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BLOG Luis Bugarini «Calaveritas mexicanos es la suma de mis aprendizajes en el oficio de narrar» | Redacción Bitácora de vuelos


Con motivo de la próxima publicación electrónica del libro Calaveritas mexicanos (Bitácora de vuelos ediciones/ E-Ñ), el equipo de redacción realizó una entrevista al escritor Luis Bugarini. En ésta, el autor de Papeles de Myra Hindley, reflexiona sobre la narrativa, de la que suele decirse, no admite definiciones. 


Luis Bugarini (Ciudad de México, 1978). Escritor. Ha incursionado en la narrativa, el ensayo y la poesía con diversos títulos. Entre los más recientes se encuentran Se encogió de hombros y dijo: (Librosampleados, 2016), Recuento personal de Mitia B. (Ed. Navarra, 2018) y Papeles de Myra Hindley (Ed. Periféricas, 2018). Es colaborador de la revista Nexos y de otras publicaciones culturales impresas y electrónicas. Su título más reciente es Mínima preceptiva para la acción literaria (Iniciativa Cucurucho, 2018), que puede descargase gratuitamente en https://iniciativacucurucho.com/  

Bitácora de vuelos ediciones (BVE): ¿Qué es la narrativa? ¿Puede definir el género en cuestión?

Luis Bugarini (LB): La narrativa, suele decirse, no admite definiciones. Concluyo que estamos en presencia de ella cuando hay signos legibles en la página que hablan de nosotros y de los otros, en tanto que individuos y actores de la historia, a manera de relato. Creo que la novela, al final, es un pacto entre una colectividad que elige llamar así a ciertos productos escritos. Esto es una convicción personal, que no debe tomarse demasiado en serio. Lo cierto es un terreno móvil de imprecisiones, desajustes voluntarios o involuntarios y actos simulados.

BVE: ¿Quién o quiénes te introdujeron en la lectura? ¿Quién o quiénes guían tus primeras lecturas?

LB:  En la adolescencia temprana, tendría once o doce años, encontré un libro del marqués de Sade… ¡ilustrado! Aquello fue un hallazgo que aún vive en mí. Entonces leía desde la trasgresión, la inconformidad y el rencor a una sociedad que elije mantenerse inmóvil. Luego tendría oportunidad de darle sustento teórico a ese anhelo de perturbar. He cambiado poco, visto en perspectiva.

BVE: ¿Cómo comienza tu quehacer narrativo? ¿Qué impacto tuvo en usted ver sus primeras publicaciones?

LB:  Lo primero que me interesó fue la crítica, que fue mi herramienta de entrada al periodismo. Compartir mis notas de lectura en los diarios se volvió una dieta fundamental, que aún hoy continúa y espero que nunca se agote. El cultivo de la narrativa, en cambio, fue un acto posterior. Lo mismo me sucedió con la poesía.

BVE: ¿Cómo es su día de creación literaria? ¿Dónde escribe? ¿Con qué frecuencia?

LB:  Hay días en que no leo y no escribo, y otros en los que escribo al hilo ensayos, cuentos o segmentos de novelas iniciadas. El proceso es azaroso, más dentro del capricho que de una lógica productiva y disciplinada. Cuando logro hacerlo, escribo en la sala de mi casa, en un café internet o en bibliotecas públicas. Pero en mi aprendizaje de escritor, lo primero es dar espacio al espectáculo de la vida y sus accidentes. La experiencia es antes de la literatura.

BVE: ¿Cuál ha sido su proceso para escribir Calaveritas mexicanos? ¿Cómo se gestó? ¿Influencias? ¿Retos?

LB: Fue un proceso largo, de varios años de escritura, en donde se buscó un diálogo entre la forma y una mirada compasiva a nuestro paso por el mundo. Debido a su elaboración pausada, tuve tiempo suficiente para mirarlo desde distintas perspectivas e idear sus puntos de unión. Calaveritas mexicanos es la suma de mis aprendizajes en el oficio de narrar.

BVE: ¿En qué proyecto/proyectos estás trabajando ahora?

LB: Finalizo una novela que de manera tentativa se llamará El dueño de Finca Abbado, que ya tiene una capa de escritura y ahora me dispongo a intervenirla con otra capa superpuesta. Además, escribo cuentos y poemas pequeños, que se esparcen en el tiempo, a los que volveré para sus versiones finales en diciembre de 2018.

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