Aquí estoy, amigo, para celebrar una fiesta, la mejor posible mientras viva en la tierra. Creo que ese es también tu deber. Janis Joplin.

I

Ves a lo lejos decoraciones por todo el jardín, luces de colores, música a bajo volumen, una pequeña mesa con un mantel blanco bordado, tres sillas y una jarra de agua fresca, caminas por el pasto verde, lo haces con todas tus fuerzas sosteniendo también una bandeja de plata. Tu caminas a paso lento y las golondrinas te persiguen sin parar. Eres lejana e intentas entender esta historia con todas sus palabras, la mujer que venía mucho más atrás de ti te lo dijo por la curiosidad cargada en tus pequeñas manos. No lo sabes, pero ella no te lo contó todo. Es decir, se transforma en acto prohibido lo más importante.

Llegas a la mesa y miras a la chica que está frente a ti, tú eres feliz, pero la chica del cumpleaños qué siente, realmente no conoces sus emociones, solo te ve y calla; pones el pastel con la vela derritiéndose frente a sus pupilas similares al color de la tierra mojada, sonríes y le cantas una canción de feliz cumpleaños que inventaste, mientras atina a pedir un deseo que se deshace entre la llama de fuego que salió de tu último resplandor naranja.

 La observas soplando la vela, le preguntas su deseo, no lo dice para cumplir la antigua tradición. Emocionada le pides pluma y papel a la chica, saca su bolsa y comienza a buscar lo que le pides, sólo encuentra dos plumas, pero el papel no está, le pides esperar; la anteriormente mencionada accede, y tú recorres el patio para buscar algo con que escribir, recoges de la entrada de esa casa una servilleta bordada que le dio su abuela, únicamente para escribir el final de un comienzo feliz.


II

En mi último cumpleaños, me encontraba llorando mientras estaba sentada en el piso de mármol, repitiéndome: “eres poca cosa”, ¿Por qué no eres como las chicas bonitas que aparecen en la time line de tus redes sociales?” Una vez más he pensado en el desaparecer como una opción, pero eso sería quebrarme para hacer cenizas mi fortaleza, estoy cayendo o al menos eso creo.  Si preguntan sobre mí, dirán muchas cosas, de antemano les agradezco que hayan venido para enterarse por mi propia boca, esto es lo que les contaré por la confianza que tuvieron: Mi color es azul, la adolescencia me marcó; aunque a veces aparecen en mi columna vertebral rastros de otros colores y esencias.

Sin embargo, yo soy únicamente esta que ves frente a tus ojos, la vela del pastel se consume, aquella que luce radiante, me canta con cariño. He pedido un deseo y rezo con fervor a todos los dioses para que se haga realidad, la nostalgia es lo mío; escribo sobre la bandeja de plata, siempre en dureza, rompiéndose el verso en cualquier conexión, escucho al mármol volverse añicos; ese al que también le ha llegado este mensaje desgarrador.

Escribo y ahora deseo ser la única que levante su voz como la espuma; para traer de vuelta a las sensaciones estridentes en el silencio. No obstante, yo lo sé a la perfección, que falta alguien más aquí.


III

Ella se detuvo en los campos de violetas, mientras que el frío viento se instaló en su cárdigan gris, ese que siempre usa en cada ocasión, imprescindible hasta en los momentos especiales. Admira las violetas con cariño y por consejo de la que se adelantó decidía cortarlas para dárselas como regalo a la persona que verá el día de hoy, pues éstas guardan un secreto muy especial; se agachó y antes de que pudiera arrancar las flores, se abstuvo y decidió rescatar aquellas que otros cortaron y prefirieron dejar por las prisas.

 Se funde en el aroma del campo, conoce la historia a la perfección, la ha vivido muchas veces, a través de experiencias, intuiciones, emociones que la invaden y premoniciones en madrugadas ocurridas en el quinto mes, pero también es prohibido revelar lo que merece ser un secreto entre sus voces y el universo. Ella saca las demás flores de su canasta y papel rosa, uniendo todo para hacer el tan anhelado ramo, no sabe por qué le tiene tanta fe a un ramo de flores, pero lo hace con la fuerte convicción de tener un futuro […] Va con seguridad a la casa de la anfitriona.

Su esencia púrpura está en cada espacio, su papel para escribir es cualquier lado, la naturaleza es su aliada; con ella se une más allá del espíritu y la carne, y son otro lugar y piel respectivamente. En el camino, a punto de llegar, se marea, la ha tocado un verso, regresa a descansar y escribe en la piel de sus brazos y piernas, arriba de las marcas de nacimiento a manera de encontrar aquella magia expresada en los cuentos. Se retoca en el espejo y acepta una de sus posiciones que es la de dar vida al cambio y poder a cada espacio recorrido […] Es el folklore, fortaleza, misticismo y fe.


IV

Se ve una esencia llegar por el oeste, al fin ha llegado, la persona saluda, me ve sentada frente al pastel, observa a la de aura feliz y dice que en esta inusual escena hay algo incorrecto. La otra chica y yo nos miramos pasmadas; las golondrinas vuelan y recordamos, las tres corremos hacia la casa que está detrás de nosotras; en la búsqueda […]


V

Su presencia no se encuentra en la parte de abajo y ni en los alrededores, estás preocupada, te preguntas cómo pudiste haberla olvidado, te sientes culpable; unes tus parpados, respiras, escuchas el canto de los pájaros que seguían tus pasos y empiezas a buscarla entre los pequeños objetos, a través de tus ojos ves: las decoraciones, la mesa puesta, luces, el pastel decorado con hojas y regalos envueltos con colores específicos […] La fiesta en realidad aquí.


VI

Un aleteo la saca del trance, su esencia púrpura les guía hacia a las escaleras, caminan en hilera, ella adelante y susurrando las tres entre sí. Al terminar de subir, ve una puerta abierta, las chicas se paran enfrente, el trío ve una fotografía colectiva: La figura de alguien significativa para ellas; esa que es luz, sombra y esencias, sentada frente a una mesa, sus manos tocando las teclas de una vieja máquina de escribir, marcando el papel igual que a su columna fragmentada de color, su sonrisa y sus pupilas están felices siendo la flama un resplandor, hay violetas a su alrededor, por toda la habitación, incluso entre las páginas de los libros que descansan en las repisas de la pared.

También, puede apreciar entre todas esas flores que del lado izquierdo de la máquina de escribir reposa la servilleta con una letra distinta a la de ella, del lado derecho; la bandeja acompañada de otra escritura que desconoce, mientras en los brazos y piernas aprecia unos trazos suyos, la persona sentada voltea mostrando el papel en su regazo; siendo ahí donde al fin lo entiende todo […] y se detiene solo para concentrarse en la imagen de esta fiesta que rueda como la vida en sí misma.

Imagen de Annie Spratt en Pixabay 

ITZEL PRECIADO (Guadalajara, Jalisco, 1997). Radica por coincidencia en el estado más pequeño del país. Egresada de la carrera en Letras Hispanoamericanas de la Universidad de Colima, amante de la historia, eterna fanática de los lomitos (en especial de los suyos), cronista de hechos inusuales, letrista hibrida y lectora sin prisa. Escritora a tiempo parcial desde la adolescencia y soñadora distraída por naturaleza. Su representación en el papel consiste en escuchar música y narrarse desde otras perspectivas y posibilidades; siempre volviendo a la realidad