Sobre una alberca vacía parece desplazarse la poética de una de las escritoras más consistentes en los últimos años. La memoria, la ausencia, la familia, el espacio que habitamos, la fotografía, los animales, los márgenes y las maneras de leer-escribir preocupan a la autora del libro Alberca vacía, traducido al inglés por Robin Myers (Argonáutica / Universidad Autónoma de Nuevo León, 2019).
Lo anterior no es un retrato: «la fotografía es una trampa porque nos regala un imposible: la ilusión de que uno puede apropiarse de lo observado al mirarlo» (29).


Del perfil de Twitter de Isabel Zapata (Ciudad de México, 1984) es posible apropiarse de este bello dibujo. El recuadro que lo limita podría funcionar como el borde de una piscina. Si está llena, el agua (nos) refleja; si no, ¿qué vemos? El fondo de lo que nos rodea sería el hilo conductor de estos nueve ensayos.
            En el último, «Maneras de desaparecer», alude al poema «Alberca vacía» de Principia (2018), libro de Elisa Díaz Castelo. ¿Seríamos capaces de reconocer el agua de una piscina por su ausencia? ¿Quitaríamos de la mente las ramas que salen por las grietas, las bolsas de plástico, las latas vacías de cerveza, para advertir lo que no está?
            Hace unos meses, mientras preparaba el cumpleaños de mi madre, a distancia, di con una foto del día de su boda. Toda la familia estaba preparada para ese instante que yo veía más de treinta años después. Supongo que el objetivo era capturar el feliz enlace. Mis tías, mis tíos, mis abuelas sonreían. También uno de mis abuelos, el otro no estaba; y quizá por ello todos miraban a la izquierda guiados por el ademán de su esposa. No sabemos qué ocurrió, pero intuimos en la ausencia una voz, un grito, una queja por demorar la captura de la dicha.
            Ello no es más que una anécdota personal en la que puedes construirte leyendo a Zapata. No se contenta con lo establecido, con lo dicho o lo mostrado. Su deseo, he ahí su mérito, es ir más allá. Lo hace con el rigor y la limpidez verbal de quien maneja fuentes de todo tipo, privadas y públicas. Reúne diversas tradiciones, en varias lenguas, para repensar tanto la literatura como la relación que tenemos con los libros y el lenguaje.
            Me parece un acierto que sea bilingüe una obra en la que diserta sobre la traducción: ¿qué grado de conocimiento debemos tener de la lengua de la que partimos?; ¿hasta qué punto resulta viable crear un texto en otro idioma tomando en cuenta uno intermedio? Zapata se fija en las palabras compuestas de todas las versiones inglesas de un poema que escribió Szymborska. Imagino que mientras la leía escribía a lápiz varios términos e ideas en los espacios, anchos, que dejaba la caja de texto. Antes de cerrar el libro, seguramente, doblaba la esquina superior de la página.
            Por esta razón pienso en el autor que da nombre al Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti, que nos congrega también ahora en la pantalla desde la Universidad de Alicante. Acceder a los libros que reunió en Madrid permite disfrutar de subrayados, anotaciones: impronta y marginalia.
            En la penúltima sesión de este club se privilegia el oído. Se aconseja leerla en voz alta para advertir el ritmo y la fluidez del pensamiento tan bien llevado al inglés. El oído encierra el equilibrio a la hora de advertir la ausencia; en el hueco aparente, en el silencio imposible se halla el eco matizado generación tras generación en la mente brillante de quien colabora en Vanosonoro, uno de los espacios en los que se encuentran las diferentes partes de este libro.
            La autora de Una ballena es un país (2019) ahora comparte en prosa una serie deliciosa de apuntes que van hilvanando la red de referencias, interferencias o inquietudes que la cubren, cual universo. Todo pasará por la defensa del medio que aún soporta nuestra habitabilidad. Si Montaigne se hubiera lanzado alguna vez a una alberca no se habría preocupado, de manera tan productiva, por el elemento que lo contiene. Quizá sirva este último párrafo del texto «Elogio de Nosferatu» («In Prise of Nosferatu») para abrir un debate en estos días cerrados:

Observar a los pulpos es enfrentarnos a lo poco que aún comprendemos de fenómenos mentales conscientes, lo cual casi equivale a decir que no sabemos qué nos hace humanos. Mientras lo averiguamos, ellos siguen construyendo ciudades, resolviendo rompecabezas y aprendiendo a abrir, desde adentro, los tanques que los confinan (42).

To observe an octopus is to confront how little we really understand about conscious mental phenomena ‒which is almost like saying we still don´t know what makes us human. As we struggle to figure it out, octopi carry on building cities, solving puzzles, and learning to open ‒from the inside‒ the tanks that enclose them (108).

Leánse en Zapata. También en Myers, publicada en la editorial Antílope que confundó la primera, en la Colección Alberca vacía.

IGNACIO BALLESTER PARDO (Villena, Alicante, 1990). Es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante, con una tesis sobre poesía mexicana que dirige Carmen Alemany Bay. Es miembro del Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti y del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. Con Alejandro Higashi coordina el número 23 de la revista América sin Nombre (2018), dedicado a la «Madurez de la joven poesía mexicana». Es autor del libro La dimensión cívica en la poesía mexicana contemporánea: herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte (Tirant lo Blanch / Universidad Autónoma del Estado de México, 2019). Cada domingo comparte sus líneas de investigación en el blog Poesía mexicana contemporánea.

Imagen de portada: Noticias 22 digital