y al privar a mis ojos de claridad, la muerte
vuelve pura la luz por ellos mancillada
Racine, Phèdre.
 

Para C.
 
no somos
no fuimos
no seremos
pero te conocí
y el mundo fue hermoso,
falló mi palabra al nombrarte;
te conocí; con eso fue suficiente.
                                               no fuimos
                                               no seremos
                                               no somos
pero un día
que ahora es sagrado
te conocí.                              mi vida se hizo otra. la noche oscura resplandeció en estrellas; porque el amor no es consuelo, es luz; para amarte he de estar lejos de ti, como quien se abandona a la sed, al martirio de una fiebre que le postra, al olvido de su nombre;
                                               para amarte sólo hace falta pensar en tu nombre o en tus ojos,                                                                                                                              lejos; pensar en el aire que inunda mis barcos; pensar en tus manos que sanan, sin querer, mis pasados;
no seremos
no somos
no fuimos
mi amor es cielo sin precipitaciones
                                               ¿cómo estaba? —pregunto.
                                               nublado; con posibilidad de lluvia.
créeme que sólo deseo que existas,
luego entonces,
||existes||
¿qué más puedo yo desear?
 
♦♦♦
  
Hablando con propiedad, el tiempo no existe,
y sin embargo es a eso a lo que estamos sometidos
Simone Weil.
 
larga es la noche que anuncian tus ojos
la quema de mis cuerpos;
cuentan que una noche mis pasos me llevaron a orillas del Éufrates y hallé bajo una piedra tu nombre;
                                               bajo una piedra hallé el regreso a mi miseria, porque el amor es un indicio de nuestra miseria;
cuentan que a orillas del Éufrates lavaste tus manos una mañana de septiembre en que fuiste tiempo pasado;
largo es el nombrar de tu nombre
como quien mide
la arena
con el agua del océano:
mas sólo sé tu nombre pronunciar. 

Imagen de ThePixelman en Pixabay 

EDUARDO GALLARDO CASTILLO (Querétaro, México, 24.01.1992) estudió la Licenciatura en Estudios Literarios en la Universidad Autónoma de Querétaro. Actualmente funge como editor en la casa editorial Revarena y corrector independiente. De igual manera, continúa cultivando su quehacer literario a través de la escritura de poesía y ensayo. Ha publicado en diversas revistas, tanto físicas como virtuales. Parte de su trabajo ha sido publicado en las antologías En la boca del viento (2016) y Mitoxix. Colaboratorio poético (2017).