POESÍA Una extraña música (Fragmento) | Daniel Medina

 


Me dicen que eres falsa y yo contesto:
Carl Sandburg



Una orquídea en tu cuerpo me llama desde siempre
            Esperanto
y eres más que una salida, un lenguaje con música de fondo.

Espejo en mi piel y azucena en mis brazos
algo crece en ti como germinan los signos de la boca,
el beso de los muertos y los desaparecidos.
Algo germina en mí y en ti y en las palabras que no entiendo
pero que habitas en la burla           

                        como fruto de los dados y el azar.



La ciudad se hunde:
            la estadística,
            los cuerpos volátiles,
            se hunde la ciudad imaginaria que se escribe.
            Se devora el idioma
            con su poética intención de piedra.
Un relámpago. El corte de los ríos.
El tono azul del cielo reflejado en la corriente.

A duras penas
            Esperanto
te reconozco en la piel,
en la hoguera de sombra en que mi carne es combustible.

La breve escritura en las paredes confirma tu naturaleza,
tu imposibilidad de vivir en el presente, en el decir de ahora.

Y a duras penas
            Esperanto
retrocedo sobre las huellas y la sangre.
El horizonte –dotado con la extrañeza de la música–
comienza a desaparecer y el otro lenguaje cobra fuerza.

Dibujada como la hoz al árbol,
tenemos la esperanza de que nos necesites tanto como nosotros a ti,
como nosotros al mundo.                                                     



La escritura no puede ser un mapa,
no guarda en su interior sino fragmentos
de algo parecido a la luz aunque dormida.

Hemos viajado tanto, lo intentamos
colocando los pies sobre la tierra,
bebiendo el agua en el momento justo
            para perder la sed
mientras el árbol retoña en sí mismo
como una ciudad que no necesita de habitantes.

Y ahora míranos:
            a la mitad del camino con el mapa en blanco
            y dolorosamente quietos.

Oscurece en el lugar donde el atardecer
nos anima a perseguirte, a contemplar la piedra
de tu nombre.

Una ciudad en ruinas necesita el abandono.

Es preciso marcharse
con dirección a lo perdido
para recordar de dónde viene la esperanza.

No podemos retroceder.

No hay cabida para el dolor
en este lado del mundo
            (no para más dolor).
           
Nadie sabe si el desierto
es buena señal para el que viaja.

La sed crece
y todo nos recuerda
que todo está perdido.



Estos poemas forman parte de “c”;
poemario ganador del Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017.
El jurado estuvo conformado por Daniel Torres, Luis Aguilar y Fernando de la Cruz.




DANIEL MEDINA (Mérida, 1996). Estudia la licenciatura en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha colaborado en diversos medios digitales e impresos como Periódico de Poesía, La Gualdra (suplemento cultural de La Jornada Zacatecas) y Blanco Móvil. Obtuvo el Premio INBA-CEDART de Poesía 100 Años de Letras Mexicanas 2014, el Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014, Mención Honorífica en el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 por Casa de las flores (BDV, 2016) y el Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017 por Una extraña música. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al italiano.

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