Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia. 
Henry Adams

He sido profesora desde hace diecisiete años, tuve el gusto de iniciar al llevar a cabo mi servicio social en una primaria con niños de sexto año, con un programa que mi amiga Magda y yo le propusimos a nuestra universidad para promover la lectura; porque cuando nos asignaron dónde hacerlo pensamos que no tenía nada que ver con lo que nosotros habíamos decidido estudiar (nos mandaron a la Procuraduría del Estado), ahí sacaríamos copias y andaríamos de Y V M. Así que nos dimos a la tarea de buscar escuelas primarias que nos pudieran recibir y fue en la Himno Nacional donde nos abrieron las puertas con gran calidez. Dónde más he dado clase es otra historia que algún día les compartiré.
       Este recuerdo vino a mi memoria a raíz de la crítica y despido de una docente que grita a sus estudiantes de licenciatura por no encender la cámara en una clase virtual. Me quedé pensando en el cambio drástico que tuvimos que dar el profesorado y en el cómo se nos está viendo a través de una pantalla de un dispositivo electrónico. Podrán decir que soy una soñadora, pero coincido con Howard G. Hendricks[1] al creer que la enseñanza que deja huella no es aquella que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón; lo pienso porque cada persona tiene un carácter, aquellas formas en las que reaccionamos ante un evento, palabra o emoción; decirlo así quizá sea sencillo, porque cuando algo sucede y es grabado y difundido en la red se vierten opiniones de todo tipo. Quiero comentar que no estoy de acuerdo con lo que la profesora realizó, pero también debo comentar que la pantalla siempre será un escudo de defensa para uno u otros. Mi amiga me compartió el caso de una profesora que fue sancionada por causar parálisis facial en una estudiante, ya que le provocó estrés.
       En estos tiempos podríamos aplicar lo que Torrentes Ballester[2] exponía La enseñanza se ha puesto muy complicada, y uno ya no sabía ni qué enseñar, ni cómo enseñar, ni a quién enseñar… él nos lo comparte en el siglo pasado, pero tiene gran vigencia; si de un día para otro nos vimos necesitados de las TIC´s[3], también nos dimos cuenta que no hay igualdad en el estudiantado, pero tampoco en el profesorado, hemos visto la inventiva de muchos docentes para estar dando clases pero también sabemos de profesores que no ven a sus estudiantes (por ningún medio) y los jóvenes no los reportan porque así los aprueban o se la llevan tranquilos.
       Enseñar en tiempos de pandemia sería un buen título para un libro o para un documental, podríamos ver las múltiples miradas de esta situación y creo que tanto la familia, el estudiantado, el profesorado y las autoridades educativas tendrían que ser honestos y no crear programas de relumbrón o estrategias ni siquiera pensadas para seguir llevando a cabo los procesos educativos. ¿Se han visto en una clase hablándole a nadie cuando todos deciden apagar sus cámaras para estar haciendo otra cosa? o ¿se han puesto a responder mensajes de WhatsApp a la 1:00 am porque es la única hora en que le llega internet a una o varios estudiantes? ¿Han tenido que modificar sus contenidos y adecuarlos a este momento? ¿No se desesperan por no recibir respuesta de quienes se supone también están ahí por deseo y gusto de aprender? A mí sí me ha sucedido, yo he procurado entender la situación, pero quién puede entender que quien es honesto al llevar a cabo su clase no tendría que estar formulando carpetas de evidencia, ni cargando de tareas a jóvenes con libros de 567 páginas para leer en una semana, cuando se sabe que muchos docentes no leen o ni siquiera se preparan.
       La pandemia destapó una cloaca del sistema educativo, donde se perjudica a toda la sociedad porque es en la enseñanza donde se cimientan conocimientos formales, pero creo que sobre todas las cosas se busca que mujeres y hombres que van a las aulas tengan voz y crítica ante un sistema social inequitativo. Una cloaca donde muchos sólo ven la remuneración económica o los escaños de poder dentro de sus instituciones educativas, donde entran y vuelven a entrar personas sin los perfiles adecuados pero que son manejables, simples marionetas que cobran vida y joden a quienes sí tienen ánimo por aprender.
       No, no defiendo a la profesora, de eso estoy convencida, pero también quisiera que quienes toman clases no se mofen de sus profesores que vamos aprendiendo a andar en su “modernidad”, que no se aprovechen de la poca conectividad para no mantener en ellos el proceso autodidacta, que se den cuenta que también somos seres humanos y que podemos equivocarnos; recordemos que violencia generará siempre más violencia y que las redes sociales se han convertido en el mayor tribunal y en el principal sistema acusador de un lado o de otro.
       Sé que es muy difícil empatar el decir y el hacer, pero tenemos que intentarlo, la coherencia nos define, es como si nuestra caja ética quedara grabada en cada niño o niña, en cada persona que busca o ve en su profesor una guía para tener impulso y seguir adelante, recordemos que largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos[4]. No es tan difícil, se los juro.

Recomendamos leer:

  • Frank Siccone y Lilia López. (2006). Los sentimientos en la educación. Argentina: Troquel.
  • Umberto Eco y Jean - Claude Carrière. (2010). Nadie acabará con los libros. México: Lumen.
  • Milan Kundera. (2017). La ignorancia. México: TusQuets.
  • Claudia Reyes Trigos. (1987). Alfonso Reyes y la educación. México: El Caballito / SEP.
  • Inger Enkvist. (2015). Lección de pedagogía. México: SNTE.


[1] Howard G. Hendricks, profesor y autor de varios libros, pero el que a mí me parece muy interesante es Enseñando para Cambiar. 
[2] Gonzalo Torrente Ballester, él fue profesor, narrador, dramaturgo y crítico español, cuya obra evolucionó del realismo social al realismo fantástico, un escritor muy premiado, pero sobre todo enfático en los procesos enseñanza aprendizaje.
[3] TIC´s son las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) todos aquellos recursos, herramientas y programas que se emplean para procesar, administrar y compartir la información mediante diversos soportes tecnológicos, tales como: teléfonos inteligentes, computadoras, televisores, reproductores portátiles de audio y video o bien, consolas de juego.
[4] Frase de Séneca, filósofo que bien caería leer en estos tiempos. 


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Foto de Karolina Grabowska en Pexels