa de plástico transparente, con nudo y popote. Sin embargo, el volumen enumera una excelente muestra de todo aquello que se puede encontrar en las esquinas, calles y avenidas de la región lagunera.

Además de la indiscutible calidad del contenido, el diseño del libro, la tipografía y sus materiales son muy atractivos. El único pero que le pongo al ejemplar que en este momento tengo entre las manos, es el tamaño de la letra. Es muy pequeña. Pero esta característica no impide su amplio disfrute.

Por la estructura, la estética prosa de Callejero gourmet… y por todo, Jaime Muñoz Vargas cuenta entre sus haberes con un enorme número de lectores diseminados por todo México y por diferentes partes del orbe.

Muñoz Vargas, Jaime
Callejero gourmet, veinte aguafuertes langucientos
Iberia Editorial
Comarca Lagunera, México
2017
54 pp.


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